Portada Revista Time

El engaño del siglo XX

La civilización occidental sufre una epidemia sin precedentes de enfermedades cardiovasculares y de diabetes tipo 2 que hace unos cien años eran dolencias prácticamente desconocidas en nuestra sociedad por ser poco habituales. Desafortunadamente, como en muchos otros aspectos de nuestra vida, estas epidemias son producto de la inagotable capacidad de la mayoría de los políticos para estropear todo lo que tocan. En efecto, la recomendación inicial de reducir el consumo de grasas -ese principio que muchos médicos abrazan como la solución a la mayoría de los problemas de salud- no proviene de un estudio científico ni está basada en ciencia reconocida alguna. Al contrario, como descubriremos en este artículo, es la recomendación de un comité político formado por varios senadores norteamericanos y que, más tarde, con la misma poca base científica, dio lugar a la pirámide nutricional que tristemente todos conocemos.

A principios del siglo XX, los médicos no estaban familiarizados con las enfermedades cardiovasculares. En las universidades, poco o nada se enseñaba sobre ellas. Esto no debe extrañar a nadie dado que en aquella época, las muertes por enfermedades cardiovasculares eran meramente anecdóticas. No es hasta 1920 que empieza a verse un aumento de estas enfermedades;  a partir de 1950 se consideran de manera oficial en los Estados Unidos como una epidemia. Lo cierto es que las cifras de muertes por enfermedades cardiovasculares están ligeramente alteradas por dos factores. En primer lugar, hasta la década de 1920 no se inventó el electrocardiograma, por lo que es posible que algunas muertes antes de esa fecha también se debieran a problemas cardiovasculares previos y, en segundo lugar, con la llegada de la penicilina, muchos casos que hubiesen supuesto muerte por infección fueron resueltos resultando en una expectativa mayor de vida y, por lo tanto, resultando a largo plazo en un incremento de las muertes por problemas cardiovasculares. Aun así, ninguno de estos dos factores altera las cifras de manera tan considerable como para no admitir que los casos de enfermedades cardiovasculares vienen creciendo incesantemente desde la segunda mitad del siglo pasado en todo el mundo occidental. Esto es fácilmente comprobable al comparar muertes por enfermedades cardiovasculares en pacientes entre 40 y 50 años y comprobar que, desde 1950 en adelante, los casos no han hecho más que multiplicarse.

Gráfico Estudio Observacional Ancel Keys
FIg. 1 Gráfico Estudio Ancel Keys

En 1.969, el querido y admirado expresidente norteamericano Dwight D. Eisenhower murió de un infarto masivo y, en ese momento, la casta política norteamericana cambió su percepción de las enfermedades cardiovasculares y las consideró epidemia de primer nivel. Unos años antes, en 1953, un bioquímico norteamericano llamado Ancel Keys publicó un estudio observacional basado en datos de seis países, en el que asociaba el consumo de grasas con los ataques al corazón. Estos seis países eran Japón, Italia, Reino Unido, Canadá, Australia y Estados Unidos, y el gráfico que asociaba el mayor consumo de grasas con el incremento de casos de ataques al corazón es el de la arriba a la izquierda.

Gráfico usando los 22 países + 6

El gráfico sobre estas líneas es del mismo estudio, pero incluyendo los 22 países de los que Ancel Keys tenía datos y, en rojo, para sorpresa mayúscula de muchos lectores supongo, las cinco sociedades que más porcentaje de grasa consumen en su dieta con incidencias mínimas o inexistentes de enfermedades cardiovasculares.

De hecho, si escogemos manualmente seis países del grupo de 22, del mismo modo que hizo Ancel Keys, podríamos obtener los resultados contrarios de este modo:

Seis paises seleccionados
6 paises seleccionados a dedo – A más grasa, menos muertes por infarto

O de este otro modo:

Otros seis paises distintos
Otros seis paises distintos

En estos gráficos se observa claramente que, a mayor consumo de grasa, menores casos de muertes por enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, esta es la misma clase de pseudociencia basada en estudios observacionales con datos sesgados que practicaba Ancel Keys, y no voy a usarla ni siquiera para defender lo contrario a lo que el propuso, pese a que como puede verse, está también al alcance de cualquiera que use Excel en su ordenador. El análisis de los datos no sólo fue aberrante porque eliminó los datos de los países que no le servían para validar su teoría, sino que incluso de los datos de los seis países con los que trabajó, eliminó otra serie de datos que hubiesen servido para postular otras teorías alternativas a la suya. Por ejemplo, el mismo gráfico de Keys con sus seis países es válido si tomamos en cuenta, en lugar del consumo de grasas, el consumo de azúcar. Del mismo modo que Keys hizo una asociación entre el consumo de grasa y las muertes por enfermedades cardiovasculares, pudo haberla hecho entre las muertes y el consumo de azúcar, porque disponía de los datos y eran igual de vistosos en un gráfico. Sin embargo, no servían para apoyar su teoría y por ello los despreció.

Esta pseudociencia es la que encumbró a Ancel Keys como el padre de la hipótesis de los lípidos, que son los dos principios que desgraciadamente todavía son aceptados hoy y que escuchamos a los médicos repetirnos como loros con la ayuda de los anuncios de productos alimenticios que torticeramente prometen salvarnos y alargar nuestras vidas:

  1. Las grasas saturadas elevan el colesterol
  2. El colesterol elevado obstruye las arterias

Estas afirmaciones, como veremos a continuación, son tan falsas como el estudio del que provienen inicialmente.

Unas décadas antes de que Ancel Keys publicase su estudio, otro científico llamado Winston A. Price se dedicó a recorrer el mundo analizando las costumbres nutricionales y los efectos en la salud de estas costumbres de cantidad de sociedades alrededor del mundo, y la conclusión a la que llegó fue bien distinta a la de Keys también. Price descubrió que las sociedades que evaluaba no sufrían de incidencias de diabetes o enfermedades coronarias hasta que introducían en su dieta el azúcar y las harinas refinadas. Pero lo que más echa por tierra las absurdas conclusiones de Ancel Keys son los datos acerca del consumo de grasas en países como Estados Unidos. En efecto, desde 1940 hasta la actualidad, el consumo de grasa animal en los Estados Unidos no ha hecho más que bajar de manera espectacular, tocando su mínimo en 1996 mientras que las enfermedades coronarias no han hecho más que aumentar, tocando su máximo en la década de los 90 también. Sospechoso, ¿no?

Portada de Time Magazine
Portada de Time Magazine

Pero lo cierto es que nada de esto fue tenido en cuenta cuando Ancel Keys acabó en la portada de Time Magazine y en el consejo de la Asociación Americana del Corazón, que fue la pionera en recomendar erróneamente la reducción del consumo de grasas. Lo peor del tema es que a la par que la teoría de Keys era abrazada por todos, se llevaron a cabo una serie de estudios, esta vez clínicos y no observacionales, para comprobarla. Uno de esos estudios, de finales de los 50, es el estudio dietario Prudent, consistente en dos grupos aleatorios uniformes, uno de ellos con una dieta baja en grasas basada en aceites vegetales y otro grupo con una dieta normal, basada en grasas animales. El resultado es que el grupo que siguió la dieta baja en grasas redujo su colesterol en 30 puntos de promedio, sin embargo, no redujo sus incidencias cardiovasculares. En 1965, el estudio clínico Lancet en Gran Bretaña mantuvo a un grupo con una dieta baja en grasas animales que permitía como máximo 1 huevo, 85 gramos de carne y 50 ml de leche al día mientras que mantuvo un segundo grupo con su dieta habitual. En este caso, también redujo el colesterol del grupo en 30 puntos de promedio, pero tampoco hubo cambio alguno en la incidencia de enfermedades cardiovasculares.

En 1965, también en Gran Bretaña, se publicó un estudio más ambicioso. Tres grupos compuestos por hombres que ya habían sufrido un infarto con el objetivo de analizar la incidencia de la grasa en los casos de segundos infartos. El primer grupo usó como base nutricional lípida el aceite de maíz, una grasa polinsaturada. El segundo grupo usó el aceite de oliva, una grasa monoinsaturada y el tercer grupo utilizó grasa saturada animal. El resultado fue que al final del estudio, el 52% de las personas con dieta basada en grasas poliinsaturadas (aceite de maíz) seguía viva. El 57% del grupo que basaba su dieta en las grasas monoinsaturadas (aceite de oliva) seguía vivo. Sorprendentemente para algunos, el 75% del grupo de las grasas saturadas animales consiguió sobrevivir.

En 1969 se publicó el estudio Coronario de Minnesota en el que se demostró que el grupo que siguió una dieta baja en grasas con muy pocas grasas saturadas y rica en verduras sufrió más ataques al corazón que el grupo alimentado de manera tradicional.

Pero la madre de todos los estudios, con un presupuesto de 115 millones de dólares, una participación de 12.000 sujetos masculinos y realizado por el Instituto de Salud Nacional de los Estados Unidos, publicado en 1970, arrojó datos aún más sorprendentes. El estudio se basó en un grupo que mantuvo sus costumbres normales y otro grupo que adoptó una dieta baja en grasas, evitando las carnes rojas, restringiendo el consumo de colesterol y recibiendo ayuda para dejar de fumar. El primer resultado que se obtuvo, que sentó la base de otra campaña, fue que las personas que dejaron de fumar sufrieron menos ataques al corazón que aquellos que no lo dejaron, independientemente del grupo en que se encontrasen. Sin embargo, al comparar ambos grupos, fumadores con fumadores y no fumadores con no fumadores, el grupo sometido a la dieta baja en grasas, con la restricción de carnes rojas y colesterol, sufrió más ataques al corazón que el grupo que mantuvo su dieta normal.

