La hormigonera asesina

Los Nikis
Los Nikis

Buscando en Spotify algo de música para las cerca de tres horas de camino hacia Madrid me he topado con Los Nikis y me he puesto a escuchar los tres discos que aparecen allí. En el coche llevaba puesto un disco de recopilaciones y estaba escuchando la canción «La Fiesta Medieval«, de Los Nikis, cuando he llegado a la estación, así que por eso me ha dado por buscar a los Nikis cuando he subido al tren.

Lo cierto es que además de los dos discos que conocía de Los Nikis (Marines a Pleno Sol y La Hormigonera Asesina) he descubierto en Spotify un tercer disco, llamado Submarines a Pleno Sol y que está fechado en 1987, un año después del Marines a Pleno Sol. Examino la portada mientras escucho las canciones. Es una portada bastante sencilla, en la que aparecen los cuatro componentes del grupo en lo que aparenta ser un decorado bajo el mar. Uno de ellos lleva un polo de Lacoste negro, aunque de tres botones; otro lleva una camisa sport de rayas; el tercero una camiseta y el último una camisa que parece ser de tacto sedoso. Creo que si fuesen vestidos así por la calle hoy pasarían desapercibidos 23 años después (lo de los peinados es otro tema). O a lo mejor sólo me lo parece a mí porque 23 años después sigo poniéndome polos, camisetas americanas y camisas de sport (la seda nunca ha sido lo mío).

El caso es que mirando en su página web, veo que tienen más discos. Leyendo su historia compruebo que, incluso, en 1996 grabaron un disco clandestino en casa de uno de ellos sin prácticamente repercusión comercial. Resulta que el letrista del grupo es ahora piloto comercial de aviación, por lo que sólo puede dedicarse a escribir canciones entre vuelo y vuelo.

Visto que yo me sigo vistiendo igual que Los Nikis vestían hace 23 años y que el grupo sigue, de algún modo, vivo, lo que realmente ha cambiado en estos 23 años de música nacional es sin duda las letras de las canciones. Es harto difícil escuchar una canción actual que no hable de amor o de algo relacionado con el amor. Amores o desamores: esto son el 90% de las letras de la música  que se escucha hoy en día. Para ver la diferencia y entender a lo que me refiero, propongo a quién tenga valor para ello, escuchar un disco cualquiera de Bisbal o Bustamante y luego escuchar La Hormigonera Asesina (Los Nikis), o El Balneario (Un Pingüino en mi ascensor).  Es cierto que los discos de Bisbal y Bustamante están mucho más cuidados sonoramente y que niguno de los dos tiene la voz de pito que tiene el Pingüino o Emilio, el cantante de Los Nikis, pero las canciones de estos últimos al menos dicen algo (además de «Te quiero»).

En fin, que es refrescante escuchar canciones que hablan de otros temas, incluso si son canciones antiguas y además la mitad de ellas están escritas en tono de broma. Aquí os dejo una letra, que tiene bastante gracia, para que veáis a lo que me refiero. A ver quién adivina quién cantaba esta canción:


Ya no me preocupa la postura en que duermo,
Cada noche una aventura y ya no me amuermo
Todo mi tiempo es para la arqueología,
Es mi ilusión, mi sustento, mi única alegría.
Blandiendo mi pequeño azadón,
Soy carne de una superproducción,
Voy a encontrar el arca
O tal vez una sandalia de Amilcar Barca

Por fin
Arqueología en mi jardín
Ah um para yeh, yeh, yeh,
Sé que algún día encontraré,
Lo que busco

Busca por cuidado, mira en ese pedrusco
Es el sitio indicado, hay un sarcófago etrusco,
La palangana de Poncio Pilato
Una lentilla del primo de Viriato

Detrás de cada maceta
Puedes encontrar una teta
De la Venus de Milo,
Hay que actuar con sigilo.

Por fin
Arqueología en mi jardín
Ah um para yeh, yeh, yeh,
Sé que algún día encontraré,
Lo que busco

Sé que no debo traspasar la linea negra
Que separa los límites del huerto de mi suegra,
Pero es que al fondo hay algo que brilla,
Aunque me matará, si me pilla.

