País de Mierda

Hace ya tiempo que se lanzó la campaña «País de Mierda» desde Israel. Para quién no la conozca, recomiendo una breve visita a http://www.paisdemierda.org . Hoy he vuelto a echarle un vistazo al video y he vuelto a jugar al juego que proponen al final del mismo. No es casualidad. Nos hemos levantado con la noticia de que Ahmedineyad planea visitar el Líbano próximamente y, como parte de su visita cultural, piensa acercarse a la Puerta de Fátima para lanzar piedras al puesto fronterizo de Israel. Cierto es que que dicho enclave es una atracción turística más de la región y muchos famosos, actores incluidos por supuesto, van allí a lanzar piedras a Israel. No nos extrañe pues que Willy Toledo o cualquier otro imbécil de por aquí se una a la comitiva de tan diplomático personaje.

Yo tengo clara la solución, igual que la tenía cuando Ahmedineyad visitó el otro día la sede de Naciones Unidas, muy cerca de la Zona Cero, para decir, el muy anormal, que el 11-s había sido perpetrado por Israel con la ayuda de Estados Unidos. Se le pega un tiro en la cabeza, bien centrado entre ceja y ceja, y un hijoputa menos en el mundo. Claro que con el buenismo instaurado en occidente lo de pegarle un tiro en la cabeza a un tipo en la ONU no estaría muy bien visto. Sin embargo, ahora la oportunidad se pinta clara.

Lo que tiene que hacer el ejército Israelí es sustituir ese día a sus guardias fronterizos por los dos mejores francotiradores que tenga. De este modo, ambos aguardarían apostados en la garita con sus fusiles de precisión listos y, en el momento en que este capullo tire la piedra, o sea, les ataque, meterle dos tiros, ambos en la frente. Es seguro que los telediarios abrirían acusando al estado de Israel de asesino, pero como de todas maneras estamos acostumbrados a la misma mierda todos los días, ¿Qué diferencia habría? Pues esa, la que he dicho antes, un hijoputa menos en el mundo.

Sin comentarios
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Otro hecho positivo es que Zapatero perdería a uno de sus aliados en la mamarrachada de las civilizaciones. Ya sólo le quedarían Chavez, Castro y el Marroquí. Pensándolo bien, lo que tendría que hacer Zapatero es ponerse su pañuelo palestino e ir con sus colegas a acompañar a Ahmedineyad a lanzar piedras. Después de todo, puede que a alguno de los francotiradores se les escapara algún disparo y, con esta crisis, no es cuestión de andar malgastando munición.

Ayer hablaba de prohibiciones y me apunto como pendiente el hablar de vejaciones. No hace falta ser demasiado listo para saber que una gran parte de las vejaciones que se producen en el mundo vienen precisamente de algunos de los países de Oriente Medio, o sea, los que están cerca de Israel, el único Estado Democrático de la zona.

http://www.paisdemierda.org

Fútbol Mundial

Resulta cuanto menos curioso que en estos días que llevo en el Próximo Oriente haya visto más partidos de fútbol que en lo que llevamos de temporada y pretemporada. Además, todos los partidos que he visto han sido de equipos españoles. No sólo Real Madrid y Barcelona, que sería lo típico, sino también Sevilla, Getafe, Málaga, Osasuna, Valencia, Atlético de Madrid, Racing de Santander, Bilbao, y, en definitiva, casi todos los partidos del fin de semana y de la jornada que ha habido entre martes, miércoles y jueves.

Tanto en Siria como en Jordania (al menos en los hoteles) se recibe un canal Árabe que emite íntegramente la LFP durante las 24 horas del día. Ignoro si es de pago o gratuito, pero desde luego en cuanto llegue a Casa me pongo a buscarlo en mis dos parabólicas.

En cualquier caso, no es lo único relacionado con el fútbol que tengo que contar. Lo cierto es que las típicas preguntas de otros lugares cuando te identificas como Español aquí son distintas. Normalmente al identificarte como Español en otros países en que he estado te preguntan si eres de Madrid, de Barcelona, de Sevilla o de cualquier otra capital. Por esta zona te preguntan directamente si eres del Real Madrid o del Barca. Además, que te lo pregunte un cosmopolita de Damasco o Aman puede ser comprensible, pero que te lo pregunten, como ha sido el caso, los descendientes de los Nabateos que viven en las inmediaciones de la grandiosa Petra es algo que, francamente, no esperaba. No saben decir dos palabras en Castellano, pero te recitan las alineaciones de gala de Mourinho y Guardiola de carrerilla.

Esto no viene sino a demostrar que por encima de razas, creencias religiosas, tendencias políticas y orientaciones sexuales existe un tema de máxima importancia que es común a todo el mundo: El Fútbol.