Podríamos seguir mencionando estudio tras estudio todos aquellos que no encajaban en la teoría de Ancel Keys, pero creo que es suficientemente ilustrativo mencionar que existían pruebas irrefutables por todos lados de que la teoría no era correcta.

Sen. George McGovern
Sen. George McGovern

Entonces, ¿como es posible que una idea tan disparatada, no corroborada con un solo estudio clínico (recordemos que Ancel Keys se basó en estudios observacionales, no en estudios clínicos), haya llegado con tanta fuerza hasta nuestros días? La respuesta está en los políticos. En la década de 1970 se creó un comité del senado de los Estados Unidos, capitaneado por el senador George McGovern. Su misión era investigar la malnutrición. No resulta sorprendente que un comité de políticos decidiese aumentar sus propios poderes iniciales y, además de investigar, se dotase del poder de crear y promocionar los planes nutricionales de todo un país.

De este modo, el comité creó el Informe McGovern que promovía:

  1. Reducir el consumo de grasas
  2. Cambiar la ingesta de grasas saturadas a grasas vegetales
  3. Reducir el colesterol al equivalente a un huevo al día como máximo
  4. Comer más carbohidratos, especialmente los provenientes de granos

Como todos sabemos, este informe sirvió como base para crear la Pirámide Alimenticia de la USDA, que es la base de la nutrición moderna. Esto, que suena muy técnico y muy moderno, es una aberración en sí porque la pirámide tiene una amplísima base de granos y cereales y, para quien no lo sepa, USDA significa Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (United States Department of Agriculture), y su misión, como cualquiera puede sospechar, es el fomento de la venta y consumo de los productos de la agricultura norteamericanos, tradicionalmente los granos y los cereales. ¿Le sorprende? Pues espere, aún hay más.

También sería lógico pensar que si el informe McGovern incluía estas pautas nutricionales, este informe estaría respaldado por una serie de científicos que habrían testificado a favor en el comité . Sin embargo, el famoso John Yudkin testificó que el verdadero causante de la epidemia de diabetes y enfermedades cardiovasculares era el azúcar. Peter Cleave testificó que el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes eran enfermedades de la era moderna y era absurdo culpar a los alimentos milenarios de los males de la civilización actual. Cleave dijo que si había que mirar la nutrición como fuente del problema, habría que mirar los alimentos modernos como el azúcar y las harinas refinadas. La Asociación Médica Americana (AMA) dijo que la evidencia que proponía el informe no era concluyente y por lo tanto era probable que hubiese potencial para producir efectos negativos en la salud de las personas si se producía un cambio radical a largo plazo en el plan nutricional de la sociedad. Vamos, lo que ha venido a ocurrir. Por último, el director de la Academia Nacional de Científicos en Estados Unidos (NAS), Phillip Handler, testificó ante el comité: “¿Qué derecho tiene el gobierno federal para proponer que la sociedad norteamericana realice un vasto experimento nutricional con sus miembros como sujetos con la base de tan poca evidencia científica?”. Poco sabía el pobre Handler que, en realidad, el experimento se iba a contagiar cual plaga a casi todo el mundo civilizado de la mano de las compañías de alimentos Norteamericanas.

Pero McGovern era un fiel seguidor de la teoría de los lípidos, principalmente porque era lo que su propio médico le había recomendado y no porque la hubiese investigado el mismo, y, en un video que quedará para los anales de la historia, le contestó a Phillip Handler y al resto de científicos que pidieron más tiempo para investigar y obtener resultados consistentes antes de dar las nuevas pautas nutricionales a la sociedad norteamericana que “los senadores no tenemos el lujo del que disponen los investigadores que es esperar el tiempo suficiente hasta que lleguen las pruebas concluyentes que confirmen una teoría”. La típica estupidez de un político imponía su criterio por encima de las pruebas realizadas por los científicos. De modo que los efectos perniciosos de la grasa saturada se convirtieron en política nutricional porque los senadores no tenían tiempo para esperar que llegara la evidencia científica. Esto que parece una decisión banal tuvo unos efectos mucho peores de lo esperado, y no me refiero sólo a los efectos para la salud, sino a efectos científicos.

Logotipo de la AMA
Logotipo de la AMA

Al convertirse la Hipótesis de los Lípidos en política de estado,  tanto el gobierno Norteamericano como la Asociación Americana del Corazón soportaban abiertamente esta teoría, y resulta que entre ambos organismos disponían del 90% de los fondos dedicados a la investigación cardiovascular. No es difícil predecir la dirección que, desde ese momento, iban a tomar todos los estudios que pretendiesen obtener financiación: todos y cada uno de ellos se encaminó a demostrar que la hipótesis de los lípidos era certera.

El científico norteamericano George Mann escribió en el New England Journal of Medicine en 1977 que la hipótesis de los lípidos era el mayor timo científico del siglo y que, disentir de la hipótesis significaba perder los fondos para la investigación. El investigador Gary Taubes escribió mas tarde “Los nutricionistas sabían que si sus estudios fallaban en apoyar la postura gubernamental en la hipótesis de los lípidos, los fondos irían a parar a estudios que si la soportaran”. El Doctor Peter McColley, investigador de Harvard, escribió un artículo titulado “Algo distinto al colesterol tiene que estar causando esta epidemia cardiovascular”. En ese artículo, venía a decir que Harvard, que apoyaba la teoría del gobierno y el propio gobierno, que financiaba los estudios de Harvard, estaban equivocados. Para agradecerle su integridad científica en la búsqueda de la verdad, la universidad de Harvard le quitó sus becas para investigación y le forzó a dimitir de su puesto. Y pese a tener un historial científico inmejorable, le costó más de dos años encontrar otro trabajo de investigación porque, como más tarde descubrió, Harvard le había incluido en una lista negra de científicos no maleables. Esto es lo que le ocurre a los científicos que no bailan al son de los políticos.

Portada Revista Time
Portada Revista Time

Por aquel entonces, la hipótesis de los lípidos ya se daba como buena y la revista time le dedicaba la portada con un artículo titulado “Se prueba que el colesterol es mortífero y nuestra dieta ya nunca será igual”. La prensa pasó de hipótesis a realidad una teoría con una simple portada en una revista. Pero la evidencia científica en que se basaba la revista Time para afirmar que se había comprobado la relación causa-efecto entre el colesterol y las enfermedades cardiovasculares era que en 1984 se había lanzado una droga al mercado que rebajaba el colesterol a los pacientes con colesterol alto genético y se había reducido ligeramente la incidencia de muertes por ataques al corazón en estos pacientes. Al analizar el estudio científico que soportaba esta nueva prueba, podemos comprobar los siguientes datos: El estudio, basado en dos grupos, uno al que se le administraba Cholestyramine y otro al que se le administraba placebo, tuvo un alcance de 3.000 sujetos durante 10 años. En el grupo del medicamento, ocurrieron 30 muertes por ataques al corazón y un total de 68 muertes. En el grupo del placebo, 38 muertes por ataque al corazón y 71 muertes en total. Usando un poco de matemáticas básicas se puede comprobar que la diferencia global en muertes por ataques al corazón es del 0,49%, ¡menos del 1%! entre los que tomaban el medicamento y los que no lo tomaban. Una diferencia despreciable sin duda. Sin embargo, en el artículo de la revista Time se podía leer que el Dr. Basil Rafkind, basándose en este estudio, decía “la evidencia científica contenida en el estudio indica poderosamente que cuanto más bajes el colesterol y las grasas en tu dieta, más se reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular”. Obviamente, este Dr. Rafkind no ha pasado a la historia como ejemplo de independencia científica. En realidad, el Dr. Rafkind acababa de inventar una modalidad científica llamada Teleoanálisis, de muy limitada utilidad en este caso, al asociar un estudio de un medicamento con nula capacidad curativa con una dieta.

Lo que la revista Time no decía en su artículo era que la primera generación de medicamentos para bajar el colesterol nunca vio la luz porque el estudio clínico de la primera droga sintetizada que bajaba el colesterol, el Clofibrate, tuvo que suspenderse a mitad de camino al haber producido la muerte al 47% del grupo que la estaba tomando.

De este modo, tras el artículo de Time, en la mitad de la década de los 80 estallaba el boom por los productos bajos en grasa, desnatados o productos light, que desafortunadamente persiste hasta nuestros días incluso en España.

Pero, si por cualquier motivo que escape a mi conocimiento, la hipótesis de los lípidos fuese correcta, resulta razonable pensar que este patrón lo encontraríamos en cualquier lugar del mundo. Pues no, ni por asomo. Para empezar, tenemos la paradoja francesa: comen el doble de grasas saturadas que los norteamericanos, cuatro veces más mantequilla, tres veces más cerdo y un 60% más de queso. Sin embargo, tienen aproximadamente un tercio de las muertes por accidentes cardiovasculares que los Norteamericanos. Los científicos a favor de la hipótesis de los lípidos se apresuraron a explicar la paradoja francesa asociando el consumo de vino tinto con los beneficios para la salud cardiovascular, dado que los franceses también toman más vino tinto que los norteamericanos. Ahora ya sabe, querido lector, de dónde viene el mito de que tomar vino tinto es bueno para la salud, si bien es cierto que en muy pequeñas dosis, que no son las dosis comparativas francesas/norteamericanas, si que es saludable.

