Estudiante: ¡Despierta!

Huelga de Educación

Estudiante: ¡Despierta!
Estudiante: ¡Despierta!

He leído que nuestros estudiantes han hecho hoy huelga de educación . Para mi que llevan en huelga muchos años porque, en general, educación tienen poca y, la poca que tienen, la desaprovechan. Lo digo en el más amplio sentido de la palabra. No son educados ni se educan adecuadamente. Lo primero es culpa suya. Lo segundo también.

Siempre digo que cuando me tocó unirme al mercado laboral lo hice, al igual que el resto de mi generación, empujando a los que teníamos delante. Salimos de las distintas aulas con hambre para comernos el mundo. Ahora debería empezar a sentir el aliento de la próxima generación empujándonos a nosotros, pero como dijo aquel futbolista, no veo a nadie por el espejo retrovisor. Siento cierto aliento, pero es a tufillo perroflautero y desde luego no me preocupa.

Andaba yo la semana pasada por una feria de muestras en Barcelona a la busca y captura de un proveedor de un artículo específico. Había comerciales de multitud de países, cada uno demostrando las virtudes de sus productos. Me resultó curioso que los comerciales de las empresas españolas eran, en general, de mi quinta o incluso más mayores (algunos mucho más). Eran educados y conocían sus productos a las mil maravillas. Auténticos profesionales. Los alemanes, británicos, asiáticos y norteamericanos eran igual de educados, tenían amplios conocimientos de sus productos también y mostraban una incipiente profesionalidad. Sin embargo, eran bastante más jóvenes que los españoles. ¿Dónde demonios está la gente joven de nuestro país? Buscandose la vida desde luego que no. Rectifico. Buscándose la vida en el sector privado desde luego que no. Probablemente anden a la caza y captura de algún subsidio o prestación. Tratando de engancharse a la teta del estado (o de cualquiera de los 17 mini-estados).

¿Qué ha pasado con la generación que tendría que venir detrás? Pues justo eso, que tendría que venir pero que no viene. Se puso en huelga de educación hace muchos años y, pobrecitos, creen que la huelga ha sido hoy. ¿A dónde podría haber llegado mi generación si hubiése tenido las herramientas de comunicación y divulgación de la información que existen hoy cuando estudiaba? Es curioso. Unos usamos estas herramientas para divulgar con las palabras y el lenguaje y otros para destrozarlo.

¿Huelga de Educación? Si, desde hace mucho tiempo, y también huelga de sangre, de ganas, de empuje, de coraje, de sacrificio, de humildad, de conocimiento… y así podría seguir un par de horas más, pero no merece la pena. Seguramente acabarán leyendo cualquier otra cosa en la red. Vuelvo a rectificar. Seguramente acabaran usando la red para cualquier otra cosa que no sea leer. Porque, están en huelga, si, pero conectados con sus blackberrys y iPhones y androids con la tarifa plana que paga Papá.

La Maldita Guerra

Desolación
Desolación

En más de una ocasión vi a mi abuela Conchita sollozar la frase «esa maldita guerra destrozó nuestras vidas» con los ojos absolutamente inundados en lágrimas de rabia contenida cada vez que salía el tema de la guerra y la posguerra. Empiezo a tener un sentimiento parecido al suyo acerca de esta crisis.

Ciertamente no se ven cadáveres en las cunetas ni hay bombardeos en las ciudades, pero esta situación está arruinando la vida de millones de personas. En los últimos meses, soy cada vez más consciente de situaciones límite a mi alrededor. Personas que han trabajado duramente para labrarse un futuro durante años, que han pagado impuestos religiosamente y que han contribuido de manera activa al sostenimiento del mal llamado estado del bienestar, comprueban con estupor como todo lo que habían conseguido se esfuma por el retrete al mismo ritmo con que algunos políticos compran cocaina con dinero público u otros se hacen retratos en el congreso. Es jodidamente grotesco.

Familias arruinadas, negocios que cierran, personas físicamente desmejoradas y anímicamente machacadas… este panorama no es muy diferente al de la guerra, armas y muertos aparte. Ya no se trata únicamente de poder permitirse esto o aquello. Se trata de tener verdaderas dificultades a la hora de llegar a fin de mes. Lo vi en algún amigo al principio de la crisis. Lo vi en otros pocos en el último año; pero en estos últimos meses, me encuetro con gente por todas partes que está bien jodida. No me refiero a que les haya bajado el trabajo o los ingresos. Me refiero a que se hayan extinguido ambos.

