Logos de WhatsApp y Facebook

La Burocracia en Internet

Logos de WhatsApp y Facebook
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¡Buenos días! ¡Hola Mundo!

Han pasado 9 meses desde mi último post en este blog. Una larga siesta, un sueño reparador, o tiempo incluso suficiente para tener otro hijo. No, no os asustéis, que no estoy por la labor en estos momentos… Estaba simplemente retirado, harto, hastiado, hasta las narices de cabrearme con las noticias, con lo que hacen con nosotros; cansado de la envidia y la mediocridad que impera en este país, y decidí dar un paso a un lado para dedicarme a mi familia, a mis cosas, y a dejar que todo se solucionase por si solo. Obviamente, nada se ha solucionado en este tiempo, así que voy a volver, aunque sólo sea fugazmente y de vez en cuando.

Hoy quiero retomar este blog, motivado por mi amiga Belén que me dijo que lo de la dieta para adelgazar y mis libros está muy bien, pero que ya está harta de mis recetas y de filetes con ensalada, y que echaba de menos mis reivindicaciones, mi puntito sarcástico, mis posts sobre ineptos, sobre guerras, sobre el mundo y sobre las cosas que nos encontramos cada día.

Sigo desconectado de las noticias -excepto de las deportivas, claro- y pretendo seguir así, pero hay vida más allá de los telediarios y de la prensa. La vida está en el resto de cosas que ofrece Internet, y que desgraciadamente los anormales de siempre se están encargando de burocratizar a pasos agigantados.

Ciudadanos del mundo, ¿alguno de ustedes no se ha enterado todavía que cuando navega en una por una página web ésta puede utilizar cookies para almacenar información «teóricamente» personal y utilizarla para mejorar sus productos y servicios? ¿De verdad tenemos que hacer click en el mismo aviso en cada página web que vemos? Esto, que es una medida ideada por algunos políticos burócratas, tiene sentido para gente de su capacidad intelectual. Como tienen poca o ninguna actividad cerebral creativa, necesitan que les recuerden cada vez lo mismo -y aún así no se enteran- pero el resto del mundo, ¿porqué tenemos que tragarnos esta incomodidad? Oiga, no me repita lo mismo en cada página, me enteré la primera vez que leí el mensajito.

He leído que el borrador de modificaciones a la ley del juego que se prepara, en lo que respecta a las máquinas recreativas por Internet, va a funcionar de forma análoga: cada X minutos nos van a avisar de que llevamos X minutos jugando, de cual es nuestro saldo y de cuanto dinero llevamos gastado. Oiga, tengo conciencia del tiempo desde que tenía 5 o 6 años y me jacto habitualmente de ser bastante puntual y soy perfectamente capaz de mirar en la pantalla para ver mi saldo sin necesidad de que un mensaje incómodo aparezca e interrumpa lo que estoy haciendo cada cierto tiempo para recordármelo. Yo preferiría que, cada vez que compro algo, ya sea por Internet o en persona, un mensaje me recordase que una parte de esos impuestos que estoy pagando por comprar algo acaban financiando partidos políticos y sindicatos. Eso si que es un buen corta-rollo a la hora de detener el consumo, si es que eso es lo que pretende el gobierno de turno con esta medida. No me digan cuanto llevo gastado, díganme que parte de lo que gasto acaba en sus bolsillos y verán lo rápido que dejo de gastar.

Luego está el tema de la ley de protección de datos. No hay cojones -disculpen señoritas mi francés- de hacer ninguna transacción en Internet sin tener que aceptar la política de protección de datos de la empresa con la que queremos interactuar. Esto tendría cierta lógica si cada política fuese distinta, pero es que resulta que son idénticas todas. Un espabilado hizo el primer texto, que además era infumable, y los demás lo copiaron y pegaron. ¿De verdad es importante que yo marque la casilla de que acepto las condiciones de venta y la política de protección de datos de Renfe antes de comprar un billete? ¿O la de Correos antes de pagar por enviar un burofax? Joder, si no hay alternativa: o la aceptas o no viajas; o la aceptas o no envías el burofax. Por lo tanto, no es una elección libre, sino una obligación y, siendo una obligación, ¿para qué demonios hace falta pinchar en el botoncito de marras? Pues eso, para perder nuestro tiempo y crear más documentación y más burocracia.