Te juro que sólo será un momento,
Estoy cavando, esto es más duro que el cemento,
Vuelo por los aires, vieja borracha,
Sembraste de minas tu campo de remolacha.

Que bien, que bien
Arqueología en el eden,
Ah um para yeh, yeh, yeh,
Sé que algún día encontraré,
Lo que busco.

El Nacionalista Ciego

Nacionalismo
Nacionalismo

Parece que fue el hispanolatino Marco Fabio Quintiliano quién dijo «En la variedad está el placer». La historia es cruel en este sentido, dado que Quintiliano nació en la entonces provincia hispanorromana Tarraconense, que en su momento fue la más grande de las provincias de la Península Ibérica y cuyo séptimo convento jurídico fue el Tarraconensis, con capital en la colonia Tarraco, actual Tarragona.

Resulta cuanto menos curioso que uno de los eruditos nacidos en esta tierra fuese quien hilvanase la frase que viene a ser diametralmente opuesta al sentir de muchos de los que allí viven. Muy lejos del concepto actual de globalización, muchas de estas personas siguen ancladas en unas ideas viejas, tan viejas y pueblerinas, que les ciegan y no pueden ver la realidad.

Pongamos un ejemplo. Hace cien años, si yo era de Málaga, hubiese tenido motivos para estar orgulloso de ser Malagueño por una pequeña serie de motivos, como por ejemplo, las uvas moscatel y las pasas que se producen en esta tierra. No había mucha comunicación con el exterior, con lo que nada me unía a Madrid, ni en definitiva al resto de Europa. Ahora, con el AVE, los vuelos directos a infinidad de capitales, no sólo de España, sino del resto de Europa, cuando salgo al exterior tengo muchos más motivos para sentirme orgulloso. Por ejemplo, cuando esté en Asia, podré estar orgulloso no sólo de las moscateles de Málaga, sino del resto de variedades que se cultivan en La Rioja o, ¿por qué no?, de las que utilizan en Francia para elaborar su magnífico Champagne dado que, a fin de cuentas, me siento igual de Europeo que ellos.

En la variedad está el placer y, desde luego, pertenecer a variedad de estamentos (llámense provincias, comunidades autónomas, estados o uniones de estados) deriva en una vida más placentera. Por ejemplo, el hecho de no necesitar llevar un pasaporte o rellenar una tarjeta de inmigración cuando se viaja por Europa ya es un avance sustancial en si. Claro, que si uno es paleto y además ciego, seguramente no viajará a menudo y estas cuestiones le den por la baja espalda.

Si uno, por ejemplo, es Español, tiene derecho a entrar en los museos del estado mostrando su DNI de manera gratuita o en su caso abonando una cantidad reducida. También puede sentirse orgulloso de las 12 copas de Europa (9 del Madrid y 3 del resto de los equipos 🙂 ) que han conseguido equipos Españoles o bien de la Eurocopa y el Mundial que han conseguido nuestras selecciones. Claro que, si uno es paleto y además ciego, ni irá a museos ni disfrutará con el fútbol.

También ser Español es motivo de orgullo en otros deportes. El número uno del tenis, los tres número uno del motociclismo, e incluso, según se atisba hoy, el número uno de la Fórmula 1, todos son Españoles.

Español es el Talgo (uno de los AVE), que se vende en bastantes países. Tan Español como Repsol, Telefónica, Acciona o Ferrovial. También Iberia, la aerolínea con más conexiones con Latinoamérica del mundo.

Pero al final, es lo que yo digo, si ni se disfruta con el deporte, ni se viaja, ni se sabe nada de economía empresarial, ni en general de nada de nada, se es ciego, cateto y nacionalista.