Anoche, que dormimos en un Marriot en el Mar Muerto, vimos que tenía entre sus restaurantes un Sports Bar del tipo Norteamericano y nos temimos que estuviesen poniendo algún partido de la NFL, de la NBA o incluso de la NHL. Por contra, a las ocho y media hora local, estaban ya todas las pantallas preparadas para dar en directo el partido del Real Madrid. Vale que fue una desilusión y algo tostón, pero fue emocionante tomarse una Corona con su rodajita de lima, picar unos Nachos y unas Buffalo Wings con Blue Cheese en un Bar Norteamericano de una cadena hotelera de la misma nacionalidad a 383 metros bajo el nivel del mar en plena Jordania con vistas directas a Israel al otro lado del Mar Muerto mientras veíamos a Higuain fallar una tras otra en un gran plasma.

Marriot Mar Muerto
Marriot Mar Muerto bajo el nivel del Mar

Entre dos Culturas

No me cabe duda que históricamente este artículo debería llamarse «Entre tres Culturas» pero desgraciadamente puedo dar fe de que el título refleja la cruda realidad. Mis primeras veinticuatro horas en Damasco crean en mí sentimientos encontrados. Por un lado puedo confirmar que efectivamente se trata de un lugar históricamente privilegiado. No por casualidad es sencillo encontrar vestigios Romanos, Bizantinos y de distintas dinastías árabes por toda la ciudad. Si bien desgraciadamente no todos estos restos están en buen estado de conservación, es justo indicar que, al menos, aparentemente, tratan de preservarlos lo mejor que pueden.

Por otro lado, leía antes de mi viaje que el gobierno Sirio había prohibido a las profesoras de colegio vestir el Burka mientras estuviesen en su lugar de trabajo, lo que para mi significaba una apertura hacia occidente en un esfuerzo por «modernizar» la sociedad pues nadie puede negarme que cubrir a una mujer de pies a cabeza y de manera integral no es, además de un crimen estético, un ejercicio de rancio machismo.

Esta iniciativa junto con la definición propia del país extraida de su constitución («República Democrática, Popular y Socialista, basada, entre otros, en los principios de igualdad ante la ley, libertad religiosa y propiedad privada») me dieron antes de partir hacia Damasco una idea del país que me iba a encontrar. Imaginé un país mayoritariamente musulmán pero en que otras culturas y religiones eran bienvenidas y respetadas.

La primera en la frente. Ya estábamos advertidos de que no se puede entrar en Siria si se ha estado en Israel. Para mi esto no era un problema. Sin embargo, al llegar al punto fronterizo en el aeropuerto descubrí rápidamente que no haber estado en Israel no es suficiente. Además de preguntarme, examinaron con lupa -y no hablo en sentido figurativo- todos y cada uno de los sellos de mi pasaporte. Baste decir que tengo 31 de las 32 páginas del pasaporte ocupadas con distintos sellos de todos los países que he visitado en los últimos años. Esto se tradujo en una inspección de cerca de 10 minutos de mi pasaporte, lo que no concibo sino como una enfermedad de los políticos que han creado esta norma.

La segunda cosa que ha llamado mi atención es que en una calle del zoco hay una plancha metálica de dimensiones descomunales atornillada en el suelo con la bandera de Israel. El objetivo no es otro más que asegurar que todo el mundo que pasea por el mercado «pisa» la bandera de la nación judía.

Ni siquiera en Indonesia, el país con mayor población musulmana del mundo, he visto algo similar. A mi me parece razonable (no diré que me parece bien) que determinada nación no se lleve bien con otra nación por los motivos que sea, pero me parece tremendo que se inculque este odio al ciudadano de a pié. Y esto, aunque la política me advertía de lo contrario, no es algo que me esperaba. Después de todo, en la ciudad de Damasco conviven junto con el 90% de musulmanes un 10% de cristianos que tienen sus iglesias y profesan culto en libertad, por lo que obviamente no se trata de un problema religioso sino más bien social. Por lo tanto, un error de bulto, pues juzgar a toda una sociedad sólo por ser ciudadanía de un país concreto es algo que tiene bastante poco sentido.

La tercera cosa que me ha llamado la atención es algo que no sabía y es que los musulmanes (al menos los de aquí) de aquí si creen en Jesucristo pero piensan que no fue crucificado sino que subió a reunirse con Dios y volverá al final de los tiempos. ¿Cómo se digiere esto siendo Jesucristo Judío sin antes admitir que son tres las culturas que aquí conviven? Difícil.

La Gran Mezquita vista desde fuera
La Gran Mezquita vista desde fuera