Conforme los damnificados van quedando en el camino, la carga se hace más insoportable para el resto e, indudablemente, llegará el momento en que será imposible de soportar. Porque, paralelamente a la merma generalizada de ingresos, aquí nos suben casi a diario los costes de producción.

Esta mañana (por el miércoles, que es cuando he escrito esto), camino a mi oficina, he parado a repostar combustible. 85 litros, 125€ mal contados. Si alguien me dice hace diez años que llenar el coche me va a costar 21.000 pesetas le digo que está loco. Después, un par de kilómetros pasado el Clínico dirección Cártama, me ha pillado un radar móvil camuflado en un coche del que sobresalía ligeramente una escalera por una ventanilla. 139 Kmh/h en zona de 100 Kmh/h. 300€ de multa, otras 50.000 pesetillas de nada. ¿Por qué la Autovía del guadalhorce es zona de 100 km/h? Mi desplazamiento al trabajo en el día de hoy me ha salido por 425€, unas 70.000 pesetas. Hace diez años esto era impensable, pero lo que es devastador acerca de esta crisis es que hoy, hay mucha gente que gana menos de lo que ganaba hace diez años, si es que todavía ganan algo. Ayer mismo me decía un amigo, con bastante buen humor y capacidad de autocrítica, que se había convertido en un «Nuevo Pobre» y que lo lleva mucho peor que cuando se hizo Nuevo Rico, aunque con menor preocupación, pues dice que prácticamente no le queda ya nada más por perder.

Este estado feudal en que nos hemos convertido, con una clase política erigida en señores recaudadores que malgastan el dinero obtenido con el esfuerzo de los plebeyos -que somos todos los demás- tiene a los banqueros ejerciendo de clero medieval apoyando sus barbaries. Mucho me temo, que de no dar un giro radical a nuestra actitud, de esta guerra no nos libra nadie… a ninguno. Y desde luego, con esta huelga, menos.

Servicios Públicos

Políticos
Políticos

Una tarde soleada de primavera de hace unos veinte años salíamos de la casa de la familia de Jaime en Holliston, Massachusetts, en el Jeep Grand Cherokee que conducía el padre de Jaime (Jim, creo recordar). Al llegar al final del camino que transcurría desde el garaje hasta la carretera vimos un coche de policía estacionado en el sendero, con el radar puesto controlando la velocidad a la que pasaban los vehículos, con la intención de multar a todo aquel que superase el límite establecido en más de un 15%, como es allí habitual. Jim acercó el Grand Cherokee hasta el coche patrulla y se detuvo. Jaime y yo nos sorprendimos al verle bajar la ventana y, al menos yo, pensé que debía conocer al policía de algo y se disponía a saludarle. Sin embargo, cuando el agente bajó su ventanilla, Jim le dijo con mucha tranquilidad y sosiego: «Buenas tardes agente. Saque ese vehículo público de esta propiedad privada de inmediato». El agente afirmó con la cabeza, subió la ventanilla y sacó el coche del camino perdiéndose en la carretera.

Los «padres» que tuvimos en Estados Unidos nos enseñaron muchas cosas. Por norma general, lecciones magistrales de civismo, democracia y patriotismo. Desgraciadamente, muchas de esas enseñanzas aquí no se pueden aplicar.

Cuando le preguntamos a Jim porqué se había «arriesgado» a ese encontronazo con el policía, nos dijo que el sistema estaba para que todos lo cumplieran, incluido el policía, que no estaba ni fuera ni por encima de la ley. Igual que el agente tiene derecho a utilizar su radar para multar a los ciudadanos, él tenía derecho al respeto de su propiedad privada, en este caso su parcela. Y, por encima de todo, no lo veía como un riesgo porque, como nos recordaba, el lema de la policía es «Servir y Proteger» al ciudadano como él («To protect and to serve»), no incordiarlo. El agente tenía trabajo porque ciudadanos como él trabajaban y pagaban sus impuestos. El coche patrulla, era tan suyo como del vecino o del propio agente, si es que este era vecino del mismo pueblo. Y si un agente le importunaba, siempre con la razón en la mano, podía ir al ayuntamiento a denunciarlo con la certeza de que, si le daban la razón, el agente acabaría en la calle. De ahí que el policía en cuestión no pusiese pega alguna para quitar el coche patrulla del camino de Jim. A fin de cuentas, era consciente de su posición como empleado público y su deber y respecto hacia quien le paga su sueldo.