Según leo en el propio Facebook, que se ve que no utiliza su maléfico poder para censurar, la unión europea, en boca de un tal Thilo Weichert, director de la oficina de regulación de la privacidad en Alemania con sede en Schleswig Holstein, que debe ser un pueblo al norte de los Pirineos -digo yo-, no tiene reparo alguno en llamar al boicot contra WhatsApp ¡porque esta aplicación no incluye una política de protección de datos! Este pobre debe ser -además de político- imbécil. O sea, para comunicarme por WhatsApp debería ser necesario aceptar una política de protección de datos según parece. ¿Que será lo siguiente? Mi cerebro tiene la capacidad de recordar las cosas que usted me dice, y de almacenarlas y de procesarlas para permitirme mejorar mis dotes sociales cuando interactúe con usted. ¿Debo obligarle por tanto a pincharme en un ojo con el dedo índice para que quede claro que usted ha aceptado mi política de protección de sus datos? Hay que joderse…

Dice el tal Weichert que tanto Facebook como WhatsApp (ambas americanas) se han negado a acatar las normativas de seguridad y de privacidad de datos establecidas por la U.E. y yo añado que, como todo el mundo sabe, todo ciudadano de la unión europea es un James Bond en potencia y sus comunicaciones deben ser cifradas en todo momento y protegidas de la vista de los demás por su importancia estratégica mundial.

Creo que más bien somos el Superagente 86 por la continuada gilipollez en que vivimos. De todos modos, lo que debería abrirnos los ojos, lo más interesante de todo este post, es que siendo Facebook tan malvada y WhatApp tan insegura, son nuestras herramientas de comunicación favoritas, y ganan por goleada histórica a las recomendaciones de este burócrata alemán, unas aplicaciones europeas «seguras» llamadas Threema y myEnigma que todo el mundo conoce y utiliza a diario… en el entorno familiar de los desarrolladores.

A lo mejor, Sr. Weichert, lo que queremos usar son herramientas que no se pasen la vida recordándonos la importancia de proteger datos tan trascendentes para el futuro de la humanidad como a qué hora quedamos con otra persona, la foto del último atardecer chulo que hemos hecho, mi receta de cazuela de pescado o el chiste soez de ese amigo que todos tenemos y que nos envía de media dos o tres idioteces diaria vía WhatsApp. Mire, deje de dar por culo creando más y más reglas absurdas que incomodan al usuario y dedíquese a no hacer nada, que últimamente es lo más productivo que espero de ustedes, los políticos.

Que a gusto me he quedado 🙂

Una verdad incómoda

El Mentiroso Rubalcaba
El Mentiroso Rubalcaba

El hecho de que el mentiroso Rubalcaba y sus mentirosos amigos Blanco y Sebastián hayan vuelto a mentir con sus ridículas afirmaciones sobre el ahorro no ha pillado a nadie de sorpresa… por lo menos a nadie que se le ocurra pensar las cosas con cierto detenimiento.

Desmontemos el tema del ahorro y la reducción de velocidad. Partamos de la base de que el director general de tráfico no ha conducido un coche en su puñetera vida, lo cual le hace, ante todo, un auténtico profano en la materia. Habrá quien lo defienda y diga que los muertos en accidentes sean menos cada año. No menos cierto es que cada año los coches son más seguros y disponen de serie de más medidas de seguridad activa y pasiva. Claro que este país ya ha tenido un ministro de defensa que no hizo la mili, una ministra de defensa con tintes separatistas, un ministro de interior electricista y ahora tiene un ministro de fomento que, directamente, no es ni ha sido nunca nada, entre otras lindezas políticas.

Lo cierto  es que las medidas de ahorro del gobierno no son sino una estrategia para dar la impresión de que están haciendo algo. Ahí tenemos al mismísimo (vice)presidente «picándose» con Fernando Alonso. Lo que dice Alonso es absolutamente cierto. Conducir largos trayectos a una velocidad reducida disminuye la concentración, produce modorra y es, en definitiva, peligroso. Lo que le contesta Rubalcaba es información manipulada. Dice que en Estados Unidos el límite es de 110 y que allí no conducen durmiendo. Lo cierto es que en Estados Unidos cada estado marca su límite de velocidad por lo que no hay uno, sino alrededor de 50 límites distintos.