Prohibiciones

Prohibido
Prohibido

Prometía hablar de las prohibiciones en un post anterior y no lo he olvidado. Por motivos laborales que no vienen a cuento el otro día empecé a darle vueltas a la cantidad de prohibiciones que existen a nivel local, regional, nacional e internacional en todos los niveles de la vida de una persona y cómo afectan estas prohibiciones a nuestra calidad de vida y como cambian, en nuestro caso, en función de dónde vivas. No quiero parecer anárquico, así que empezaré por admitir que cada prohibición que existe tiene un motivo detrás, si bien no comparto la mayoría de estos motivos.

Estando en Damasco hace unos días me llegó una solicitud de amistad de Facebook al iPhone. Fuí a confirmar que en efecto conocía bastante bien a la persona y, oh! sorpresa, la red que estaba utilizando en Siria tiene censurado el acceso a Facebook. Puedo recibir solicitudes de amistad con la aplicación para el iPhone pero no puedo conectarme para confirmar la solicitud. Empecé entonces a darle vueltas a todo lo que está prohibido, tanto allí como aquí, y, como era de esperar, acabé bastante cabreado.

Resulta que está prohibido que las grandes superficies comerciales abran en domingos y festivos, con lo que muchos estamos condenados a hacer las compras entre el viernes por la tarde y el sábado. También está prohibido que las cadenas de televisión emitan la publicidad que ellos quieran. Sólo pueden emitir una serie de minutos por hora. Está prohibido que en mi oficina, que está dentro del inmueble que he comprado y que es mío, pueda fumar, incluso si estoy en mi despacho. También está prohibido fumar en los aeropuertos, ¿verdad? No. Mentira.

Creo que si vives en una población de menos de 50.000 habitantes, entonces no está prohibido que las grandes superficies abran los domingos. Si la televisión se emite por Internet, tampoco hay límite de anuncios. Si mi oficina está en la comunidad de Madrid, si puede haber zonas de fumadores, como por ejemplo en las cafeterías y, aunque en el aeropuerto de Málaga no se puede fumar, en Barajas hay muchos puntos de fumadores. Peor lo tienen en Barcelona, dónde no se puede fumar en el Prat a no ser que vayas a la sala VIP dónde sí hay zona de fumadores, aunque creo que también han habilitado un patio interior a tal efecto.

Está prohibido que los niños viajes en coche sin la preceptiva silla infantil, pero aparentemente si pueden hacerlo en taxi, autobús, tren o avión. También está prohibido viajar en coche sin el cinturón de seguridad, pero no hay problema en hacerlo en autobús de linea, metro o AVE. Debe ser que la muerte en estos transportes si es políticamente correcta. Está prohibido el proxenetismo pero no están prohibidos los, digamos, hoteles de prostitutas. De igual modo, está prohibido el tráfico de drogas pero no su consumo. Prohibido ir a 160 en un coche moderno pero permitido ir a 120 en una tartana sin medidas de seguridad alguna. Si no pasas por caja, no puedes poner la radio en tu barbería, pero sí en tu cuarto de baño. Si te compras un CD para ponerlo en tu boda te has columpiado: está prohibido. Si lo pones en tu coche no. Una muy curiosa: España es el país con más litoral de Europa, sin embargo, está prohibido amerizar con un hidroavión en el agua. Curiosamente, los hidroaviones en sí tampoco están prohibidos, aunque, como es de esperar, no se venden muchos en España.

Los cocineros tienen prohibido usar tablas de corte y utensilios de madera en los restaurantes. En sus casas no. Una vez en Londres me dolía bastante la cabeza y entré en una farmacia. Pedí un Ibuprofeno de 600 y me dijeron que estaba prohibido dispensarlo sin receta. Pregunté qué me podían dar entonces para el dolor de cabeza y me dieron Ibuprofeno de 400. Como es lógico, me tomé pastilla y media. Un compañero Pakistaní en la universidad en Estados Unidos tenía prohibido tomar alcohol por su religión. Camino de una fiesta paró en una farmacia y compró dos botes de Ni-Quil, que es un jarabe anticatarral con una buena cantidad de alcohol. Le pregunté si se sentía mal y me dijo que no, pero que su religión si le permitía tomar alcohol si era parte de una medicina o un tratamiento. Se agarró un buen cermeño a base de jarabe para la congestión. Está prohibido entrar en las mezquitas en bermudas, pero si estas cubren las rodillas, entonces no. ¿Qué carajo tienen de sexy mis rodillas para tener que cubrirlas?