También tenemos la paradoja suiza. El segundo país del mundo civilizado que más grasas saturadas toma y el segundo país con menos muerte por afecciones cardiovasculares. Además, por si fuera poco y para que todo quede en casa, existe la paradoja española. En los últimos 30 años ha crecido aquí mismo el consumo de grasas saturadas y se ha reducido la incidencia de accidentes cardiovasculares.

En cuanto al colesterol, la OMS ha realizado un macro estudio recientemente en multitud de poblaciones alrededor del mundo, tratando de confirmar una correlación entre el nivel de colesterol y los ataques al corazón, pero no han podido probarlo. De hecho, han encontrado que países como Luxemburgo tienen un colesterol medio muy alto y una bajísima tasa de ataques al corazón, mientras que países como Rusia o Venezuela, manteniendo niveles medios y bajos de colesterol, sufren cantidades desorbitadas de ataques al corazón, por hablar sólo del mundo occidental. En el mundo oriental, y en las zonas tropicales en que el Aceite de Coco (saturado en un +/-85%) predomina en las dietas, las tasas de mortalidad por ataques al corazón son, simplemente, inexistentes. En realidad, lo que si se ha demostrado es que el 72,1% de las personas que sufren un ataque al corazón tienen el colesterol por debajo de 130. En Estados Unidos estos datos son alarmantes porque el 67% de la población tiene el LDL por debajo de 130 y, sin embargo, sufre un 72% de los infartos totales, lo que claramente muestra que aquellos que tienen el colesterol bajo sufren más infartos que los que lo tienen alto. Sin embargo, a la vista de estos datos, cuando lo lógico hubiese sido recomendar elevar los niveles de colesterol, el periódico USA Today publicaba que lo lógico era bajar aún más los niveles de colesterol porque, “evidentemente”, 130 era una cifra aún demasiado alta. Junte a un periodista con un político y esto es lo que obtendrá: negación absoluta de la evidencia.

Pero no concluiré sin dar una pincelada sencilla sobre la verdadera causa de las enfermedades cardiovasculares que también he podido estudiar. Según parece, cuando las arterias se dañan y se inflaman, el colesterol de baja densidad (LDL) acude a reparar los daños. El LDL, según sabemos ahora, existe en dos variedades, una más grande y una más pequeña por hacerlo sencillo. Las moléculas más grandes son beneficiosas y tienen una serie de efectos positivos para la salud. El problema viene con las más pequeñas, que acuden a taponar las heridas en el interior de los vasos sanguíneos y, dado su tamaño, se acaban colando en la pared del vaso. Allí quedan atrapadas y se oxidan, dando lugar a la llegada de glóbulos blancos que acaban formando la placa junto con el calcio. Este es el motivo por el que las enfermedades cardiovasculares no tienen nada que ver con la cantidad de colesterol que hay en el cuerpo sino con el tipo de colesterol que hay, y no me refiero a la relación HDL/LDL, sino al tipo de LDL que tenemos. No creo que pase mucho tiempo hasta que veamos análisis con el LDL diferenciado según el tipo.

Pero, ¿qué es lo que causa los daños iniciales en los vasos que hace que sea necesario el LDL para efectuar reparaciones? Lo causantes son tres principalmente:

  1. Fumar
  2. Glucosa alta en sangre
  3. Estrés emocional

El motivo 1 y el 3 son claramente sociales, así que, avanzando un paso más, ¿qué es lo que eleva la glucosa en la sangre? Principalmente, el azúcar y los carbohidratos refinados, justo la base de la pirámide alimenticia.

¿Y qué alimentos producen las partículas pequeñas y densas de colesterol LDL de las que hablábamos hace un momento? Si, lo ha adivinado: el azúcar y los carbohidratos refinados.

En efecto, los científicos que testificaron hace 40 años en el comité McGovern que los culpables de la epidemia de enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2 eran el azúcar y los carbohidratos refinados, estaban en lo cierto. Han tenido que pasar 40 años para que algunos empecemos a hacerles caso y además empezamos a ver estudios clínicos que avalan estas viejas ideas que fueron desechadas. Los políticos, expertos ellos, taparon la verdad en detrimento de nuestra salud.

En el American Journal of Clinical Nutrition, un informe publicado recientemente afirma, por ejemplo, que entre las mujeres post-menopaúsicas, un consumo elevado de grasas saturadas está directamente asociado con una menor progresión de las enfermedades cardiovasculares mientras que la ingesta de carbohidratos está asociada con una mayor progresión de las mismas. En la misma publicación, se dice que “los esfuerzos dietéticos para reducir los riesgos de enfermedades cardiovasculares deben enfatizarse principalmente en la limitación de los carbohidratos refinados”.

En un estudio clínico publicado en “Annals of Internal Medicine” se concluye que el grupo que siguió una dieta alta en grasas y baja en carbohidratos mostró mayor reducción en la presión sanguínea, triglicéridos y colesterol pequeño y denso del tipo LDL, mientras que su colesterol HDL aumentó de media un 23%. Estudios en la universidad de Stanford apuntan en la misma dirección al comparar la dieta Atkins (rica en grasas) con la dieta Ornish (muy baja en grasa). Lo sorprendente de este estudio de Stanford es que el científico a cargo del mismo, John Emmerish, es vegetariano convencido desde hace años y, según dijo el mismo, le dolía inmensamente admitir estos resultados contrarios a sus propias creencias. Otro ejemplo de verdadera integridad científica que merece todos mis respetos contraria a las prácticas de Ancel Keys. En otras palabras, parece que la dieta que decían que nos estaba matando, en realidad es la que nos mantiene sanos.

Pirámide Nutricional
Pirámide Nutricional

Lo que el comité McGovern hizo en los Estados Unidos y replicó en buena parte del mundo al exportar la pirámide alimenticia fue reducir el consumo de proteínas, reducir considerablemente el consumo de grasas y aumentar disparatadamente el consumo de carbohidratos y esto, en definitiva, es lo que ha disparado los casos de obesidad y de diabetes en los países que siguen ese modelo nutricional, España entre ellos.

Y si la grasa no es el causante de esta epidemia de obesidad y diabetes, ¿Cuál es la causa? La respuesta médica oficial es que nos hemos vuelto una sociedad vaga, que come mucho y hace poco ejercicio. Vamos, que según parece, nuestro carácter ha cambiado en los últimos 40 años. De modo que según los médicos que promulgan este dogma engordamos porque somos vagos, comemos mucho y hacemos poco ejercicio. Pero esto es tan estúpido como decir que los alcohólicos son alcohólicos porque beben mucho. Lo correcto sería investigar la raíz del problema, por qué beben tanto o, en el caso de la obesidad, por qué comemos tanto.

En realidad, hay procesos bioquímicos, y no sociales, detrás de esta epidemia. Durante años nos han convencido de las teorías de las calorías y de que todo tiene que ver con las calorías que entran y las que salen del cuerpo. Nos han dicho que 3.500 calorías equivalen, someramente, a medio kilo de grasa, por lo que al producir un déficit de 3.500 calorías mediante ingestas limitadas de alimentos y ejercicio en exceso, perderíamos medio kilo. Esto es, simplemente, ridículo. Esta teoría no se sostiene en el papel y tampoco se ha sostenido en estudios clínicos. Por ejemplo, la Women’s Health Initiative, involucrando a miles de mujeres, redujo la ingesta diaria de calorías en 360 Kcal/día, principalmente provenientes de la grasa, durante 8 años, con una pérdida de peso media de 1 Kg en el período. ¡Ridículo para un esfuerzo de 8 años!

En el otro extremo de los estudios, James Levine creó en una cárcel norteamericana un grupo con prisioneros que estaban en forma y les sobrealimentó durante cerca de un año con miles y miles de calorías, y no se consiguió que ganasen el peso que la ecuación preveía. De hecho, uno de los prisioneros consumió 10.000 calorías al día durante 200 días y tan sólo pudo coger cuatro kilos en el período.

En estudios que limitan la ingesta de calorías en ratones, al restringirles un 5% las calorías durante 4 semanas, los ratones crearon más tejido adiposo y perdieron masa muscular. Obviamente, existe algo más complejo en la obesidad y el metabolismo del cuerpo que la suma y resta de calorías.

Sabemos desde 1930, por los estudios Alemanes y Austriacos, que la grasa corporal es una parte esencial del metabolismo y que su cantidad viene determinada por hormonas, la más importante de ellas la insulina. ¿Porqué? Porque la insulina controla la cantidad de azúcar en sangre y las altas concentraciones de azúcar en sangre son tóxicas para el organismo. Por otro lado, el cerebro necesita azúcar en sangre para funcionar y una cantidad muy baja de azúcar puede causar el coma e incluso la muerte. Por ello, el metabolismo está diseñado para mantener el nivel de azúcar en sangre dentro de un margen muy estrecho, y lo hace de manera eficiente con la insulina. Es importante entender que el organismo puede convertir el azúcar en energía, pero también puede convertir la grasa en energía e incluso en condiciones muy extremas, las proteínas en energía. De hecho, cuando nos levantamos por las mañanas después del ayuno prolongado de la noche de 8, 9 o incluso 10 horas, nuestro cuerpo está usando en muchos casos grasa como energía a través de un proceso llamado Cetosis.