Hace unos días llegó a mis manos una carta de pago del «Property Tax» norteamericano, que viene a equivaler al I.B.I. español. Lo primero que llama poderosamente la atención es que la carta de pago no está redactada de manera amenazante ni tiene letra pequeña alguna. Todo está bastante claro. Existe un cuadro con fechas y cantidades en el cual se indica al ciudadano, en función de sus posibilidades de pago, las distintas cantidades que deberá hacer efectiva en función del mes que le venga bien pagar. En otras palabras, en lugar de obligarte a una fecha concreta le dan 6 meses para pagarlo y le aplican un pequeño porcentaje de intereses en función del mes en que lo haga efectivo, sin multas, penalizaciones desmesuradas ni mayores problemas. El cálculo que he hecho sitúa el interés en una T.A.E. que ronda el 3,00%, lo cual parece bastante razonable.

La segunda cosa interesante que llama la atención es el desglose del impuesto. La cantidad a pagar sale de un cálculo mostrado en el que, de frente y con transparencia, le dicen al contribuyente dónde van a parar las cantidades que abona y de dónde salen las mismas. Creo que merece la pena que copie aquí la traducción del desglose a efectos informativos:

Total del Impuesto: $1.229,64 (si se paga en Marzo; menos si se paga antes), de los cuales:
a) $355.43 –> Resto de Gastos operativos diversos del condado
b) $496.59 –> Gastos del sistema público de enseñanza
c) $121.24 –> Gastos del sistema de transporte público de los colegios
d) $79.65 –> Gastos del parque de Bomberos del condado
e) $21.93 –> Gastos del sistema de abastecimiento de agua
f) $10.72 –> Control de plagas y mosquitos del condado
g) $62.00 –> Recogida de Basura
h) $35.08 –> Alumbrado público
i) $47.00 –> Saneamiento público

Curiosamente, no aparecen partidas para comprar coches blindados ni para subvencionar nada privado, y la mayoría del impuesto se invierte en futuro, o sea, en educación. Me decía hace poco un amigo en Miami que paga muchos impuestos por su casa, pero que cuando ve el sistema público de enseñanza del que disponen, al cual lleva a sus niños, está muy contento de pagar lo que paga y considera cada céntimo bien invertido. Yo, por mi parte, y como amante de los coches de lujo, estoy muy orgulloso de los coches en que se pasean nuestros políticos mientras pago, aparte, el autobús del colegio de los míos.

En esta vieja Europa y en concreto en la decadente España, venimos a pagar los mismos impuestos que los Estadounidenses. Sin embargo, los servicios públicos de aquí son en gran medida un desastre. Los empleados públicos son intocables y todo lo que huela a público lleva un sobrecoste tremendo para que una larga lista de intermediarios y políticos chupen del frasco, descaradamente y con absoluta impunidad.

Nosotros, los ciudadanos de a pié, somos los que con nuestros impuestos, directos e indirectos, pagamos todos los gastos del estado y las tropelías de los políticos. Nosotros somos los que, con nuestra pasividad, permitimos que no exista transparencia en el modo que se gestionan y gastan los ingresos provenientes de nuestro esfuerzo. Nosotros, con nuestra permisividad, somos los que permitimos que los empleados públicos, esos a los que pagamos su nómina cada mes, nos traten con la punta del pie si es que tienen a bien ir a trabajar.

Nosotros, en definitiva, somos los principales valedores de un sistema injusto, caótico, desmesurado y fuera de control en el que el ciudadano es hostigado diariamente con impuestos de todo tipo que sirven para que una casta creciente de caraduras y holgazanes vivan a cuerpo de rey usando vehículos que en su vida laboral, si es que alguna vez la tuvieron, no hubieran visto más que en revistas especializadas, fumando habanos (ellos si pueden fumar) en sus aviones y helicópteros oficiales que pagamos los demás, mientras mucha gente, con más del 75% de impuestos al carburante, no puede utilizar su vehículo privado porque no le llega para gasoil.