En Los Ángeles, hace ya unos meses, descubrí que estaba prohibido fumar en la calle. Curiosamente, se podía comprar marihuana en ciertas tiendas de naturopatía. Si vas en coche y fumas está prohibido llevar las ventanas abiertas. ¿Dónde creen estos inútiles que acaba el aire que hay dentro del coche? En muchos sitios está prohibido usar el claxon de madrugada. Sin embargo y algunos que vivís cerca lo sabéis, los bomberos pueden usar la megafonía de su estación a cualquier hora para cualquier cosa, como por ejemplo gritar a las doce de la noche «Tos pa dentro que la cena ya esta!!».

Una última recopilación de anécdotas: En Buenos Aires (y en Argentina en general) está prohibido el juego en su territorio. Sin embargo, hay un casino «atracado» en el puerto. Está flotando, así que no cuenta. En Marruecos está prohibido también el juego, pero si los premios no son en metálico y se los compras al estado entonces no. Los Budistas permiten a sus mujeres entrar en los templos. Si tienen la regla lo tienen prohibido. En la gran mezquita de Damasco las mujeres tienen prohibido acceder al area de los hombres. Si van acompañados de un hombre no. Pero, desde luego, la que me parece que se lleva la palma es una Española: Las mujeres menores de edad tienen prohibido votar. Sin embargo, si pueden abortar sin conocimiento de sus padres.

Actualización 2/Oct: Acabo de leer una noticia que viene al caso y es curiosa: http://www.larazon.es/noticia/8029-en-paris-ya-es-legal-que-las-mujeres-lleven-pantalones

Estado de Miedo (I)

El principal peligro de pasar muchas horas volando es el tiempo que uno tiene para leer y para pensar. Es justo admitir que unos virajes inesperados, una súbita reducción de potencia durante el ascenso, algún crujido de un tren de aterrizaje poco lubricado o incluso un pasajero que nos parece sospechoso agarrando una bolsa de plástico como si le fuese la vida en ello a veces nos ponen un poco nerviosos, pero al final son circunstancias poco peligrosas. Sin embargo, cuando uno tiene tiempo de leer con la tranquilidad propia de quién sabe que no puede ir a ningún lado durante unas horas, la mente se relaja y se empiezan a enlazar ideas con una facilidad pasmosa. Llevaba tiempo queriendo escribir algo sobre el Estado de Miedo permanente en el que vivimos y finalmente he tenido la oportunidad de enlazar unas cuantas ideas volviendo de Oriente Próximo que me permitan expresar lo que pienso al respecto.

Para los que hayan leído «Estado de Miedo» de Michael Crichton, este post no es más que una continuación de sus ideas finales. Para los que no lo hayan leído, lo mejor que pueden hacer es salir corriendo a comprarlo de inmediato (también sirve una visita rápida a Amazon para encargarlo). Dice Crichton en sus conclusiones del epílogo que vivimos en un permanente «Estado de Miedo» producido por una clase política y burocrática mediocre que centra el foco de atención social en un problema aparentemente apocalíptico para ocultar su propia ineptitud. Pero esto no es una novedad, sino que viene haciéndolo desde hace mucho tiempo. En mi caso puedo constatar como en cada etapa de mi vida ha existido un Miedo Social instaurado y los que sean de mi generación podrán identificarlos rápidamente.