Pero resulta que existen otra serie de diferencias con respecto a Estados Unidos que el mentiroso ha obviado porque son verdades incómodas para nuestra clase política. Veamos unas cuantas:

1. En Estados Unidos se puede hablar por teléfono, por la radio y comer en el coche en la mayoría de estados. Aquí está PROHIBIDO.

2. En Estados Unidos no existe una red de radares autónomos que se dedican a recaudar millones de dólares diarios. Allí te caza un radar, te persigue un policía, te para y te notifica y vas a juicio si no estás de acuerdo, juicio en el que puedes defenderte sin abogado en un cara a cara con el mismo policía que te paró. O sea, tienes ciertas garantías como ciudadano y se presupone tu inocencia. Aquí te llega una carta de pago. En principio, eres culpable si o si.

3. En Estados Unidos existe una red aeroportuaria por la que fluyen infinidad de vuelos regionales de infinidad de compañías regionales. En efecto, además de Delta, Continental, US Airways, American Airlines, Northwest Airlines, Southwest Airlines y demás mega compañías, hay un enjambre de microcompañias que operan aviones regionales para unir destinos cercanos. De este modo, si yo quiero viajar en España desde, por ejemplo, Málaga a Jaén o Málaga a Cádiz, debo hacerlo por carretera por narices. Similares distancias en Estados Unidos se pueden salvar por precios muy razonables en avión desde aeródromos regionales o incluso desde aeropuertos internacionales.

4. En Estados Unidos no existe el carné por puntos. La gente no vive con el miedo de perder el carné. De hecho, cada estado emite su propio carné de conducir, si bien los requisitos para obtenerlos son similares en todos ellos y la edad de obtención suele ser los 16 años. El único que puede retirarte el carné es un juez que estime que tu conducción es peligrosa para el resto de la sociedad. Esto lo hacen habitualmente con gente que es pillada con tasas elevadas de alcohol en sangre. Desde luego, no dejan en manos de radares decidir quién es peligroso y quién no.

5. La red de carreteras de Estados Unidos es mucho más antigua que la española. Sin embargo, le da millones de vueltas en todos los sentidos. Las carreteras tienen arcenes amplios, no tienen quitamiedos metálicos, sino que hay escapatorias siempre por ambos lados de las autovías y autopistas. Lo de los dos carriles habituales de aquí allí se considera carretera secundaria. Tres, cuatro, cinco y hasta seis y siete carriles forman sus autovías y autopistas. La numeración de las carreteras está bien pensada. Aquí hablar de que alguien ha pensado en la nomenclatura de las carreteras es una entelequia. En Estados Unidos las carreteras de 3 cifras son estatales y las de dos son interestatales. Las carreteras pares tienen recorrido Este-Oeste mientras que las impares tienen recorrido Norte-Sur. De este modo, si por ejemplo estamos en la 495, ya sabemos que se trata de una carretera que va Norte-Sur y que no saldremos del estado en que nos encontremos por ella. De ahí que los coches americanos suelan traer brújula de serie, algo que aquí no es habitual.

6. Estados Unidos es un país eminentemente rural mientras que España es eminentemente urbano. Aproximadamente el 75% de nuestra población vive en grandes poblaciones mientras que allí el 75% de la población vive en zonas alejadas de las grandes ciudades. ¿Qué significa esto? Básicamente que con las excepciones de unas pocas grandes ciudades del tipo Nueva York o San Francisco, allí no se producen los éxodos masivos que vivimos aquí con las operaciones «Salida» cada dos por tres. Por lo general, el tráfico de largo recorrido en Estados Unidos es fluido mientras que aquí las carreteras se unen con las circunvalaciones en cada ciudad y la conducción se vuelve estresante por los continuos atascos y retenciones.