Cuando comemos, aumenta el nivel de azúcar en sangre y el organismo segrega insulina. Se produce un cambio y pasamos de utilizar grasa a usar azúcar como combustible principal. En efecto, la insulina produce que las células utilicen el azúcar como combustible al tiempo que hace que el tejido adiposo capture la grasa del torrente sanguíneo para que esta no esté disponible para el resto de las células del cuerpo y asegurarse que las células usan azúcar como combustible. Pero si la cantidad de azúcar en sangre es demasiado alta para las necesidades energéticas del cuerpo, el azúcar pasa al hígado donde se convierte en grasa para almacenarse en el tejido adiposo como reserva de combustible. Esto es debido a que podemos almacenar grasa en el tejido adiposo pero no podemos almacenar azúcar.

Cuando el nivel de azúcar en sangre baja porque se ha utilizado como combustible, baja también el nivel de insulina y por tanto la grasa vuelve al torrente sanguíneo para ser usada como combustible hasta que vuelva a subir el nivel de azúcar en sangre, con otra comida. Por lo tanto, el tejido adiposo es el tanque de combustible donde se almacenan las reservas de energía del cuerpo. Como se puede apreciar, es un sistema magnífico y muy avanzado para asegurar un aporte energético constante a todas las células del cuerpo.

¿Cómo hemos llegado a romper un sistema tan avanzado y creado una epidemia de obesidad? Para entenderlo hay que empezar por entender que los carbohidratos no son más que moléculas de azúcar enlazadas entre ellas y que en cuanto entran en el cuerpo son literalmente separadas en moléculas de azúcar de una manera muy eficiente en algunos casos. El índice glucémico mide la velocidad a la que el cuerpo humano convierte alimentos en azúcar. Durante la mayor parte de nuestra evolución, el ser humano ha consumido alimentos con índices glucémicos entre 0 y 40, alimentos que tardábamos en convertir en azúcar. Veamos algunos ejemplos de lo que comemos hoy, mucho de lo cual forma parte de la maldita pirámide alimenticia:

  1. Azúcar de mesa: I.G. 64
  2. Coca Cola: I.G. 63 (viene a ser como beber azúcar)
  3. Cereales: I.G. 61
  4. Copos de trigo: I.G. 67
  5. Pan: I.G. 70
  6. Patata Asada: I.G. 80

Salvo que sea usted diabético, su nivel de azúcar en sangre en cualquier momento del día es equivalente a una cucharadita y media en total. Si sigue usted la pirámide alimenticia y toma 400 gramos de carbohidratos, estos se metabolizan en el equivalente a unas 2 tazas de azúcar. ¿Tiene sentido? Claro que no. Al ingerir esta cantidad de azúcar el cuerpo tiene que generar una cantidad inmensa de insulina porque, recordemos, los niveles elevados de azúcar en sangre son tóxicos.

Cuanta más azúcar ponemos en el flujo sanguíneo, más forzamos la secreción de insulina, comida tras comida, y, eventualmente, las células del cuerpo y los órganos empiezan a acostumbrarse a la presencia continua de grandes cantidades de insulina y acaban desarrollando una resistencia a la misma. Al mismo tiempo que la insulina está forzando a las células a tomar azúcar como alimento, está forzando la grasa dentro del tejido adiposo, por lo que a más insulina, más azúcar que se metaboliza en grasa y más grasa que se almacena en el tejido adiposo. Y, cuanta más insulina haya en la sangre, más difícil es que la grasa vuelva a abandonar el tejido adiposo para volver al torrente sanguíneo y ser usada como combustible, por lo que incluso cuando no comemos, la grasa se mantiene donde está debido a la constante presencia de insulina en sangre.

Como colofón a este pastel metabólico, cuando la cantidad de azúcar en sangre disminuye y la cantidad de insulina no permite que la grasa abandone el tejido adiposo, las células del cuerpo tienen un déficit energético, lo que nuestro cerebro interpreta como “necesito comer” y, voilá, otra vez tenemos hambre aunque tengamos reservas suficientes de grasa almacenada. Por lo tanto, volvemos a comer, volvemos a disparar el azúcar en sangre, a segregar más insulina y, en definitiva, a almacenar más grasa. De modo que no sepa usted que no engorda porque comas más, sino que come más porque engorda, que no es lo mismo. Desde un punto de vista meramente bioquímico, los obesos no comen mucho, comen lo que necesitan como energía porque la grasa de su tejido adiposo no se libera de vuelta al torrente sanguíneo. Y como el cuerpo es sabio, incluso cuando algo no funciona, al comprobar que la grasa no fluye al riego desde las células adiposas, estas se hacen más grandes para favorecer que la grasa salga de ellas cuando se produce la resistencia a la insulina en el metabolismo. Por lo tanto, acaban almacenando aún más grasa en las mismas células.

Ratón Engordado con Insulina
Ratón Engordado con Insulina

La siguiente pregunta que cabría hacerse es ¿Cómo de potente es este síndrome de resistencia a la insulina? Pues este síndrome metabólico, antesala de la diabetes tipo 2, es tan potente que en ensayos en laboratorio se han obtenido resultados asombrosos. Por ejemplo, al inyectar insulina a ratones de laboratorio de manera continua se ha conseguido que engorden hasta proporciones comparables a la obesidad mórbida humana. Se ha seguido inyectándoles insulina al tiempo que se ha ido reduciendo la comida que se ponía a su disposición y, pese a tener grasa acumulada en cantidad, los ratones han acabado muertos, literalmente, de hambre sin quemar nada de grasa.

Por eso, cuando los obesos, que habitualmente ya tienen una resistencia severa a la insulina, se embarcan en dietas bajas en grasas y ricas en hidratos de carbono, no logran perder peso y, al contrario, incluso lo ganan, a lo que sus dietistas replican que la culpa es suya por ser vagos y hacer poco ejercicio. Si fuera por estos dietistas, los obesos morirían del mismo modo que los ratones, de inanición.

La diabetes tipo 2 que se produce como continuación al desarrollo de la resistencia a la insulina, solía ser llamada la diabetes de la edad, porque se daba en personas mayores que habían agotado sus células pancreáticas de tanto producir insulina. Sin embargo, hemos pasado a denominarla diabetes tipo 2 porque ahora afecta también a jóvenes e incluso adolescentes. Esto, como cualquiera puede deducir, no es fruto de que sean vagos, no hagan ejercicio o coman demasiado. Tiene que ver con la pirámide alimenticia y la descomunal ingesta de carbohidratos, en particular de azúcar y harinas refinadas.

Veamos algunos datos clarificadores. En los Estados Unidos, en la última década, los casos de diabetes tipo 2 se han duplicado y aproximadamente el 25% de la población mayor de 60 años la sufre. Se cree que más del 40% de la población Norteamericana sufre o sufrirá diabetes. Esto le ocurre a una población que consume aproximadamente el 55% de sus calorías de los carbohidratos, el 33% de la grasa y el 12% proveniente de las proteínas. ¿Alguien sigue teniendo alguna duda de la causa de esta epidemia? Lo que es paradójico es el mensaje que lanzamos a la población. Por ejemplo, la Asociación Americana de la Diabetes tiene publicados estos «consejos» nutricionales:

  • El sistema digestivo convierte los carbohidratos en azúcar de manera rápida y sencilla.
  • Los carbohidratos son la comida que más influencia el nivel de glucosa en sangre.
  • Cuantos más carbohidratos comas, mayor será tu nivel de glucosa en sangre.
  • Cuanto mayor sea tu nivel de glucosa, más insulina necesitarás para que el azúcar llegue a las células.
  • La pirámide nutricional es la manera más sencilla para recordar las comidas más sanas.
  • En la base de la pirámide, están el pan, los cereales, el arroz y la pasta. Todos estos alimentos están compuestos por carbohidratos mayoritariamente.
  • Necesitas de 6 a 8 raciones de esos alimentos cada día.

¿Quién es responsable de formular semejante disparate? Francamente, no puedo entenderlo. Pero, lo que de ningún modo me entra en la cabeza es que los médicos, personas de ciencia todos ellos, sigan recomendando la pirámide alimenticia y culpando a las grasas de la epidemia de obesidad y diabetes que padecemos incluso después de demostrarse que el estudio de Ancel Keys es un caso de grotesca manipulación de los datos y el comité McGovern emitió unas conclusiones basadas principalmente en este estudio.  No alcanzo a comprender como, sabiendo todo lo que saben, no son capaces de ver con claridad donde está el problema y, al contrario, prefieren seguir predicando los dogmas a sabiendas de que no están basados en ciencia alguna… salvo que la burda manipulación matemática de los datos sea considerada ciencia.

SI LE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO SEGURAMENTE LE GUSTARÁ MI LIBRO ADELGAZAR SIN MILAGROS EN EL QUE EXPLICO COMO ES POSIBLE PERDER PESO DE MANERA SANA, RÁPIDA Y PERMANENTE MODIFICANDO LAS PAUTAS NUTRICIONALES QUE HASTA AHORA HEMOS CREIDO QUE ERAN CORRECTAS.

Portada del Libro Adelgazar sin Milagros
Portada del Libro Adelgazar sin Milagros

Comerse Nueva York

 
Nueva York
Nueva York

He empezado el año con hambre. No es una metáfora económica sino una realidad gastronómica. Desde que me levanté el día de año nuevo, no hago más que pensar en comida. Cuando pienso en comer bien pienso en grandes ciudades y, de entre ellas, Nueva York sobresale. Este año 2012 arranca para Nueva York con 49 restaurantes con estrella Michelín, de los cuales 6 tienen 3 estrellas y 8 tienen 2. Esto es un guantazo en toda regla a los energúmenos que dicen que en Estados Unidos no se come bien. 