Los comedores sociales (muchos de ellos privados porque no hay suficientes públicos) abarrotados de familias mientras estos sinvergüenzas se gastan los ingresos del estado en traducirse sus cansinas y repetitivas conversaciones de un dialecto mal hablado a otro. El dinero del estado se dilapida en las más absurdas partidas (pistas de pádel en pueblos abandonados, aseos públicos en aldeas con 14 habitantes, metro, aeropuertos y estaciones de alta velocidad en localidades que ni por asomo los necesitan…) y nosotros, los que financiamos el dispendio, aguantamos a diario las subidas generalizadas de este atraco a mano armada que los caraduras han venido a denominar Estado del Bienestar. Lo cierto es que, refiriéndose a ellos mismos, han dado con el término adecuado.

 

Por encima de la ley

Leo atentamente esta mañana en ABC que el artículo 494 del código penal castiga con cárcel de seis a doce meses o multa de doce a veinticuatro meses a los que promuevan, dirijan o presidan manifestaciones o cualquier otro tipo de reuniones ante el Congreso de los Diputados, del Senado o de una asamblea legislativa de una comunidad autónoma, cuando estén reunidos, alterando su normal funcionamiento.

La deducción lógica que puede sacarse del hecho que la nueva acampada, esta vez frente al Congreso, no acabe con varios imputados sentados ante un juez es que el Congreso no funciona. Es obvio que estaban reunidos frente al Congreso de los Diputados y es innegable que los diputados estaban reunidos dentro, por lo tanto, el único argumento que tiene la fiscalía para no actuar tiene que ser necesariamente que el Congreso de los Diputados no «funcionaba con normalidad» en el momento de producirse la concentración de vagos a sus puertas. Silogismo puro.

Lo cierto es que de un tiempo a esta parte en España se persiguen sólo unos delitos y se hace la vista gorda con otros. Básicamente, la izquierda radical, desde Bildu-ETA a los puercos Indignados, están por encima de la ley.

Resulta indignante para el ciudadano medio ver como se le persigue vorazmente por encenderse un pitillo, pisar un poco el acelerador, o tomarse un Gin Tonic después de comer teniendo en cuenta que el tabaco, los coches de gran cilindrada y el alcohol son todos ellos productos que, además de ser absolutamente legales, comparten una elevada fiscalidad. Por el contrario, resulta frustante comprobar como otra serie de delitos son absolutamente ignorados por el poder judicial.

Esto viene a ser la primera consecuencia de la inexistencia real de la independencia de los poderes legislativos y judiciales. Con la fiscalía y los jueces al servicio de los políticos, el único que puede salir mal parado es el ciudadano de a, pie. Los demás están por encima de la ley.

Botín y los beneficios empresariales

Botín
Botín

Tiene guasa que llamemos Democracia a cualquier cosa. Entre PP y PSOE se reparten la inmensa mayoría de los votos en las elecciones y sin embargo, en el último lustro hemos estado gobernados por partidos regionales nacionalistas y minoritarios. Sin embargo, como parece que se ha acabado el dinero para repartir a los reinos de taifas, ahora nos gobiernan los mismos que nos joden. ¿Para qué quiere Mr. Bean 600 asesores si ahora resulta que las decisiones políticas en este país las toman Botín y compañía?

El Santander ganó en 2010 unos 8.100 millones de euros (si, ocho mil cien… mi calculadora también da error al pasarlo a pesetas, pero si lo hago a mano me salen 1,35 billones de pesetas). Cierto es que «sólo» el 15% del beneficio es atribuible al mercado español, o sea, 1.215 millones de euros (unos doscientos mil millones de pesetas).

Los últimos beneficios conocidos de Telefónica también se sitúan en el entorno de los 8.000 millones de Euros. En este caso además, batiendo records de todo tipo. Cómo es lógico, tampoco proviene del mercado español la totalidad del beneficio, pero no es moco de pavo lo que nos sacan aquí. De las grandes constructoras mejor no hablo. No sólo se adjudican la mayoría de la obra pública, sino que luego la subcontratan por cuatro perras.

Y yo me pregunto, por no explayarme uno a uno con los demás iluminados que han aconsejado a Zapatero que acabe la legistatura, ¿acaso estos dos presidentes de megacompañías, con los intereses que manejan, son las personas adecuadas para decidir el futuro político de nuestro país? ¿Alguien se cree que este grupo no anteponga sus intereses personales y empresariales a los del país? Yo no.

Botín, Alierta y compañía, con todo el respeto que me merecen -que no es poco-, no tienen ni idea de la crisis del ciudadano de a pie. Aunque sus empresas representan la mayoría de los beneficios empresariales del país, en términos de empleo, son insignificantes en comparación con las Pymes y los autónomos.