7. Pero la falacia más grande, la del ahorro, que es la que todo el mundo se ha tragado, es la más fácil de desmontar. Si los números que da el gobierno fuesen ciertos, que no lo son, esta medida ahorraría 1.400 millones de euros en petróleo importado. Para un país que tiene un déficit comercial de más de 52.000 millones de euros, esto supone un 2% de ahorro. Si lo medimos en términos de déficit comercial con respecto al PIB, supone una bajada del 4,9% al 4,8%, o sea, una reducción del 0,1%. ¿Pero alguien se cree que vayamos a ahorrar 1.400 millones de euros en petróleo? Lo que consume carburante en los vehículos no es mantener velocidades constantes, sino frenar y acelerar de nuevo. Cierto es que Rubalcaba es químico y no físico, pero el concepto físico del «momento» y un poco de mecánica básica bastarle para saber que está mintiendo. Un coche consume mucho más combustible acelerando hasta los 110 o 120 Km/h que manteniendo esa velocidad constante. Por lo tanto, todas las medidas que se tomen para ahorrar combustible deberán ir enfocadas a evitar frenar y acelerar constantemente en las carreteras. Mira por donde, la rápida proliferación de radares y (jodidas) rotondas provoca contínuos frenazos en las calles y carreteras, incrementándose por tanto el consumo de combustible de manera notable. Si alguien lo duda que se pregunte porqué consume un coche más en ciudad donde no pasa de los 40-60 kilómetros por hora que en autopista, donde viaja a 120 o más.

Pero claro, esta verdad es bastante incómoda y es políticamente incorrecta.

Estado de Miedo (y III)

Hay dos frases de Albert Einstein que me gustan por encima de todas las demás: «Todos somos muy ignorantes, lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas» y «Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo». También me gustan muchas frases de Woody Allen y Groucho Marx, en cuya lápida, lamentablemente, no figura el famoso epitafio que le atribuyen que reza «Disculpen que no me levante» que hubiese sido el broche de oro a una vida excelentemente cargada de humor y sarcasmo. Lo que no es una leyenda urbana es el tema de la ignorancia humana al que me refería al citar a Einstein. Independientemente del momento que nos toque vivir, en cada ciclo de nuestras vidas, siempre venimos sometidos al yugo del «Estado de Miedo» impuesto, como ya he repetido, por la clase más ignorante que existe, que es la política.

Tengo que admitir que, puestos a tirar de hemeroteca, las frases de los políticos son mucho más divertidas que las de los genios de nuestra era. La última, destornillante, es la de nuestro presidente admitiendo que «ha descubierto que los parados que reciben cursos de formación están en realidad trabajando para el estado». Menos mal que no le dió por estudiar física o bioquímica porque me asusta pensar que narices hubiese descubierto. No me cabe duda que, fuese lo que fuese, implicaría necesariamente el fin de la sociedad, tal y como la conocemos, y con algún gas de por medio para variar. O sea, el fin de Microsoft y Google, de los Smartphones y las PDAs (espera, creo que estas ya han desaparecido…), de la TDT y de, en general, la mayoría de los acrónimos de tres letras que usamos a diario.

Lo cierto es que la clase política se pasa la vida cambiando los planes de formación públicos. No por casualidad, las generaciones que van surgiendo son cada vez más ignorantes en general. El mejor método que existe para mantener el «Estado de Miedo» es sin duda la paulatina analfabetización de la sociedad. Cuanto menos sepas, más fácil es que te creas mis mentiras. Yo, de hecho, cuando me comparo con mis generaciones precedentes (e incluso a veces con mi misma generación) a menudo me siento bastante ignorante. Ahora bien, cuando miro por el retrovisor, me siento mucho más tranquilo. Si bien es cierto que todos vamos a ser ignorantes siempre, lo menos que se puede hacer es leer un poco y documentarse antes de hablar para no aparentarlo. Cualquiera que hubiese leído datos reales acerca de cualquiera de los miedos que hemos vivido sabría que no estaban sustentados en realidades científicas. Claro que tampoco podemos pretender que todo el mundo lea las revistas de divulgación científica cada vez que salga una noticia en un telediario o sea portada de un periódico. Sin embargo, tenemos una ventaja, al menos en gran parte de occidente, que otras generaciones precedentes no tuvieron, y esta no es otra que la facilidad y velocidad de acceso a la información. Podemos comprobar las noticias, hacer cuentas, leer las de un lado y las del otro, y tomar posiciones propias basadas en el conocimiento adquirido. Todos seguiremos siendo ignorantes, pero cada vez seremos más lo que no ignoramos las mismas cosas, que diría el Sabio.