Porterhouse de Benjamin's Steak House
Porterhouse de Benjamin's Steak House

Decía Woody Allen de los franceses que no se puede esperar mucho de ellos si tenían que fiarse de un fabricante de neumáticos para escoger donde comer y estoy convencido de que muchos restaurantes en Nueva York no tienen interés alguno en la Guía Michelín. Lo más interesante es que muchos de los restaurantes donde se come de maravilla en Nueva York no tienen estrella alguna, lo que nos da una idea del nivel gestronómico de la ciudad.

Al Pacino en Esencia de Mujer, encarnando al Coronel Frank Slade, dijo que cuando lo conocías suficientemente bien, podías llamar John Daniel’s al Jack Daniel’s y yo creo que cuando conoces Nueva York suficientemente bien, también la puedes apreciar por sus restaurantes. Toda vez que se han superado las visitas habituales a los templos turísticos por antonomasia uno puede planificar un viaje al corazón de Manhattan con la mente puesta en lo gastronómico. Claro que también podría hacerlo pensando en lo cultural en general y en lo musical en particular, pero eso lo vamos a dejar para otro post.

Lobster Burrata del Restaurante Marea
Lobster Burrata del Restaurante Marea

Tengo la suerte de haber vivido muy cerca y he podido disfrutar de Nueva York en infinidad de ocasiones. En Nueva York me ha llovido, nevado y helado. He estado a cuarenta grados y también he experimentado sensaciones térmicas por debajo de los treinta grados bajo cero. Me cerraron las salidas de la ciudad y quedé atrapado durante cuatro días en el 92, cuando un gran Nor’easter sepultó de nieve la costa Este del país. Dicen (y estoy casi de acuerdo) que la mejor época para visitar Nueva York es Navidad, pero la realidad es que la primavera Neoyorkina y del noroeste en general es espectacular por su clima y tranquilidad. Además, si planificas bien, es época de rebajas!

Atún Rojo relleno de Foie del River's Café
Atún Rojo relleno de Foie del River's Café

Aunque sólo sea por olfatear de lejos (de momento), he estado visitando (en el mundo virtual) algunos restaurantes a los que les tengo echado el ojo. El Atún Rojo relleno de Foie del River’s Café  en Brooklyn me llama poderosamente la atención, tanto como el Pato de Granja Crujiente del Four Seasons, ambos sin estrella Michelín. Si de comer carne se trata, Dios creó el Benjamin’s Steakouse cerca de Grand Central para que los fieles probasen el Porterhouse (1 kg para dos personas madurado por ellos 28 días a temperatura y humedad específicos) y comprendiesen como debe saber la carne «como Dios manda». El Porterhouse, por si no lo has probado, es un corte de ternera o buey que lleva chuletón y solomillo, todo en uno. Ni te cuento como sabe.

Pato de Granja Crujiente del Four Seasons
Pato de Granja Crujiente del Four Seasons

Las pastas frescas de nueva creación y los pescados y mariscos crudos loncheados (Crudé) del Marea en Central Park le han valido 2 estrellas Michelín este año, estar en el top 10 de los restaurantes de Nueva York, y a su chef, Michael White, le califican de genio en las revistas de Gourmet, de modo que también me lo apunto.

Langostinos al Ajillo del Restaurante Aldea
Langostinos al Ajillo del Restaurante Aldea

No me olvido de mis raices Mediterráneas. El chef de origen portugués George Mendes capitanea el restaurante ibérico Aldea, que también consigue una estrella Michelín sin salirse del guión de nuestra comida. Mendes nos demuestra que se puede comer jamón, cochinillo, almejas, gambas, cordero, y un sinfín de manjares al estilo ibérico sin salir de la isla. Han sido muchos los que han abierto restaurantes españoles en Nueva York y algunos han conseguido triunfar, aunque fuese de manera momentánea. Sin embargo, creo que Mendes es el primero en transportar la realidad de nuestra cocina al otro lado del charco. Tendré que probarlo para convencerme…

Y ahora, después de esta visita virtual a los manjares que nos ofrece Nueva York, dime, si te atreves, que no tienes hambre.

Matar al Inventor

Existe una sub-especie humana, probablemente introducida en la tierra hace miles de años por alienígenas o creada por uno o varios Dioses ociosos, que tiene un sentido innato del incordio. Uno puede incordiar momentaneamente al prójimo de mil maneras, pero eso es parte de la convivencia en sociedad. Estornudarle en la espalda al vecino de vagón del metro, que tu perro se mee en la rueda del vecino de casa, que el cartero te deje por error una carta del vecino… Sin embargo, estos seres se las apañan para incordiar continuamente, cuando menos te lo esperas y en cualquier lugar. Se autodenominan «Inventores» pero son en realidad «desarrolladores de putadas con mala fe».

¿Acaso es posible que una persona normal, en su sano juicio y sin ánimo de incordiar, inventase el retractilado de plástico duro para los paquetes? ¿Qué cara se te queda cuando compras algo retractilado de ese modo y tienes que volver a la tienda a comprar unas tijeras de trinchar pollo para poder abrir el maldito paquete? No digamos si por algún motivo tienes que devolverlo «en su embalaje original» para que te reintegren el dinero.

Claro que para empaquetados pensados con las posaderas, las bolsas de aceitunas manzanilla. Como se te ocurra cortar la bolsa antes de coger el recipiente de la estantería de arriba para presentarlas y necesites las dos manos para cojerlo, ya me dirás donde sueltas la bolsa abierta. Supongo que la podrías poner junto a la bolsa de leche abierta del mismo modo. Por cierto, ¿Es posible abrir un tetra brick de leche de los que tiene tapón de rosca y no tirar los primeros 50 o 100 ml de leche al servir el primer vaso? Yo, desde luego, no soy capaz.

Pero no sólo los inventores de recipientes se han cubierto de gloria. Un grupúsculo de esta sub-especie se asoció hace tiempo y montó una corporación cuasi satánica, que persiste hasta nuestros días con el inofensivo nombre de Ikea. Pase que un mueblecito traiga suficientes tornillos como para apuntalar la Torre Eiffel, pero hay que ser muy mala persona como para ponerle a las cosas nombres que salvo que seas escandinavo no puedes leer.

El silenciador extraible de las motos, el claxon politónico de los coches, los pinchitos de madera que se queman en la barbacoa, la pegatina antirrobo de las grandes superficies que siempre está puesta en la parte del producto que necesitas leer antes de comprar, el dispensador de tiquets de turno, que a veces se usa y a veces no, en función de si tú has cogido uno, son todos inventos desarrollados para incordiar al prójimo. Y no es razonable que lo hayan inventado seres humanos. Lo dicho. Sin duda viven entre nosotros y se relacionan con nosotros con normalidad, pero de humanos, poco.

Feliz entrada de año!

De vuelta a los ochenta

No hay más ciego que el que no quiere ver

Hace tan sólo unos meses, en noviembre, pesaba unos 100 Kg, fumaba como un carretero, bebía (alcohol) como una esponja, comía cada comida como si fuese la última que iba a disfrutar y tomaba tres pastillas al día: una para la ansiedad, otra para el estómago y una tercera para reducirme el ritmo cardíaco, que siempre tenía acelerado. Por si fuese poco, con bastante frecuencia tomaba ibuprofeno y/o paracetamol para reducir los dolores musculares que sufría a menudo en diversas partes del cuerpo. A mediados de Noviembre, hace ahora ocho meses, dejé de fumar y el día 21 de ese mismo mes publicaba en este blog esta entrada porque no observaba, de manera instantánea, ninguna diferencia significativa por haber dejado de fumar. Sin embargo, a corto plazo, si iba a descubrir un importante cambio en mi cuerpo como consecuencia de haber dejado el hábito de la nicotina. En la cena de alumnos del Cerrado de Calderón que hicimos en navidades pesaba 109,8 Kg, mi record histórico, y tenía este aspecto:

En diciembre de 2010
En diciembre de 2010

En diciembre de 2010

En diciembre de 2010

En efecto, había ganado casi 10 Kg. de peso como consecuencia directa de dejar de fumar. Fumar no sólo produce sensación de saciedad en el estómago y hace que comamos menos, sino que además la nicotina es un importante acelerante del metabolismo basal, por lo que dejar de introducirla en nuestro organismo decelera el metabolismo y hace que resulte más fácil acumular grasa. De ahí que, aunque intentemos controlarlo, es casi inevitable ganar peso al dejar de fumar. No obstante el notable sobrepeso, «yo me encontraba bien conmigo mismo». Ya.

No hay retos imposible, sólo personas incapaces

A finales de marzo de este año me encontré con esta videonoticia en «El Mundo» y, tras investigar un poco acerca del Dr. Brugos y de su dieta Isolipoproteica y de someterme a un análisis de sangre para tener valores de referencia antes del comienzo del plan nutricional, el día 11 de marzo, hace ahora apenas 3 meses comenzaba una rutina nutricional revolucionaria basada en la ingesta, 7 veces al día, de pequeñas porciones de proteina y grasa y eliminando casi por completo los hidratos de carbono de mi dieta. Pesaba entonces 109,4 Kg y tenía un contorno a la altura del ombligo de 127 cm.

Ni que decir tiene que me llovieron todo tipo de advertencias y avisos acerca de contravenir radicalmente lo que durante tanto tiempo nos han enseñado: la pirámide nutricional, con su extensa base de hidratos de carbono y su pequeña cúspide de carnes y grasas.