Cuando estudiaba la E.G.B., a finales de la guerra fría, el miedo instaurado era la posibilidad de una Guerra Nuclear. Día si, día también, aparecían personajes en el telediario que estaban construyendo sus refugios nucleares seguros del desastroso final de la sociedad tal y como la conocíamos. Almacenaban agua, víveres, linternas, baterías, gasolina y todo tipo de cosas que se antojaban necesarias para permanecer encerrados en un zulo de hormigón armado durante meses o incluso años. Ahora me pregunto cómo hubiesen sobrevivido sin Internet, sin poder narrar en Twitter su día a día, sin saludar a los amigos en Facebook y sin recibir miles de spams en el correo electrónico. Obvia decir que los bunkers no tenían Wi-Fi porque Wi-Fi ni siquiera era una palabra entonces. El principio del derrumbe del lado «oscuro» acabó en buena medida con la teoría apocalíptica.

Unos años después, conforme se reducía la tensión entre ambos bloques, el problema se trasladó al petróleo. Alguna mente preclara decidió que el petróleo se iba a acabar más o menos en el año 2.000 y que, una vez más, se iba a producir el fin de la sociedad como se conocía entonces, o sea, con pantalones de campana, música disco, pelos a lo afro y con mucha heroína. De esa época datan muchos carriles bici en las ciudades dado que se preveía que los coches no podrían circular por falta de gasolina. Bueno, creo que los Emiratos Árabes Unidos, Venezuela, Canadá y otra serie de países han demostrado que hay petroleo de sobra sin que, afortunadamente, se hayan mantenido los usos y costumbres de los ochenta.

Después llegó el agujero de la capa de Ozono. ¡Pasen al horno que nos vamos a tostar todos juntitos! ¿Cuántos telediarios vimos aquellos días abriendo con la noticia estrella? ¿Cuántas fotos de satélite (que en aquella época eran una novedad) ¿Cuántos gráficos y opiniones de los expertos, documentales y predicciones? Bien, tras cambiar el gas impulsor de todos los aerosoles del mundo, tras cambiar el gas de todos los compresores de coches, aires acondicionados, neveras, etc. nos dimos también cuenta de que el agujero de la Capa de Ozono no era algo nuevo, producido por el hombre, sino que por el contrario había indicios de que databa, al menos, de la época de Jesucristo y que, para colmo, no se creó por acción del ser humano sino de la propia naturaleza. Cuando uno se para a pensarlo, sólo un ser humano puede ser tan pretencioso como para pensar que cada vez que se lubrica con un poco de Axe está inexorablemente acabando con la sociedad tal y como se conocía entonces, o sea, con peinado a lo Steven Seagal y coleta, pantalones ajustados, gafas de aviador (que parece que han vuelto) y demás.

Mientras si, mientras no, llegó el año 2000 y el terrible efecto 2000! Aviones que iban a dejar de funcionar en pleno vuelo, ordenadores que perderían todas las finanzas de todos los organismos de la tierra, relojes que dejarían de contar, sistemas telefónicos que se apagarían sin más, y un sin fin de predicciones enfocadas, como no, al fin de la civilización como la conocíamos entonces.

Ya con uno de mis hijos en el mundo me ha tocado vivir también la panochada del calentamiento global, el palo de hockey invertido y los gases de efecto invernadero. Uno se preguntaría facilmente si detrás de toda esta histeria colectiva no hay un fabricante de gases porque de un modo u otro, siempre hay un gas de por medio, pero claro, se expondría a ser adecuadamente catalogado como paranóico. No malgastaré palabras para rebatir todas las estupideces al respecto del calentamiento global pero si dejaré claro que la historia reciente nos ha demostrado que nuestro planeta, lejos de calentarse, parece que se está enfriando. Pero como las mentes preclaras necesitaban vaticinar, una vez más, el fin de la sociedad tal y como la conocíamos entonces, no fue suficiente con demostrar que la teoría era incorrecta. No se preocupen que ya llegamos. Estamos en el presente: Bienvenidos al Cambio Climático!

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Krak de los Caballeros

El otro día escribía en el blog acerca de mi visita a Palmira y lo impresionante que me parecía la ciudad que habían construido, o mejor dicho, perfeccionado, los Romanos. Sobre el Krak de los Caballeros sólo puedo usar el mismo adjetivo: Impresionante.