Pongamos un ejemplo práctico: nuestra Atmósfera. Todo el día escuchando milongas sobre las emisiones de CO2 (dióxido de carbono) y basta una consulta en Google o Bing para constatar que está comprobado y medido que el CO2 representa en torno al 0,046% de la Homosfera, la parte más baja de la Atmósfera, o sea, la que respiramos y en la que vivimos la mayoría, porque yo sostengo que muchos viven en el limbo, que está mucho más arriba, no tiene cantidades significativas de oxígeno y esto, obviamente, les afecta al cerebro. En efecto, nuestra Homosfera está constituida mayoritariamente por nitrógeno (78%) y oxígeno (21%). Es más, tiene una curiosa propiedad: Tiene una composición constante y uniforme. Sin embargo, nos han metido en la cabeza que las emisiones de CO2 producidas por el ser humano son un factor determinante en la destrucción de la ya tan susodicha sociedad actual. Basta indagar un poco en los artículos que van apareciendo en las búsquedas para aprender que una erupción volcánica produce más CO2 que todas las emisiones producidas por el hombre en un año o que, incluso, el ganado mundial produce también más gases de efecto invernadero que el ser humano. Esto último lo han aprendido algunos progres de salón y ya preparan una ley para reducir los ganados a base de prohibir lo que consideran un excesivo consumo de carne que contribuye al cambio climático. Pero de prohibiciones hablaremos otro día.

Otro ejemplo: Todos y cada uno de los documentales y artículos apocalípticos hablan de que el cambio climático elevará el nivel del mar. También se puede hacer una búsqueda acerca del nivel del mar, aunque recomiendo lecturas más gratificantes que la Wikipedia como «Noticias desde un Universo Desconocido» de Frank Schätzing que es en sí la propia historia de los océanos, desde su creación hasta la actualidad. Leyendo de una u otra fuente puede apreciarse que el nivel del mar no es uniforme. No lo es en las orillas y mucho menos en la vasta inmensidad de los océanos. Muy al contrario, sube y baja en función de donde nos encontremos y no me refiero ni mucho menos a centímetros, que es la únidad que estos ignorantes usan para medir sus predicciones, sino a auténticas cordilleras de agua salada. Muchos factores influyen en el nivel de los océanos. A los que argumentan que se está descongelando el Ártico y por tanto está subiendo el nivel del mar habría que mandarlos a clase de física y, a la salida, explicarles que se está congelando el Antártico a un ritmo igual o superior lo que, a priori, garantiza la estabilidad de la ecuación. Pero, de un modo o de otro, hay que aprender sobre lo que realmente hace que esto esté ocurriendo en un polo y en el opuesto, y basta un poco de lectura para constatar que hay muchos elementos que influyen en esto mucho más que el CO2, como por ejemplo la actividad del Sol, que, la última vez que comprobé, no era todavía controlable por el ser humano, ni siquiera con un iPad.

Podría extenderme rebatiendo uno tras otro todos los supuestos efectos del cambio climático y las presuntas causas del mismo, pero no es ese el espíritu de este conjunto de artículos. La idea es llamar la atención sobre el problema del «Estado de Miedo» y buscar una solución. La solución es cambiar. No me refiero a cambiar nuestros hábitos en materia de consumo energético, que es una patochada (aunque pueda ser rentable para el bolsillo viendo que van a volver a subir el precio de la energía eléctrica), sino cambiar nuestros hábitos de asimilación de la información y nuestra eterna creencia en que lo que dicen los políticos (y por ende repiten las noticias y los periódicos como papagallos) son, en gran medida, un conjunto de frases cargadas de ignorancia. Y justo porque abogo por ese cambio de hábito he citado al principio de este post la frase de Einstein. Si queremos que esta situación cambie no podemos seguir haciendo lo mismo. Manteniendo nuestra actitud, creyendo todo lo que dicen los políticos y perseverando en nuestros hábitos de asimilación de la información, no conseguiremos nunca un resultado distinto y, por ende, nuestra sociedad, tal y como la conocemos, cada vez de una manera, estará eternamente abocada a la extinción… o al menos eso nos harán creer continuamente.