Vaya por delante que esta mañana pesaba 85,1 Kg. y mi contorno a la altura del ombligo es de 112 cm, o sea que en tres meses he perdido 24,3 Kg. de peso y he reducido mi barriga en 15 cm., o lo que es lo mismo, he pasado de una talla 60 de chaqueta a una 52 (o incluso 48, según la marca), de una talla 38 de vaqueros a una 33, de una talla XXL en polos y camisetas a una L, y así sucesivamente. Este es mi aspecto esta mañana mientras escribo el post: (desgraciadamente aún no he recuperado el pelo, pero todo se andará)

15 de Julio de 201115 de Julio de 2011

Pero quizás los cambios más significativos no están a la vista y quiero detallarlos para que le déis una vuelta, como yo hice, al tipo de vida que llevamos y las nefastas consecuencias que esta tiene en nuestro organismo. Para empezar, no tomo ninguna de las tres o más pastillas que antes tomaba. Ya no las necesito. Mis análisis han ido evolucionando de peor a mejor en estos tres meses, hasta el punto que en el último análisis que me hice (tercera semana de Junio) ya tengo todos los indicadores dentro de los valores de referencia. Además, tengo mucha más energía que antes incluso durmiendo menos, me canso muy poco y disfruto mucho más de cualquier cosa. ¿Es el estado de ánimo un tema meramente psicológico? Ahora lo dudo.

Hace unos días tuvimos el placer de cenar con el Dr. Brugos y su encantadora esposa y colaboradora aprovechando que estábamos de vacaciones en su ciudad de residencia. Nos decía en la cena que «todo en el organismo está directamente relacionado con la nutrición» y que «lo más importante para el organismo son tres cosas: nutrición, nutrición y nutrición». La nutrición no es la ingesta de alimentos, sino la asimilación de los nutrientes presentes en ellos. Si uno se pasa la vida comiendo alimentos carentes de nutrientes acaba por estar desnutrido. Ya me advirtió el Dr. Brugos al comienzo de mi programa personalizado que aunque pesara cerca de 110 Kg me encontraba totalmente desnutrido. Me costó creerle, pero viendo el mejor ejemplo de sus enseñanzas -que es él mismo-, tuve que darle el beneficio de la duda y probar. Ahora, de vuelta a los ochentas que no veía en una báscula probablemente desde hace unos ocho o nueve años, no puedo sino más que recomendar a cualquier persona que tenga un problema que pueda estar, aunque sea mínimamente, relacionado con la nutrición que consulte al Dr. Brugos antes de iniciar cualquier tipo de dieta porque la mayoría, sólo sirven para desnutrir y eliminar tejido muscular y líquidos.

 El coraje es como una cometa; los vientos en contra la levantan más alto

Una nota antes de acabar. El Dr. Brugos lleva la contraria a una parte importante de la comunidad nutricionista del mundo occidental. Mientras la mayoría nos aconseja que nos hinchemos de cereales, pastas, frutas y verduras, él lleva años diciendo que dejemos de ingerir estos en beneficio de las carnes, pescados y aceites. Esta circunstancia, como es lógico, no le ha proporcionado un gran grupo de admiradores entre la mal llamada «comunidad científica», pero si lo ha hecho entre las personas que hemos seguido sus planes nutricionales. Basta con mirar los foros de la revista Sport Life o los testimonios de su web para entender de lo que hablo. Digo mal llamada porque el método científico debe tener un importante componente de prueba y ensayo, algo que obviamente la pirámide nutricional adolece.

No caeré en el tópico de compararle con Galileo o cualquier otro genio que contraviniese un orden establecido, pero si dejaré una pista al respecto. En este video del programa Espejo Público de Antena 3, el renombrado Dr. Cidón Madrigal, que ha vendido miles de libros de dietas y nutrición en España, trata de rebatirle al Dr. Brugos sus argumentos. A quién le interese el tema le recomiendo que, antes de ver el video, le quite el sonido a su ordenador para no escuchar lo que dicen. Es un ejercicio sencillo: básicamente, hay que mirar a uno y a otro y preguntarse quién de los dos tiene razón. Después, si se desea, se puede volver a ver con el volumen subido dado que el discurso del Dr. Madrigal no es ni mucho menos concluyente en sus tesis contra el Dr. Brugos. Por ello, mi apoyo va para el Dr. Brugos porque con el coraje que muestra al enfrentarse a un orden establecido marca la diferencia. Para quién quiera adentrarse más en el tema, aquí puede conseguir su último libro.

Sube la marea

Sube la Marea
Sube la Marea

Luis tenía la costumbre de asomarse a su diminuta terraza por las tardes a ver subir la marea. Era un ejercicio de relajación, autoimpuesto como costumbre, que con el paso de los años había probado ser válido para desconectar de su rutina diaria. Para él siempre había sido un entretenimiento descubrir cada día a que hora se producía la subida de la marea. Ahora era fácil saberlo con antelación. Sólo tenía que consultarlo en Internet, pero sería como traicionar sus propias costumbres, como serle infiel a su cita vespertina con la calma.

En el esplendor de su carrera, Luis había sido un investigador brillante, un jugador de equipo, un magnífico profesional que miró siempre por el interés colectivo antes que por el suyo propio. Quizás por eso nunca obtuvo el reconocimiento que mereció durante su carrera. Pero los días de trabajo e investigación hacía ya tiempo que habían quedado atrás. Ahora la vida era más sencilla. Disfrutar del amanecer por la mañana. Aburrirse y malgastar las horas centrales del día y, su único entretenimiento real, tratar de acertar la hora a la que subiría la marea por las tardes. La pleamar y la bajamar son caprichosas y contribuyen con su comportamiento infantil a que las mareas suban o bajen en distintos momentos del día. Luís lo sabía y se tomaba como reto personal acertar -que no investigar y descubrir- lo que ocurriría cada tarde.

Si durante toda su carrera había corroborado que la mejor manera de obtener resultados homogéneos y acertados había sido la constancia en la investigación y la perseverancia en el trabajo, acertar la hora en que subiría la marea por la tarde era un ejercicio opuesto a lo que había sido su modo de trabajar durante tantos años. Se trataba de apostar, sin ninguna base científica, por mera intuición, por capricho, o bien por un conocimiento abstracto obtenido durante años de observación.

Conforme las tardes se sucedían en su retiro junto al mar y la barandilla metálica que hacía las veces de reja en su jaula dorada iba perdiendo su pintura y el óxido se hacía cada vez más visible en toda la estructura, Luis tomaba conciencia de lo que estaba haciendo en realidad: estaba descontando mareas. Lo que empezó como una forma de relajarse y tomarse las cosas con tranquilidad había acabado por inquietarle, por crearle una incertidumbre. Cada día quedaban menos mareas por acertar, y el número tendía a cero a un ritmo vertiginoso. Podía dejar de salir a su terraza a ver subir la mareas por las tardes, pero era consciente que el contador de mareas no se iba a parar porque él dejase de pulsar el botón cada tarde. Engañarse no le iba a incrementar el número de mareas pendientes de acertar. Como él mismo habría dicho en sus años de investigador, se trataba de un problema sin solución. Un problema al que había que atacar desde otro punto de vista, desde un ángulo que permitiese, si no resolverlo, si aceptarlo como parte de una ecuación mayor.

A Luís se le acababan las mareas, pero no las ganas de acertarlas. Tenía la sensación de que había malgastado su vida, de que se había dejado muchas cosas sin hacer, sin terminar, sin tan siquiera plantear. Incluso había rechazado hacer alguna de ellas y ahora le atormentaban las erróneas decisiones tomadas. Pero ya era tarde. Las mareas se acababan y no había vuelta atrás.


Kinectados

Jugando con Kinect
Jugando con Kinect

El pasado día 10 se ponía a la venta Kinect en España. Como me pilló trabajando en Madrid, tuve que esperar al día 11 para comprarlo 🙂 . Tantos meses leyendo sobre «Project Natal» habían abierto mi apetito consumista hasta límites insospechados. Como vienen las Navidades y muchos os tenéis que plantear qué comprar, este post va dedicado a explicar qué es realmente Kinect y para que puede utilizarse en la vida real.

Para empezar, Kinect no es un aparato que tenga delimitada una edad de uso específico. No sé lo que recomienda Microsoft, su fabricante, pero yo creo que a partir de 3 años y sin límite superior, cualquiera puede usarlo. Esto quiere decir que, estas navidades, sirve como auto-regalo, como regalo para la pareja, para los hijos e incluso de los abuelos a los nietos o de los nietos a los abuelos. Ojo, algo me dice que este puede ser el típico cacharro que se agote a velocidad de vértigo en las tiendas durante la temporada de compras. Se me antoja una agresiva campaña comercial de cara a Navidades y, como de costumbre, menos unidades disponibles que la demanda creada, especialmente porque sale por debajo del precio que se estimaba cuando aún estaba en desarrollo.

Kinect
Kinect

Lo primero que llama la atención en Kinect es su tamaño. Teniendo en cuenta todo lo que incluye este cacharro (una cámara de video convencional, una cámara de video de infrarrojos, un emisor de infrarrojos en profundidad, cuatro micrófonos, un motor para orientarse de manera autónoma al mejor ángulo de visión y demás circuitería…) a mi me ha parecido más pequeño de lo que esperaba. Cabe con facilidad debajo o encima de una pantalla plana y, en el caso de pantalla de proyección, puede ir encima del subwoofer o altavoz central, bajo la pantalla.