Es obvio que mientras las construcciones Romanas eran cuidadosas no sólo en lo funcional sino también en lo estético, las construcciones medievales son más bien toscas en cuanto a los detalles. Pero supongo que no se trata de ver quien la tiene más grande… o quizás si! Desde luego, el Krak de los Caballeros es colosalmente grande para ser un castillo medieval. Es cierto que desde su origen Árabe se han ido añadiendo continuamente más y más estancias conforme ha ido cambiando de manos, pero ni siquiera eso justifica su descomunal tamaño.

Vista lejana del Krak de los Caballeros
Vista lejana del Krak de los Caballeros

Dicen los historiadores que el castillo tenía en la época en que lo regían los Caballeros de Malta capacidad para albergar un regimiento de más de 2.000 soldados para protegerlo y que, completamente habitado con sus 2.000 soldados y el personal civil, el castillo podría haber permanecido cinco años cerrado viviendo de sus propias reservas de víveres. Desde luego, viendo el tamaño de las cocinas, los cinco aljibes de agua (uno de 78 metros de largo) que se abastecían de pequeños acueductos que conducían y filtraban el agua de lluvia, los innumerables establos (yo he perdido la cuenta en el cuarto o quinto de más de 40 metros de largo) y la multitud de dependencias de todo tipo que tiene el castillo, tanto en su muralla exterior como en el recinto central, no me extrañaría que así fuese.

Vista de uno de los edificios del recinto interior
Vista de uno de los edificios del recinto interior

El gran Saladino, ídolo Árabe local, lo tuvo sitiado durante más de 5 meses y finalmente desistió. No era Saladino hombre de fácil rendición y sin embargo no pudo doblegar a los Caballeros de Malta en su defensa. De hecho, distintas guías hablan de distintos caballeros. Yo cito a la Orden de Malta porque me parece un nombre más elegante que los Caballeros del Hospital de San Juan de Jerusalem, que citan otras fuentes y que se me antojan por su nombre más enfermeros que valientes caballeros.

Fueran quienes fuesen, lo cierto es que la visita es espléndida. Sin lugar a dudas es la fortaleza medieval más grande que he visto nunca, y he visto unas pocas. ¡Por aquí nos cuentan que es la más grande del mundo! Pero no sólo su tamaño importa. Para cualquiera que haya visto otros castillos resulta evidente a primera vista que en este se utilizó en cada momento de su historia la última tecnología existente. De este modo, he visto servicios (letrinas) individuales anexos al comedor agrupadas de tres en tres. ¿Serían para hombres y mujeres? La verdad, no lo se.

Vista interior de una esquina de la muralla
Vista interior de una esquina de la muralla

También he visto el horno más grande que uno pueda imaginarse. Se cabe fácilmente dentro. En las murallas y por todo el recinto militar discurre un sospechoso mini-acueducto que tiene toda la pinta de que sirviese para circular aceite caliente por todos los puntos de defensa de manera que cualquiera pudiese impregnar una flecha y prenderle fuego o bien utilizarlo para evitar el asalto de la muralla contra los escaladores.

También, de la época Otomana, se pueden apreciar ventanas de madera con doble acristalamiento y una cámara de aire interior entre ambos cristales. ¿Acaso se trata del primer Climalit de la historia?

En fin, una pena que no contásemos con un guía cualificado para poder explicarnos el castillo en detalle porque sin duda se nos habrán pasado multitud de detalles.

Hoy nuestro conductor nos ha dicho, contrario a lo que nos dijo el otro, que la población de Siria es 60% Musulmana, 30% Cristiana y 10% del resto de religiones. Hoy por lo pronto casi todo lo que hemos visto era de origen Cristiano, lo cual ha sido bastante curioso. Por cierto que hoy he aprendido que Dios no sólo abrió el mar sino también unas montañas para permitir otra huida. Me guardo la anécdota para un post dedicado a Religión.