Pyme
Pyme

Permitiendo a este selecto grupo de empresarios tomar las decisiones que en democracia se encomendó a un partido tomar, no vamos a acelerar la salida de la crisis, sino que vamos a engordar su cuenta de resultados. La única manera de salir de la crisis es generando empleo, y si Mr. Bean quiere saber algo acerca de generar empleo, con quien debe reunirse es conmigo y con los millones de empresarios y autónomos que no contratamos personas porque estamos hartos de que los beneficios empresariales sean para el Santander y Telefónica porque tengamos que domiciliar las nóminas de nuestros empleados o les tengamos que dar un móvil de empresa.

En definitiva, lo razonable sería que el gobierno mirase hacia las pymes y autónomos si lo que busca es un atajo hacia la salida de la crisis. Mientras mire a empresas con miles de millones de beneficio lo único que conseguirá será salir en bonitas fotos en la prensa, que por otro lado es probable que sea lo que busca.

Una verdad incómoda

El Mentiroso Rubalcaba
El Mentiroso Rubalcaba

El hecho de que el mentiroso Rubalcaba y sus mentirosos amigos Blanco y Sebastián hayan vuelto a mentir con sus ridículas afirmaciones sobre el ahorro no ha pillado a nadie de sorpresa… por lo menos a nadie que se le ocurra pensar las cosas con cierto detenimiento.

Desmontemos el tema del ahorro y la reducción de velocidad. Partamos de la base de que el director general de tráfico no ha conducido un coche en su puñetera vida, lo cual le hace, ante todo, un auténtico profano en la materia. Habrá quien lo defienda y diga que los muertos en accidentes sean menos cada año. No menos cierto es que cada año los coches son más seguros y disponen de serie de más medidas de seguridad activa y pasiva. Claro que este país ya ha tenido un ministro de defensa que no hizo la mili, una ministra de defensa con tintes separatistas, un ministro de interior electricista y ahora tiene un ministro de fomento que, directamente, no es ni ha sido nunca nada, entre otras lindezas políticas.

Lo cierto  es que las medidas de ahorro del gobierno no son sino una estrategia para dar la impresión de que están haciendo algo. Ahí tenemos al mismísimo (vice)presidente «picándose» con Fernando Alonso. Lo que dice Alonso es absolutamente cierto. Conducir largos trayectos a una velocidad reducida disminuye la concentración, produce modorra y es, en definitiva, peligroso. Lo que le contesta Rubalcaba es información manipulada. Dice que en Estados Unidos el límite es de 110 y que allí no conducen durmiendo. Lo cierto es que en Estados Unidos cada estado marca su límite de velocidad por lo que no hay uno, sino alrededor de 50 límites distintos.

Pero resulta que existen otra serie de diferencias con respecto a Estados Unidos que el mentiroso ha obviado porque son verdades incómodas para nuestra clase política. Veamos unas cuantas:

1. En Estados Unidos se puede hablar por teléfono, por la radio y comer en el coche en la mayoría de estados. Aquí está PROHIBIDO.

2. En Estados Unidos no existe una red de radares autónomos que se dedican a recaudar millones de dólares diarios. Allí te caza un radar, te persigue un policía, te para y te notifica y vas a juicio si no estás de acuerdo, juicio en el que puedes defenderte sin abogado en un cara a cara con el mismo policía que te paró. O sea, tienes ciertas garantías como ciudadano y se presupone tu inocencia. Aquí te llega una carta de pago. En principio, eres culpable si o si.

3. En Estados Unidos existe una red aeroportuaria por la que fluyen infinidad de vuelos regionales de infinidad de compañías regionales. En efecto, además de Delta, Continental, US Airways, American Airlines, Northwest Airlines, Southwest Airlines y demás mega compañías, hay un enjambre de microcompañias que operan aviones regionales para unir destinos cercanos. De este modo, si yo quiero viajar en España desde, por ejemplo, Málaga a Jaén o Málaga a Cádiz, debo hacerlo por carretera por narices. Similares distancias en Estados Unidos se pueden salvar por precios muy razonables en avión desde aeródromos regionales o incluso desde aeropuertos internacionales.