Para los que pensáis que esto es lo mismo que el «Eye Toy» de la Playstation, que el mando de la Wii o que el Move de la PS3, deciros que ni por asomo. Este artilugio es lo más cercano a la realidad virtual que hemos visto en películas que ha salido al mercado a un precio razonable (149€). El sistema detecta a los usuarios mediante reconocimiento facial. La primera vez te pregunta quién eres y, desde que le contestas, te identifica cada vez que entras en su campo de visión. Tiene capacidad tridimensional, o sea, que sabe como de lejos o cerca estás, puede seguir hasta a seis personas a la vez y puede ver en la oscuridad. No está mal para empezar, ¿no? Kinect no sólo reconoce a los usuarios, también reconoce sus gestos, movimientos y ordenes de voz. Es obvio que sirve para jugar, pero no me extenderé al respecto. Me parece más interesante el resto de utilidades que tiene, si bien es cierto que al igual que muchos otros usuarios, no puedo esperar a que salga a la venta «La Guerra de las Galaxias» en versión Kinect para poder enfrentarme a Darth Vader con un sable láser… Hay cosas que un hombre tiene que hacer antes de morirse…

Intefaz gestual con Kinect
interfaz gestual con Kinect

El post se llama Kinectados porque con Kinect llega un nuevo interfaz para la Xbox 360. Se trata de una mejora sobre el anterior que profundiza en la comunicación entre usuarios. Mejora la capacidad de videoconferencia de la consola y la conectividad con redes sociales como Facebook o Live! (incluyendo el Messenger que muchos utilizamos a diario). Los que no tengáis el servicio Xbox Live Gold ya no tenéis excusa. Esto va a reducir muchas facturas de teléfono de hijos en edades, digamos, muy sociales.

En efecto, es la primera aproximación real a la videoconferencia tal y cómo se nos presenta en las películas. Una cámara de visión global con profundidad que es capaz de verte por todo el salón, con micrófonos que te «persiguen» mientras paseas y hablas delante del televisor sin necesidad de hablar a un punto específico. Es ciertos que muchos nos vemos con asiduidad, pero a mí me parece que para quién tenga familiares que vea con menos frecuencia de la deseada, esta solución es mucho mejor que la pseudo videoconferencia del PC. Ni que decir tiene que para los que tenemos niños continuamente enganchados al teléfono, esta solución es, al menos, una alternativa viable.

En cuanto al interfaz de reconocimiento gestual, esto es lo más parecido a Tom Cruise en «Minority Report» que yo he probado hasta ahora. Además, parece que Microsoft ha dado vía libre a los desarrolladores para que cada uno use los gestos que crea conveniente para moverse por sus menús, lo cual desembocará sin duda en un desarrollo continuo hacia un interfaz gestual que ya se rumorea será parte de la nueva versión de Windows.

Entrenador Personal con Kinect
Entrenador Personal con Kinect

Pero además de los juegos, de las nuevas capacidades de comunicación y de los interfaces gestuales, están otro tipo de aplicaciones, más en la línea de ocio personal, que veo interesantes. Yo llevo tiempo queriendo hacer de nuevo algo de deporte y no encuentro nunca el momento adecuado. De modo que con la excusa del Kinect, me he comprado también el «Your Shape – Fitness Evolved«, que es un entrenador personal para hacer deporte en casa. Para los niños hay una aplicación de animales y mascotas. Para los que sueñan con Fred y Ginger, también hay un par de aplicaciones para bailar. En los próximos meses veremos crecer el catálogo de juegos y aplicaciones y será entonces el momento de juzgar si la grata acogida que yo le he dado a mi nuevo cacharro es la misma que le da el resto de la gente.

Por cierto, si no tienes dos metros de espacio (aunque sea moviendo algún sillón o mesa) delante de la tele, ni lo intentes. Para una persona es necesario al menos 1,8 metros de distancia al sensor. Para dos o más jugadores, son necesarios al menos 2,5 metros. Yo he visto que funciona mejor en el rango de los 3 metros cuando hay dos o más personas.

Un último apunte. Debido a la cantidad de datos que maneja, es necesario usar un cable USB 2.0 de 480 mbps para alargar el que trae de fábrica. Estos cables sólo funcionan (sin hacer inventos raros) hasta 5 metros de distancia, por lo que la distancia entre Kinect y la Xbox 360 no puede ser (sin demasiadas complicaciones) mayor a 6,5-7 metros. Como dicen los americanos, esto lo he aprendido «the hard way»…

Palmira

Ninguna novela histórica, al menos de las que yo he leído, ha podido nunca poner en marcha mi imaginación del mismo modo en que se pone cuando paseo por sitios cargados de historia. Hasta el día de hoy, el récord absoluto de excitación de mi imaginación lo ostentaba Roma. Es imposible no imaginarse vestido al estilo romano durante el esplendor del imperio paseando entre el foro y el teatro en el atardecer de la capital del imperio.

Sin embargo, el emplazamiento de Roma de algún modo justifica su grandeza. Muy cerca del mar Mediterráneo y bañada generosamente por el Tíber, su ubicación propició en gran medida que pudiese crecer de manera sostenible, como dirían ahora los políticos repipis.

Hoy mi imaginación ha volado también en dirección a la península de la bota, pero no por Roma, sino por los Romanos. Palmira se encuentra a unos 230 kilómetros de Damasco. 230 kilómetros de tierra árida y montañas imponentes. Hoy son tres horas de viaje en un vehículo con aire acondicionado y desde luego que merece la pena. Después de la propia Roma, son los restos del Imperio Romano más impresionantes que yo haya visto. Pero su majestuosidad no es lo que me ha cautivado, que también, sino imaginarme cómo las Legiones Romanas se anduvieron ese desierto y levantaron lo que debió ser una ciudad majestuosa en medio de un desierto. Cierto es que Palmira dispone de un oasis natural y que estaba en el paso de las caravanas de comerciantes de oriente, primero hacia Persia (está a unos 120 Km del actual Bagdad) y luego hacia Europa, pero esto no debe llevarnos a engaño. Palmira está en medio del desierto de Siria y esto es precisamente lo que hace de este enclave un lugar que despierta la imaginación.

Vista de Palmira
Vista parcial de las ruinas de Palmira

No se trata de un poblado humilde que acogía a los comerciantes. Muy al contrario, fue una ciudad majestuosamente construida, con una ingeniería sólo comparable en aquella época a la mismísima Roma. Sistema de alcantarillado de aguas fecales, servicios públicos cada cien metros, baños termales a tres temperaturas, construcciones en piedra, mármol, granito y terminaciones en maderas nobles. Por supuesto una zona residencial, una comercial y otra gubernamental en cuyo centro no podía faltar el teatro romano mejor conservado del mundo gracias entre otras cosas a que permaneció enterrado en la arena hasta principios del siglo veinte cuando lo descubrieron los franceses. Me ha llamado intensamente la atención el ingenioso sistema de tuberías consistente en cubos de roca hueca con la forma de un tubo machihembrados entre si para llevar agua a cualquier parte de la ciudad disimuladamente.

Detalle de las tuberías de piedra
Detalle de las tuberías de piedra

Pero, una vez más en Siria, me sorprende que las distintas culturas que han ido pasando por Palmira no han destruido todos los vestigios de las culturas anteriores. De este modo, el Templo de la ciudad conserva los vestigios paganos de sus primeros dioses y la abundancia de huevos en sus tallados en rocas, símbolo de fertilidad en la Palmira primitiva, las uvas y ornamentaciones propias del Imperio Romano, la cruz y los frescos de cuando fue convertido en Iglesia y, por último, la simbología Islámica que comparte altar con la cruz y nicho con el Dios de Dioses pagano que apunta a La Meca.

Sus habitantes durante su esplendor y tras la conquista Romana debieron ser sin duda mucho más inteligentes que nuestra clase política actual. Lejos de rotular exclusivamente en su lengua (originalmente el Arameo) introdujeron inscripciones en Griego, que venía a ser lo que hoy es el inglés a nuestro mundo actual. De este modo, las caravanas que paraban en el Oasis tenían facilidad no sólo para desenvolverse en la ciudad, sino también para realizar sus negocios. No por casualidad, sus tablas de impuestos al comercio, que se conservan por algún motivo en un museo de San Petersburgo, estaban también grabadas en distintas lenguas.

En definitiva Palmira es en muchos aspectos un lugar mucho más inteligentemente desarrollado que la mayoría de las grandes urbes de nuestro país. Una ciudad que facilitaba el comercio, daba la bienvenida a las distintas culturas, contaba con los últimos avances tecnológicos, estaba abastecida continuamente de alimentos y agua y, sobre todo, lo que más me ha llamado la atención, está en medio de un desierto.

Vista del Templo de Palmira
Vista del Templo de Palmira

Entre dos Culturas

No me cabe duda que históricamente este artículo debería llamarse «Entre tres Culturas» pero desgraciadamente puedo dar fe de que el título refleja la cruda realidad. Mis primeras veinticuatro horas en Damasco crean en mí sentimientos encontrados. Por un lado puedo confirmar que efectivamente se trata de un lugar históricamente privilegiado. No por casualidad es sencillo encontrar vestigios Romanos, Bizantinos y de distintas dinastías árabes por toda la ciudad. Si bien desgraciadamente no todos estos restos están en buen estado de conservación, es justo indicar que, al menos, aparentemente, tratan de preservarlos lo mejor que pueden.

Por otro lado, leía antes de mi viaje que el gobierno Sirio había prohibido a las profesoras de colegio vestir el Burka mientras estuviesen en su lugar de trabajo, lo que para mi significaba una apertura hacia occidente en un esfuerzo por «modernizar» la sociedad pues nadie puede negarme que cubrir a una mujer de pies a cabeza y de manera integral no es, además de un crimen estético, un ejercicio de rancio machismo.