Palmira

Ninguna novela histórica, al menos de las que yo he leído, ha podido nunca poner en marcha mi imaginación del mismo modo en que se pone cuando paseo por sitios cargados de historia. Hasta el día de hoy, el récord absoluto de excitación de mi imaginación lo ostentaba Roma. Es imposible no imaginarse vestido al estilo romano durante el esplendor del imperio paseando entre el foro y el teatro en el atardecer de la capital del imperio.

Sin embargo, el emplazamiento de Roma de algún modo justifica su grandeza. Muy cerca del mar Mediterráneo y bañada generosamente por el Tíber, su ubicación propició en gran medida que pudiese crecer de manera sostenible, como dirían ahora los políticos repipis.

Hoy mi imaginación ha volado también en dirección a la península de la bota, pero no por Roma, sino por los Romanos. Palmira se encuentra a unos 230 kilómetros de Damasco. 230 kilómetros de tierra árida y montañas imponentes. Hoy son tres horas de viaje en un vehículo con aire acondicionado y desde luego que merece la pena. Después de la propia Roma, son los restos del Imperio Romano más impresionantes que yo haya visto. Pero su majestuosidad no es lo que me ha cautivado, que también, sino imaginarme cómo las Legiones Romanas se anduvieron ese desierto y levantaron lo que debió ser una ciudad majestuosa en medio de un desierto. Cierto es que Palmira dispone de un oasis natural y que estaba en el paso de las caravanas de comerciantes de oriente, primero hacia Persia (está a unos 120 Km del actual Bagdad) y luego hacia Europa, pero esto no debe llevarnos a engaño. Palmira está en medio del desierto de Siria y esto es precisamente lo que hace de este enclave un lugar que despierta la imaginación.

Vista de Palmira
Vista parcial de las ruinas de Palmira

No se trata de un poblado humilde que acogía a los comerciantes. Muy al contrario, fue una ciudad majestuosamente construida, con una ingeniería sólo comparable en aquella época a la mismísima Roma. Sistema de alcantarillado de aguas fecales, servicios públicos cada cien metros, baños termales a tres temperaturas, construcciones en piedra, mármol, granito y terminaciones en maderas nobles. Por supuesto una zona residencial, una comercial y otra gubernamental en cuyo centro no podía faltar el teatro romano mejor conservado del mundo gracias entre otras cosas a que permaneció enterrado en la arena hasta principios del siglo veinte cuando lo descubrieron los franceses. Me ha llamado intensamente la atención el ingenioso sistema de tuberías consistente en cubos de roca hueca con la forma de un tubo machihembrados entre si para llevar agua a cualquier parte de la ciudad disimuladamente.

Detalle de las tuberías de piedra
Detalle de las tuberías de piedra

Pero, una vez más en Siria, me sorprende que las distintas culturas que han ido pasando por Palmira no han destruido todos los vestigios de las culturas anteriores. De este modo, el Templo de la ciudad conserva los vestigios paganos de sus primeros dioses y la abundancia de huevos en sus tallados en rocas, símbolo de fertilidad en la Palmira primitiva, las uvas y ornamentaciones propias del Imperio Romano, la cruz y los frescos de cuando fue convertido en Iglesia y, por último, la simbología Islámica que comparte altar con la cruz y nicho con el Dios de Dioses pagano que apunta a La Meca.

Sus habitantes durante su esplendor y tras la conquista Romana debieron ser sin duda mucho más inteligentes que nuestra clase política actual. Lejos de rotular exclusivamente en su lengua (originalmente el Arameo) introdujeron inscripciones en Griego, que venía a ser lo que hoy es el inglés a nuestro mundo actual. De este modo, las caravanas que paraban en el Oasis tenían facilidad no sólo para desenvolverse en la ciudad, sino también para realizar sus negocios. No por casualidad, sus tablas de impuestos al comercio, que se conservan por algún motivo en un museo de San Petersburgo, estaban también grabadas en distintas lenguas.