4. En Estados Unidos no existe el carné por puntos. La gente no vive con el miedo de perder el carné. De hecho, cada estado emite su propio carné de conducir, si bien los requisitos para obtenerlos son similares en todos ellos y la edad de obtención suele ser los 16 años. El único que puede retirarte el carné es un juez que estime que tu conducción es peligrosa para el resto de la sociedad. Esto lo hacen habitualmente con gente que es pillada con tasas elevadas de alcohol en sangre. Desde luego, no dejan en manos de radares decidir quién es peligroso y quién no.

5. La red de carreteras de Estados Unidos es mucho más antigua que la española. Sin embargo, le da millones de vueltas en todos los sentidos. Las carreteras tienen arcenes amplios, no tienen quitamiedos metálicos, sino que hay escapatorias siempre por ambos lados de las autovías y autopistas. Lo de los dos carriles habituales de aquí allí se considera carretera secundaria. Tres, cuatro, cinco y hasta seis y siete carriles forman sus autovías y autopistas. La numeración de las carreteras está bien pensada. Aquí hablar de que alguien ha pensado en la nomenclatura de las carreteras es una entelequia. En Estados Unidos las carreteras de 3 cifras son estatales y las de dos son interestatales. Las carreteras pares tienen recorrido Este-Oeste mientras que las impares tienen recorrido Norte-Sur. De este modo, si por ejemplo estamos en la 495, ya sabemos que se trata de una carretera que va Norte-Sur y que no saldremos del estado en que nos encontremos por ella. De ahí que los coches americanos suelan traer brújula de serie, algo que aquí no es habitual.

6. Estados Unidos es un país eminentemente rural mientras que España es eminentemente urbano. Aproximadamente el 75% de nuestra población vive en grandes poblaciones mientras que allí el 75% de la población vive en zonas alejadas de las grandes ciudades. ¿Qué significa esto? Básicamente que con las excepciones de unas pocas grandes ciudades del tipo Nueva York o San Francisco, allí no se producen los éxodos masivos que vivimos aquí con las operaciones «Salida» cada dos por tres. Por lo general, el tráfico de largo recorrido en Estados Unidos es fluido mientras que aquí las carreteras se unen con las circunvalaciones en cada ciudad y la conducción se vuelve estresante por los continuos atascos y retenciones.

7. Pero la falacia más grande, la del ahorro, que es la que todo el mundo se ha tragado, es la más fácil de desmontar. Si los números que da el gobierno fuesen ciertos, que no lo son, esta medida ahorraría 1.400 millones de euros en petróleo importado. Para un país que tiene un déficit comercial de más de 52.000 millones de euros, esto supone un 2% de ahorro. Si lo medimos en términos de déficit comercial con respecto al PIB, supone una bajada del 4,9% al 4,8%, o sea, una reducción del 0,1%. ¿Pero alguien se cree que vayamos a ahorrar 1.400 millones de euros en petróleo? Lo que consume carburante en los vehículos no es mantener velocidades constantes, sino frenar y acelerar de nuevo. Cierto es que Rubalcaba es químico y no físico, pero el concepto físico del «momento» y un poco de mecánica básica bastarle para saber que está mintiendo. Un coche consume mucho más combustible acelerando hasta los 110 o 120 Km/h que manteniendo esa velocidad constante. Por lo tanto, todas las medidas que se tomen para ahorrar combustible deberán ir enfocadas a evitar frenar y acelerar constantemente en las carreteras. Mira por donde, la rápida proliferación de radares y (jodidas) rotondas provoca contínuos frenazos en las calles y carreteras, incrementándose por tanto el consumo de combustible de manera notable. Si alguien lo duda que se pregunte porqué consume un coche más en ciudad donde no pasa de los 40-60 kilómetros por hora que en autopista, donde viaja a 120 o más.

Pero claro, esta verdad es bastante incómoda y es políticamente incorrecta.

Discursos

Discurso
Discurso

Ignoro si el discurso es un género literario en sí mismo. Es lo que tiene ser de ciencias… Lo que no ignoro es que, dentro de la literatura, los discursos son una de las cosas cosas que más me apasionan. El último que he leído, de obligada lectura para el que disfrute de un rato de divagaciones certeras con tintas cargadas, es el «Elogio de la lectura y la ficción«, discurso de aceptación del Premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa esta misma semana.

