Periodismo Basura
Periodismo Basura

Recuerdo siempre con cariño uno de los primeros acuerdos mercantiles que firmé. Recién instalado en Málaga tras pasar bastante tiempo en Estados Unidos monté una empresa de Telecomunicaciones con bastante ambición, mucha ilusión y pocos recursos. Coincidía con la liberalización del mercado de las telecomunicaciones es España así que era relativamente fácil hacerse distribuidor de una serie de fabricantes que veían como sus carteras de clientes, siempre encabezadas por Telefónica, crecían y les permitían crear una red de distribución que llevase sus productos a muchos más clientes de lo que estaban acostumbrados hasta entonces. El caso es que, para los auriculares, seleccionamos a Plantronics (y ellos a nosotros) y nos convertimos en distribuidores suyos a través de su empresa comercializadora. Conforme cerramos el acuerdo, pedí a mi departamento de comunicación -en aquella época una persona que hacía de todo- que redactase una nota de prensa y la enviase a las agencias y los medios relevantes. Para redactar la nota, «el departamento» se basó, como es lógico, en información tanto de nuestra empresa como de Plantronics. La nota era clara y describía el acuerdo al que acabábamos de llegar para vender sus productos. Entre la información suministrada venía una completa información sobre el fabricante incluyendo una reseña que hacía referencia a que Plantronics suministraba auriculares incluso a la Nasa para sus vuelos espaciales.

A la mañana siguiente, hicimos revisión de prensa, para ver quién nos había publicado. El diario Expansión publicó una nota (debo tener el recorte en el trastero) en la que venía a decir que nuestra empresa había firmado un contrato con la Nasa para desarrollar auriculares para sus misiones espaciales. Aparentemente, Efe le había pasado sólo un extracto de nuestra nota original y, en el corta-pega, el refrito acabó siendo un completo desaguisado.

Lo cierto es que, de un tiempo a esta parte y cada vez con mayor frecuencia, las redacciones y ediciones de los medios hacen de todo menos redactar y editar. Si uno hace un repaso diario a los medios se encuentra con todo tipo de incorrecciones, afirmaciones absurdas, y, por un motivo que no logro entender dado el sinfín de herramientas disponibles, un montón de faltas de ortografía y gramática.

La velocidad a la que los medios están procesando y publicando la información hace que no puedan ni siquiera pararse a leerla ellos mismos. El mismísimo Matías Prats, que cuenta con todo mi respeto como profesional y cuyas noticias trato de ver cada noche, ha llegado a leer noticias que no tenían sentido. Y digo leer, porque si las procesase antes de salir en antena, a buen seguro se daría cuenta de lo que dice en ocasiones. Recuerdo que, con ocasión de una de las muchísimas huelgas de controladores y en vísperas de la celebración de un partido de fútbol de la Champions League, la noticia que dio fue que el vuelo que llevaba a los hinchas Españoles a tierras Italianas se había cancelado y los 3.000 aficionados Españoles no habían podido acudir a la cita. Esto huele a refrito de dos noticias, una sobre un vuelo cancelado y otra sobre el tamaño estimado de la afición que iba a desplazarse a Italia.

Si miramos el diario Marca hoy mismo en Internet, de entre todos los artículos existentes sobre las declaraciones de Jorge Lorenzo tras la disputa del GP de Japón, podremos encontrar dos que se contradicen frontalmente. No se trata de opiniones, sino de supuestas declaraciones del piloto Español. En unas viene a decir que Rossi estuvo impresionante y le ganó el mano a mano con merecimiento y en la otra dice que el Italiano jugó sucio y le ganó de una forma poco deportiva. ¿Cúal es la cierta? Todos sabemos que Lorenzo habla más de la cuenta, pero ¿realmente ha dicho una cosa y justo lo contrario en el mismo momento? Viniendo de Lorenzo puede ser, pero lo dudo.

En su libro «Next», que recomiendo encarecidamente, Michael Crichton aborda este tema en detalle usando ejemplos reales de cosas que se han publicado en grandes medios de comunicación. En concreto, en lo que profundiza es en que se publica todo sin comprobar las fuentes ni la veracidad de la información. Ataca al viejo principio que reza «no dejes que la verdad arruine una buena noticia». Pero lo más curioso del libro es que si se hace una búsqueda en Internet sobre su sinopsis, la mayoría de los resúmenes del libro no han captado el argumento. Los lectores que escriben sobre el libro hablan de «los últimos descubrimientos científicos que el autor aborda en el libro». En realidad, no son descubrimientos científicos, sino artículos erróneos que ha recopilado, como he dicho antes, en los principales medios de comunicación mundial. De este modo (no voy a joder a quién se quiera leer el libro, es simple sentido común), ni se ha descubierto una especie de orangután en Borneo capaz de hablar, ni se han dado casos de personas con un gen especial que les hace auto-curarse de cáncer, ni se han avistado tortugas manipuladas genéticamente con publicidad de mega corporaciones en sus caparazones creada en laboratorios a nivel molecular con materiales bioluminiscentes, ni los científicos han conseguido aislar el gen de la madurez y lo han hecho inhalable, ni hay un loro en California que razona y suma, ni en general, nada de lo que cuenta es cierto, aunque todo haya sido publicado previamente en los medios. Todo es una larga lista de tonterías escritas en diversos medios que el autor ha usado para demostrar (y lo ha conseguido con creces) que la gente se traga todo que todo lo que se escribe en los medios. Crichton, magistral, sabía que con sus estudios de medicina, su fama de investigador y su larga carrera como escritor de ciencia ficción basada en teorías reales, la gente no lo pondría en duda. Por eso escribió el libro a modo de demostración. Hoy, años después, se puede leer por todo Internet todo tipo de discusiones acerca de las falsas teorías postuladas en el libro. Sin embargo, lo más sencillo que es ir a su web (www.michaelcrichton.com) y leer sus propias sinopsis así como los magníficos discursos que ha dado en diversos foros acerca de las motivaciones que le han llevado a escribir cada libro, es precisamente lo que nadie se preocupa en hacer.

Hace relativamente poco, el 9 de Noviembre de 2008, en un vuelo de Málaga a Madrid leía a doble página en El Mundo que Michael Crichton había fallecido en su casa de Los Ángeles tras una larga batalla contra el cáncer. La doble página biográfica hablaba del «altísimo escritor de 2,60 metros de estatura». Ni que decir tiene que, aunque alto, Crichton no medía 2,60 metros. Su propia muerte vino a certificar su teoría.