En definitiva Palmira es en muchos aspectos un lugar mucho más inteligentemente desarrollado que la mayoría de las grandes urbes de nuestro país. Una ciudad que facilitaba el comercio, daba la bienvenida a las distintas culturas, contaba con los últimos avances tecnológicos, estaba abastecida continuamente de alimentos y agua y, sobre todo, lo que más me ha llamado la atención, está en medio de un desierto.

Vista del Templo de Palmira
Vista del Templo de Palmira

Entre dos Culturas

No me cabe duda que históricamente este artículo debería llamarse «Entre tres Culturas» pero desgraciadamente puedo dar fe de que el título refleja la cruda realidad. Mis primeras veinticuatro horas en Damasco crean en mí sentimientos encontrados. Por un lado puedo confirmar que efectivamente se trata de un lugar históricamente privilegiado. No por casualidad es sencillo encontrar vestigios Romanos, Bizantinos y de distintas dinastías árabes por toda la ciudad. Si bien desgraciadamente no todos estos restos están en buen estado de conservación, es justo indicar que, al menos, aparentemente, tratan de preservarlos lo mejor que pueden.

Por otro lado, leía antes de mi viaje que el gobierno Sirio había prohibido a las profesoras de colegio vestir el Burka mientras estuviesen en su lugar de trabajo, lo que para mi significaba una apertura hacia occidente en un esfuerzo por «modernizar» la sociedad pues nadie puede negarme que cubrir a una mujer de pies a cabeza y de manera integral no es, además de un crimen estético, un ejercicio de rancio machismo.

Esta iniciativa junto con la definición propia del país extraida de su constitución («República Democrática, Popular y Socialista, basada, entre otros, en los principios de igualdad ante la ley, libertad religiosa y propiedad privada») me dieron antes de partir hacia Damasco una idea del país que me iba a encontrar. Imaginé un país mayoritariamente musulmán pero en que otras culturas y religiones eran bienvenidas y respetadas.

La primera en la frente. Ya estábamos advertidos de que no se puede entrar en Siria si se ha estado en Israel. Para mi esto no era un problema. Sin embargo, al llegar al punto fronterizo en el aeropuerto descubrí rápidamente que no haber estado en Israel no es suficiente. Además de preguntarme, examinaron con lupa -y no hablo en sentido figurativo- todos y cada uno de los sellos de mi pasaporte. Baste decir que tengo 31 de las 32 páginas del pasaporte ocupadas con distintos sellos de todos los países que he visitado en los últimos años. Esto se tradujo en una inspección de cerca de 10 minutos de mi pasaporte, lo que no concibo sino como una enfermedad de los políticos que han creado esta norma.

La segunda cosa que ha llamado mi atención es que en una calle del zoco hay una plancha metálica de dimensiones descomunales atornillada en el suelo con la bandera de Israel. El objetivo no es otro más que asegurar que todo el mundo que pasea por el mercado «pisa» la bandera de la nación judía.

Ni siquiera en Indonesia, el país con mayor población musulmana del mundo, he visto algo similar. A mi me parece razonable (no diré que me parece bien) que determinada nación no se lleve bien con otra nación por los motivos que sea, pero me parece tremendo que se inculque este odio al ciudadano de a pié. Y esto, aunque la política me advertía de lo contrario, no es algo que me esperaba. Después de todo, en la ciudad de Damasco conviven junto con el 90% de musulmanes un 10% de cristianos que tienen sus iglesias y profesan culto en libertad, por lo que obviamente no se trata de un problema religioso sino más bien social. Por lo tanto, un error de bulto, pues juzgar a toda una sociedad sólo por ser ciudadanía de un país concreto es algo que tiene bastante poco sentido.

La tercera cosa que me ha llamado la atención es algo que no sabía y es que los musulmanes (al menos los de aquí) de aquí si creen en Jesucristo pero piensan que no fue crucificado sino que subió a reunirse con Dios y volverá al final de los tiempos. ¿Cómo se digiere esto siendo Jesucristo Judío sin antes admitir que son tres las culturas que aquí conviven? Difícil.

La Gran Mezquita vista desde fuera
La Gran Mezquita vista desde fuera