No es El Peruano uno de mis escritores favoritos, pero sin duda es uno de los personajes del mundo de la literatura que más me agrada, muy al contrario del noqueado Colombiano García Marquez, cuya literatura me es muy amena y cuya persona me resulta altamente desagradable. Y es que hay que ser muy mezquino, muy ruín y muy cara dura, como él, para defender un regimen de igualdades viviendo en una total desigualdad. Cabrón, si tanto te gusta el socialismo, reparte tus riquezas 🙂

A lo que iba; ya he mencionado en otros posts algunos discursos memorables que me parecen grandísima literatura. A fin de cuentas, no toda la literatura, por más que me pese, puede ser de ficción, que es la que más disfruto. Prácticamente todos los discursos de Bill Clinton son documentos de alto valor literario. No se quién se los escribe, pero en particular aquel I have sinned (he pecado) tiene que ser obra de él mismo o de alguien que estaba en ese momento en sus pantalones… si se me permite la ironía.

Otro gran maestro del discurso fue sin duda Michael Crichton. Sus discursos son fuente inagotable de datos fruto de las investigaciones que realizó para escribir sus libros y, para aquellos que disfrutamos con la literatura de ficción no descriptiva con cierta base científica, un placer sólo comparable a la primera vez que se leen algunos de sus libros.

Pero por encima de todos ellos, El Gallego que se lleva el gato al agua -aunque a diario nos vendan lo contrario los de siempre- es Mariano Rajoy. La bofetada que le ha dado a Rubalcaba, y de paso al borrego de Blanco, usando las propias palabras del Masón para meterse con su ministro de fomento, han sido gloriosas. Tenía pensado reproducir en el post las palabras de Vargas Llosa sobre el nacionalismo, pero no puedo resistirme a cambiarlas por las de Rubalcaba en boca de Rajoy, y por dos veces:

«El ministro de fomento es un inútil total que tiene dosis importantes de caradura porque siempre encuentra una excusa para no asumir sus responsabilidades».

De hecho, si aún no lo has visto, tienes que ver el vídeo.

¡Bravo Rubalcaba! Estamos de acuerdo en los calificativos, aunque no en el ministro 😉

El Nacionalista Ciego

Nacionalismo
Nacionalismo

Parece que fue el hispanolatino Marco Fabio Quintiliano quién dijo «En la variedad está el placer». La historia es cruel en este sentido, dado que Quintiliano nació en la entonces provincia hispanorromana Tarraconense, que en su momento fue la más grande de las provincias de la Península Ibérica y cuyo séptimo convento jurídico fue el Tarraconensis, con capital en la colonia Tarraco, actual Tarragona.

Resulta cuanto menos curioso que uno de los eruditos nacidos en esta tierra fuese quien hilvanase la frase que viene a ser diametralmente opuesta al sentir de muchos de los que allí viven. Muy lejos del concepto actual de globalización, muchas de estas personas siguen ancladas en unas ideas viejas, tan viejas y pueblerinas, que les ciegan y no pueden ver la realidad.

Pongamos un ejemplo. Hace cien años, si yo era de Málaga, hubiese tenido motivos para estar orgulloso de ser Malagueño por una pequeña serie de motivos, como por ejemplo, las uvas moscatel y las pasas que se producen en esta tierra. No había mucha comunicación con el exterior, con lo que nada me unía a Madrid, ni en definitiva al resto de Europa. Ahora, con el AVE, los vuelos directos a infinidad de capitales, no sólo de España, sino del resto de Europa, cuando salgo al exterior tengo muchos más motivos para sentirme orgulloso. Por ejemplo, cuando esté en Asia, podré estar orgulloso no sólo de las moscateles de Málaga, sino del resto de variedades que se cultivan en La Rioja o, ¿por qué no?, de las que utilizan en Francia para elaborar su magnífico Champagne dado que, a fin de cuentas, me siento igual de Europeo que ellos.

En la variedad está el placer y, desde luego, pertenecer a variedad de estamentos (llámense provincias, comunidades autónomas, estados o uniones de estados) deriva en una vida más placentera. Por ejemplo, el hecho de no necesitar llevar un pasaporte o rellenar una tarjeta de inmigración cuando se viaja por Europa ya es un avance sustancial en si. Claro, que si uno es paleto y además ciego, seguramente no viajará a menudo y estas cuestiones le den por la baja espalda.