Esta iniciativa junto con la definición propia del país extraida de su constitución («República Democrática, Popular y Socialista, basada, entre otros, en los principios de igualdad ante la ley, libertad religiosa y propiedad privada») me dieron antes de partir hacia Damasco una idea del país que me iba a encontrar. Imaginé un país mayoritariamente musulmán pero en que otras culturas y religiones eran bienvenidas y respetadas.

La primera en la frente. Ya estábamos advertidos de que no se puede entrar en Siria si se ha estado en Israel. Para mi esto no era un problema. Sin embargo, al llegar al punto fronterizo en el aeropuerto descubrí rápidamente que no haber estado en Israel no es suficiente. Además de preguntarme, examinaron con lupa -y no hablo en sentido figurativo- todos y cada uno de los sellos de mi pasaporte. Baste decir que tengo 31 de las 32 páginas del pasaporte ocupadas con distintos sellos de todos los países que he visitado en los últimos años. Esto se tradujo en una inspección de cerca de 10 minutos de mi pasaporte, lo que no concibo sino como una enfermedad de los políticos que han creado esta norma.

La segunda cosa que ha llamado mi atención es que en una calle del zoco hay una plancha metálica de dimensiones descomunales atornillada en el suelo con la bandera de Israel. El objetivo no es otro más que asegurar que todo el mundo que pasea por el mercado «pisa» la bandera de la nación judía.

Ni siquiera en Indonesia, el país con mayor población musulmana del mundo, he visto algo similar. A mi me parece razonable (no diré que me parece bien) que determinada nación no se lleve bien con otra nación por los motivos que sea, pero me parece tremendo que se inculque este odio al ciudadano de a pié. Y esto, aunque la política me advertía de lo contrario, no es algo que me esperaba. Después de todo, en la ciudad de Damasco conviven junto con el 90% de musulmanes un 10% de cristianos que tienen sus iglesias y profesan culto en libertad, por lo que obviamente no se trata de un problema religioso sino más bien social. Por lo tanto, un error de bulto, pues juzgar a toda una sociedad sólo por ser ciudadanía de un país concreto es algo que tiene bastante poco sentido.

La tercera cosa que me ha llamado la atención es algo que no sabía y es que los musulmanes (al menos los de aquí) de aquí si creen en Jesucristo pero piensan que no fue crucificado sino que subió a reunirse con Dios y volverá al final de los tiempos. ¿Cómo se digiere esto siendo Jesucristo Judío sin antes admitir que son tres las culturas que aquí conviven? Difícil.

La Gran Mezquita vista desde fuera
La Gran Mezquita vista desde fuera

Una de Inauguraciones

El 27 de Enero del 2.003 hacía un tiempo fabuloso que invitaba a volar. Al medio día llegamos al aeroclub, revisamos el plan de vuelo y nos preparamos para ponernos rumbo al recién inaugurado aeropuerto de La Rioja, con escala en Cuatro Vientos para abastecernos de combustible ya que desde AENA nos comunican que el nuevo aeropuerto aún no dispone de combustible… pero no nos avisan de que el combustible no es lo único de lo que no disponen.

De este modo, a las 14:20 minutos partimos hacia Cuatro Vientos los cuatro, en la EC-FDF, con equipaje, mucho combustible y la esperanza de llegar a La Rioja antes de las 21:00, hora en la que se inauguraba el congreso nacional de la Asociación de Jóvenes Empresarios al que íbamos a acudir invitados por AJE Málaga.

En LEAX minutos antes de la salida

Exactamente tres horas después aterrizábamos en Cuatro Vientos, donde nuestra escala técnica nos requería repostar combustible, comer algún tentempié, comprar agua para el resto del viaje y comprobar la meteorología en nuestra ruta hacia Logroño.

Nada más aterrizar saltó la noticia. Una avioneta con destino a Bilbao se había perdido y llevando ya mucho tiempo sin comunicar con nadie se temía lo peor. Aprovechamos para llamar a Iñaqui a Málaga y comentar con el parte meteorológico.  En principio todo correcto, nubes muy altas (por encima de 15.000 pies), poco viento de frente, buena visibilidad. En cualquier caso, nos comenta Iñaqui que Santiago, presidente entonces del Aeroclub, está volando por la zona y le llamemos también a el. En efecto, Santiago nos contesta desde el avión y nos confirma que la meteorología es excelente.

Como no podía ser de otro modo, decidimos reanudar viaje y despegamos cargados con el combustible necesario para poder regresar en tres días de nuevo a Cuatro Vientos.

En LECV a la espera del repostaje para reanudar el vuelo

Los problemas empiezan en la salida de Cuatro Vientos, cuando el controlador nos hace navegar durante más de 25 minutos en dirección Oeste por problemas de congestión de tráfico, abandonando la provincia de Madrid por el lado opuesto al originalmente planeado, y apercibiendo al controlador de esta circunstancia, nos promete autorizarnos el cambio de rumbo tan pronto sea posible. Finalmente, nos autoriza y nos cambia a una frecuencia en la que no contesta nadie. De este modo, decidimos dirigirnos a Logroño en nuestra altitud programada de 7.000 pies. Transcurrida buena parte del vuelo y a menos de una hora de Logroño, nos encontramos con una masa nubosa a unos 3.000 pies por debajo de nosotros y decidimos llamar a Logroño para que nos informen de las condiciones meteorológicas locales, pero Logroño no contesta. Como estamos un poco lejos todavía, asumimos que Logroño no nos recibe todavía y revisamos la meteorología otra vez. Se supone que en Logroño va a estar despejado, así que decidimos mantenernos por encima de las nubes imaginándonos que serían masas locales y que no tardaríamos en sobrevolarlas.

Pero el tiempo pasa, y las nubes en lugar de desaparecer se hacen más oscuras y densas y llega un momento en que lo único que podemos ver en las cuatro direcciones es el manto de nubes. Con cierto temor, comenzamos a llamar con más frecuencia a la torre de Logroño, que sigue sin contestar, hasta el punto de que a sólo veinte minutos de nuestro destino según el GPS, ni se ve ni se oye nada. Llamamos por teléfono a información para pedir el teléfono del aeropuerto, pero en información aún no tienen el número. Llamamos a AENA y nos facilitan el número de la torre, pero en la torre tampoco cogen el teléfono. De modo que volvemos a llamar a AENA y esta vez nos da el número de las oficinas del aeropuerto en las que una señorita nos contesta que el controlador está en la cafetería porque ya no hay más vuelos. Le explicamos que tenemos un plan de vuelo con destino a su aeropuerto y nos contesta que no sabe lo que es un plan de vuelo, así que le pedimos que vaya a la cafetería y avise al controlador de que nos llame urgentemente, bien por radio o bien por teléfono.

Al cabo de unos minutos, el controlador nos llama por radio y nos pregunta que queremos. Le explicamos la situación y le pedimos que nos localice en su radar y nos baje de allí. Nos pregunta que a que radar nos referimos y le decimos que al que tiene delante de sus narices, a lo que nos contesta que no está en la torre, que esta aún no ha sido inaugurada y que está en un camión emisora provisional a pie de pista, y que el único radar que tiene a mano es uno que sale en una revista de AENA que tiene por allí.

En crucero rumbo a LERJ, antes de meternos en el lío

En vista de todo, decidimos hacernos una idea del campo pidiéndole al controlador que nos detalle todo lo posible el enclave y las condiciones. Nos dice lo siguiente: “Hay unas montañas a la izquierda y otras a la derecha, pero no sabría concretarles la altura ni la posición de las mismas. Creo que en las de un lado hay un pueblo. Desde aquí veo nubes. Son grises y no están muy altas. Antes no estaban.” En ese momento decidimos que el controlador está mejor callado o jugando a las cartas en la cafetería. De modo que tirando de tecnología decidimos que la única forma segura de bajar de allí es colocarnos sobre el centro de la pista con la ayuda del GPS (menos mal que se la añadimos a la carta del GPS antes de partir) y bajar en espiral hasta que pasemos las nubes, colocando una alarma de altitud en el GPS a 1.000 pies por encima del campo.

Con una velocidad de sudoración digna de entrar en el Guinnes, le pido a mis pasajeros que se abrochen hasta los cordones de los zapatos y comienzo el descenso con un ángulo suficientemente grande de inclinación lateral como para no perder el centro de la pista más de lo estrictamente necesario.

Las risas, bromas, chistes y “buen rollito” del viaje dejan paso a un silencio que se rompe sólo con el ruido del viento y las pocas revoluciones del motor durante el descenso. A unos 4.500 pies nos metemos de lleno en las nubes y durante un tiempo indefinido (parecían horas pero seguro que fueron segundos), lo único que vemos son nuestras caras. A unos 1.500 pies sobre el campo y sin previo aviso, las nubes desaparecen y nos encontramos que estamos, como había previsto el GPS, sobre el centro de la pista. A partir de ahí, coser y cantar y en menos que canta un gallo estábamos aterrizando en el recién inaugurado Aeropuerto de La Rioja. Somos la primera avioneta que aterriza allí desde la inauguración del campo días antes.

Tras tomar tierra, nuestras respectivas no pueden aguantarse y al más puro estilo Juan Pablo II, saludan su llegada a la Rioja. Al fondo, la torre de control que no había sido inaugurada antes de nuestra llegada.
A la izquierda, el camión portátil que actuaba de torre de control porque algún político no había tenido tiempo de ir a inaugurar la torre (al fondo) con su correspondiente radar. Arriba las nubes que no debían haber estado ahí. En la foto no salen nuestras piernas porque aún nos temblaban. Las sonrisas son de pánico.