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Estado de Miedo (II)

En estos años del cambio climático uno no puede dejar de pensar en las acciones que cada día impulsan los políticos para «concienciarnos» de que debemos dejar un mejor planeta a nuestros hijos del que nosotros mismos nos encontramos cuando llegamos. Desgraciadamente, cualquiera que pueda sumar dos más dos entenderá con bastante claridad que la acción del ser humano por si sóla no puede producir los cambios que los apocalípticos vaticinan.

Parece que ya ha quedado claro que el planeta no se calienta, sino que más bien se enfría. Pero ojo, que el enfriamiento no lo están vaticinando en cientos, ni siquiera en decenas de grados centígrados, sino que los están vaticinando en unidades. Que si un grado más en 25 años, que si grado y medio en 50 años… O sea, estos pseudocientíficos que tienen serios problemas en predecir el tiempo que va a hacer mañana con relativa exactitud nos hablan de cambios de uno o dos grados en el transcurso de las próximas décadas y nosotros, que somos torpes e ignorantes, nos lo creemos. Pero lo mejor, lo que más impacta, es que se atreven a predecir lo que va a ocurrir como consecuencia directa de este cambio en un par de grados durante cinco décadas. Digo que son pseudocientíficos porque en realidad, el tiempo que hará y el climá que esperamos se basa en predicciones no en certezas. O sea, se analizan los históricos y se intenta predecir que ocurrirá en función de lo que ha ocurrido otras veces y de lo que suele ocurrir cuando se dan una serie de fenómenos atmosféricos. Sin embargo, la naturaleza en su conjunto es mucho más que borrascas y anticiclones. La naturaleza es ganado, volcanes, placas tectónicas, flora y fauna en general y un sinfín de factores que, sin duda, alteran el producto y que están, al menos de momento, fuera de nuestro control. Y el ser humano, es un inmensa complejidad, no es sino una pequeña parte de la naturaleza. He oído a idiotas defender que el ser humano es el ser predominante de nuestra época. Obviamente no habían oído hablar de las bacterias.

La clase política en general oculta su mediocridad bajo el «Estado de Miedo». Ya lo dije en el post precedente y ahora lo reitero. Como no tenemos problemas en occidente en general y en España en particular, vamos a dedicarnos a preocupar al currito de turno para que no esté pendiente de nosotros. De este modo, señores ciudadanos, sepan ustedes que lo importante no es la crisis, ni el desempleo, ni la nefasta política europea que axfixia al tercer mundo a base de subvenciones a los productos propios, no, ni siquiera los sindicatos y la patronal son importantes. Lo importante es poner el aire acondicionado a 26 grados, para pasar calor; poner la calefacción a 20, para pasar frío. Cambiar las bombillas de filamento que consumen mucho por las de bajo consumo (hechas con plomo), que son altamente contaminantes pero consumen poco. Lo importante es ir en bicicleta (otra vez!) y no en coche para llegar hecho un guarro al trabajo. Lo importante es apagar los aparatos electrónicos y no ponerlos en «stand-by» vaya a ser que los 0,1 watios que consumen en este estado acaparen la capacidad de toda la red generadora. Lo importante es que, aunque las centrales nucleares no contaminan son supuestamente peligrosas y por tanto generar energía con centrales de combustible fósil o de ciclo combinado es mucho mejor, aunque contamine.