Si uno, por ejemplo, es Español, tiene derecho a entrar en los museos del estado mostrando su DNI de manera gratuita o en su caso abonando una cantidad reducida. También puede sentirse orgulloso de las 12 copas de Europa (9 del Madrid y 3 del resto de los equipos 🙂 ) que han conseguido equipos Españoles o bien de la Eurocopa y el Mundial que han conseguido nuestras selecciones. Claro que, si uno es paleto y además ciego, ni irá a museos ni disfrutará con el fútbol.

También ser Español es motivo de orgullo en otros deportes. El número uno del tenis, los tres número uno del motociclismo, e incluso, según se atisba hoy, el número uno de la Fórmula 1, todos son Españoles.

Español es el Talgo (uno de los AVE), que se vende en bastantes países. Tan Español como Repsol, Telefónica, Acciona o Ferrovial. También Iberia, la aerolínea con más conexiones con Latinoamérica del mundo.

Pero al final, es lo que yo digo, si ni se disfruta con el deporte, ni se viaja, ni se sabe nada de economía empresarial, ni en general de nada de nada, se es ciego, cateto y nacionalista.

Una persona, ningún voto.

Platón
Platón

Por una extraña razón damos por sentado que en el camino de la política los sistemas democráticos son justos y necesarios. Yo no digo que no lo sean, pero no entiendo porqué no se sigue avanzando en este campo. Parece lógico y razonable que los ciudadanos sean quienes elijan a sus representantes, pero quizás habría que darle una vuelta al concepto de ciudadano, si es que no se quiere tocar el de Democracia.

Creo que fue el propio Platón quién esbozó el concepto de Democracia que más tarde perfeccionaría su alumno Aristóteles. Platón subrayó que «La democracia es el mejor de los gobiernos sin ley y el peor de los gobiernos en los que se respeta plenamente la ley». Muy lejos en planteamiento de la sociedad que vivimos hoy, la democracia actual hereda unos principios arcaicos que puede que ya no sean válidos en la coyuntura actual.

En la antigua Grecia, el estatus de ciudadano no es el mismo que atribuimos hoy a nuestros compatriotas. Resta decir que su modelo de selección para la ciudadanía no es, al menos a día de hoy, el más adecuado. Pero, ¿nos hemos parado a pensar cual es el nuestro? ¿Acaso debería ser suficiente nacer en un determinado lugar para ganarse ese estatus?

Yo me pregunto: para cosas tan triviales como conducir un vehículo por la vía pública es necesario estudiarse un libro (que engorda cada año), realizar una prueba teórica, tomar unas clases prácticas y finalmente aprobar un examen de conducción, además de pagar una serie considerable de tasas. ¿Por qué no es necesario demostrar aptitud o conocimiento alguno a la hora de elegir a las personas que, a la postre, fijarán el rumbo y establecerán el destino de todos los ciudadanos? ¿Acaso el destino de la sociedad como tal no es más importante que el destino de un vehículo particular?

No estoy proponiendo que haya que estudiarse la constitución para poder votar (si bien es cierto que en sitios como Estados Unidos es requisito indispensable para que los inmigrantes obtengan la ciudadanía), sino que existan una serie de preguntas sencillas que cualquier persona que vaya a votar debería conocer. Por ejemplo, y en el caso de nuestro país:

1. ¿Cúal es el régimen político de España? ¿Es España una república o una Monarquía Constitucional? De ser lo segundo, ¿Cuantas constituciones hay en vigor en España?

2. El político que salga elegido presidente, ¿Qué tiempo de mandato tendrá asignado?

3. ¿Tiene obligación el presidente de componer un gobierno única y exclusivamente con miembros (y miembras, claro!) de su partido?

4. ¿Es La Oposición el otro gran partido que se opone a todo lo que diga el gobierno?

5. ¿Tiene el rey capacidad de veto de alguna ley?

Creo sinceramente que estas preguntas son más sencillas que cualquiera de las que aparece en el examen de conducir y, sin embargo, estoy convencido que una gran parte de los «ciudadanos» tendrían problemas para contestarlas. Sin embargo, sin saber lo que están haciendo cuando eligen «democraticamente» a sus representantes, tienen todo el derecho del mundo a votar. ¿Por qué?

Una persona, un voto, no. Un ciudadano, un voto, si. ¿Cúal es la diferencia?

Pues probablemente que un grupo de ciudadanos no acabarían escogiendo a Mr. Bean como presidente del gobierno; algo que, la reciente historia, nos ha demostrado que es doblemente posible.