Las energías renovables, hoy por hoy, son deficitarias. Pero eso no es importante, vamos a potenciarlas con tu dinero, pequeño currito, y tu te jodes y pasas calor en verano y frío en invierno porque lo importante es el respeto al medio ambiente, al menos cuando a la clase política le interesa porque para volar en Jet Privado, para llevar coches de gran cilindrada que pagamos todos, para usar miles de toneladas de papel cada año en mitines, carteles y demás, para eso, no hay problema con contaminar. Y claro, luego están las cumbres. Occidente le pide a oriente que cumpla una serie de protocolos para supuestamente preservar el planeta. Pero occidente no se pone en la piel de Oriente. Yo si me pongo. Y me imagino siendo la cuarta generación de unos pequeños comerciantes de una ciudad oriental que, tras esfuerzos y sacrificios durante décadas hemos prosperado algo y hemos podido comprado el primer coche en la familia para sustituir al cansado burro, o quizás el primer aire acondicionado para sustituir al ventilador. Pero ojo, que no debemos ponerlo muy frío en verano ni muy caliente en invierno, vaya a ser que contaminemos mucho. O sea, mi bisabuelo comienza un pequeño negocio, mi abuelo se parte la espalda para continuar con el y darle a mi padre una tiendecita establecida que por ende yo heredo y permite que mi familia viva mejor y, cuando por fin me llega el momento de ser un poco como occidente lleva siendo toda la vida, justo entonces cuando puedo permitirme algunos pequeños lujos, tengo que renunciar a tener coche para viajar por la ciudad, nuevamente, en transporte público y debo pasar calor en verano y frío en invierno porque no es políticamente correcto usar un climatizador.

Pero en nuestro inagotable cinismo pedimos a oriente que nos fabrique a precios bajos los productos que consumimos. El colmo de la desfachatez es cuando mandamos a oriente construir las placas solares que necesitamos para ahorrar energía muy a sabiendas de que la cantidad de energía que algunas de estas placas necesitan en su fabricación es mayor que la energía que producirán en su ciclo de vida. Y no se dejen engañar, el ciclo de vida no es el que el fabricante pone en el papel que entrega, es el ciclo efectivo de duración de la tecnología hasta que es sustituida por otra presumiblemente más avanzada, o ¿acaso si encendiésemos los Amstrad, Commodores y Spectrum ahora estos no funcionarían?

Lo cierto es que la clase política no es profesional. No se trata de gestores con formación. Son meros captadores de votos. Los de un lado, los del otro y los del medio, si bien es cierto que unos más que otros. En realidad se esfuerzan continuamente en crear problemas donde no los hay, aplicando soluciones que a priori saben son inútiles, de manera que perpetúan el problema para creerse necesarios en la búsqueda de una nueva solución y poder perpetuarse en el poder, en cualquiera de ellos, incluso en la oposición. Y, sin embargo, como casi siempre, la solución es mucho más sencilla de lo que parece. Ya lo dijo alguien: No hay problemas complicados sino personas incapaces.

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Estado de Miedo (I)

El principal peligro de pasar muchas horas volando es el tiempo que uno tiene para leer y para pensar. Es justo admitir que unos virajes inesperados, una súbita reducción de potencia durante el ascenso, algún crujido de un tren de aterrizaje poco lubricado o incluso un pasajero que nos parece sospechoso agarrando una bolsa de plástico como si le fuese la vida en ello a veces nos ponen un poco nerviosos, pero al final son circunstancias poco peligrosas. Sin embargo, cuando uno tiene tiempo de leer con la tranquilidad propia de quién sabe que no puede ir a ningún lado durante unas horas, la mente se relaja y se empiezan a enlazar ideas con una facilidad pasmosa. Llevaba tiempo queriendo escribir algo sobre el Estado de Miedo permanente en el que vivimos y finalmente he tenido la oportunidad de enlazar unas cuantas ideas volviendo de Oriente Próximo que me permitan expresar lo que pienso al respecto.

Para los que hayan leído «Estado de Miedo» de Michael Crichton, este post no es más que una continuación de sus ideas finales. Para los que no lo hayan leído, lo mejor que pueden hacer es salir corriendo a comprarlo de inmediato (también sirve una visita rápida a Amazon para encargarlo). Dice Crichton en sus conclusiones del epílogo que vivimos en un permanente «Estado de Miedo» producido por una clase política y burocrática mediocre que centra el foco de atención social en un problema aparentemente apocalíptico para ocultar su propia ineptitud. Pero esto no es una novedad, sino que viene haciéndolo desde hace mucho tiempo. En mi caso puedo constatar como en cada etapa de mi vida ha existido un Miedo Social instaurado y los que sean de mi generación podrán identificarlos rápidamente.

Cuando estudiaba la E.G.B., a finales de la guerra fría, el miedo instaurado era la posibilidad de una Guerra Nuclear. Día si, día también, aparecían personajes en el telediario que estaban construyendo sus refugios nucleares seguros del desastroso final de la sociedad tal y como la conocíamos. Almacenaban agua, víveres, linternas, baterías, gasolina y todo tipo de cosas que se antojaban necesarias para permanecer encerrados en un zulo de hormigón armado durante meses o incluso años. Ahora me pregunto cómo hubiesen sobrevivido sin Internet, sin poder narrar en Twitter su día a día, sin saludar a los amigos en Facebook y sin recibir miles de spams en el correo electrónico. Obvia decir que los bunkers no tenían Wi-Fi porque Wi-Fi ni siquiera era una palabra entonces. El principio del derrumbe del lado «oscuro» acabó en buena medida con la teoría apocalíptica.

Unos años después, conforme se reducía la tensión entre ambos bloques, el problema se trasladó al petróleo. Alguna mente preclara decidió que el petróleo se iba a acabar más o menos en el año 2.000 y que, una vez más, se iba a producir el fin de la sociedad como se conocía entonces, o sea, con pantalones de campana, música disco, pelos a lo afro y con mucha heroína. De esa época datan muchos carriles bici en las ciudades dado que se preveía que los coches no podrían circular por falta de gasolina. Bueno, creo que los Emiratos Árabes Unidos, Venezuela, Canadá y otra serie de países han demostrado que hay petroleo de sobra sin que, afortunadamente, se hayan mantenido los usos y costumbres de los ochenta.

Después llegó el agujero de la capa de Ozono. ¡Pasen al horno que nos vamos a tostar todos juntitos! ¿Cuántos telediarios vimos aquellos días abriendo con la noticia estrella? ¿Cuántas fotos de satélite (que en aquella época eran una novedad) ¿Cuántos gráficos y opiniones de los expertos, documentales y predicciones? Bien, tras cambiar el gas impulsor de todos los aerosoles del mundo, tras cambiar el gas de todos los compresores de coches, aires acondicionados, neveras, etc. nos dimos también cuenta de que el agujero de la Capa de Ozono no era algo nuevo, producido por el hombre, sino que por el contrario había indicios de que databa, al menos, de la época de Jesucristo y que, para colmo, no se creó por acción del ser humano sino de la propia naturaleza. Cuando uno se para a pensarlo, sólo un ser humano puede ser tan pretencioso como para pensar que cada vez que se lubrica con un poco de Axe está inexorablemente acabando con la sociedad tal y como se conocía entonces, o sea, con peinado a lo Steven Seagal y coleta, pantalones ajustados, gafas de aviador (que parece que han vuelto) y demás.

Mientras si, mientras no, llegó el año 2000 y el terrible efecto 2000! Aviones que iban a dejar de funcionar en pleno vuelo, ordenadores que perderían todas las finanzas de todos los organismos de la tierra, relojes que dejarían de contar, sistemas telefónicos que se apagarían sin más, y un sin fin de predicciones enfocadas, como no, al fin de la civilización como la conocíamos entonces.

Ya con uno de mis hijos en el mundo me ha tocado vivir también la panochada del calentamiento global, el palo de hockey invertido y los gases de efecto invernadero. Uno se preguntaría facilmente si detrás de toda esta histeria colectiva no hay un fabricante de gases porque de un modo u otro, siempre hay un gas de por medio, pero claro, se expondría a ser adecuadamente catalogado como paranóico. No malgastaré palabras para rebatir todas las estupideces al respecto del calentamiento global pero si dejaré claro que la historia reciente nos ha demostrado que nuestro planeta, lejos de calentarse, parece que se está enfriando. Pero como las mentes preclaras necesitaban vaticinar, una vez más, el fin de la sociedad tal y como la conocíamos entonces, no fue suficiente con demostrar que la teoría era incorrecta. No se preocupen que ya llegamos. Estamos en el presente: Bienvenidos al Cambio Climático!

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