La civilización occidental sufre una epidemia sin precedentes de enfermedades cardiovasculares y de diabetes tipo 2 que hace unos cien años eran dolencias prácticamente desconocidas en nuestra sociedad por ser poco habituales. Desafortunadamente, como en muchos otros aspectos de nuestra vida, estas epidemias son producto de la inagotable capacidad de la mayoría de los políticos para estropear todo lo que tocan. En efecto, la recomendación inicial de reducir el consumo de grasas -ese principio que muchos médicos abrazan como la solución a la mayoría de los problemas de salud- no proviene de un estudio científico ni está basada en ciencia reconocida alguna. Al contrario, como descubriremos en este artículo, es la recomendación de un comité político formado por varios senadores norteamericanos y que, más tarde, con la misma poca base científica, dio lugar a la pirámide nutricional que tristemente todos conocemos.

A principios del siglo XX, los médicos no estaban familiarizados con las enfermedades cardiovasculares. En las universidades, poco o nada se enseñaba sobre ellas. Esto no debe extrañar a nadie dado que en aquella época, las muertes por enfermedades cardiovasculares eran meramente anecdóticas. No es hasta 1920 que empieza a verse un aumento de estas enfermedades;  a partir de 1950 se consideran de manera oficial en los Estados Unidos como una epidemia. Lo cierto es que las cifras de muertes por enfermedades cardiovasculares están ligeramente alteradas por dos factores. En primer lugar, hasta la década de 1920 no se inventó el electrocardiograma, por lo que es posible que algunas muertes antes de esa fecha también se debieran a problemas cardiovasculares previos y, en segundo lugar, con la llegada de la penicilina, muchos casos que hubiesen supuesto muerte por infección fueron resueltos resultando en una expectativa mayor de vida y, por lo tanto, resultando a largo plazo en un incremento de las muertes por problemas cardiovasculares. Aun así, ninguno de estos dos factores altera las cifras de manera tan considerable como para no admitir que los casos de enfermedades cardiovasculares vienen creciendo incesantemente desde la segunda mitad del siglo pasado en todo el mundo occidental. Esto es fácilmente comprobable al comparar muertes por enfermedades cardiovasculares en pacientes entre 40 y 50 años y comprobar que, desde 1950 en adelante, los casos no han hecho más que multiplicarse.

Gráfico Estudio Observacional Ancel Keys
FIg. 1 Gráfico Estudio Ancel Keys

En 1.969, el querido y admirado expresidente norteamericano Dwight D. Eisenhower murió de un infarto masivo y, en ese momento, la casta política norteamericana cambió su percepción de las enfermedades cardiovasculares y las consideró epidemia de primer nivel. Unos años antes, en 1953, un bioquímico norteamericano llamado Ancel Keys publicó un estudio observacional basado en datos de seis países, en el que asociaba el consumo de grasas con los ataques al corazón. Estos seis países eran Japón, Italia, Reino Unido, Canadá, Australia y Estados Unidos, y el gráfico que asociaba el mayor consumo de grasas con el incremento de casos de ataques al corazón es el de la arriba a la izquierda.

Gráfico usando los 22 países + 6

El gráfico sobre estas líneas es del mismo estudio, pero incluyendo los 22 países de los que Ancel Keys tenía datos y, en rojo, para sorpresa mayúscula de muchos lectores supongo, las cinco sociedades que más porcentaje de grasa consumen en su dieta con incidencias mínimas o inexistentes de enfermedades cardiovasculares.

De hecho, si escogemos manualmente seis países del grupo de 22, del mismo modo que hizo Ancel Keys, podríamos obtener los resultados contrarios de este modo:

Seis paises seleccionados
6 paises seleccionados a dedo – A más grasa, menos muertes por infarto

O de este otro modo:

Otros seis paises distintos
Otros seis paises distintos

En estos gráficos se observa claramente que, a mayor consumo de grasa, menores casos de muertes por enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, esta es la misma clase de pseudociencia basada en estudios observacionales con datos sesgados que practicaba Ancel Keys, y no voy a usarla ni siquiera para defender lo contrario a lo que el propuso, pese a que como puede verse, está también al alcance de cualquiera que use Excel en su ordenador. El análisis de los datos no sólo fue aberrante porque eliminó los datos de los países que no le servían para validar su teoría, sino que incluso de los datos de los seis países con los que trabajó, eliminó otra serie de datos que hubiesen servido para postular otras teorías alternativas a la suya. Por ejemplo, el mismo gráfico de Keys con sus seis países es válido si tomamos en cuenta, en lugar del consumo de grasas, el consumo de azúcar. Del mismo modo que Keys hizo una asociación entre el consumo de grasa y las muertes por enfermedades cardiovasculares, pudo haberla hecho entre las muertes y el consumo de azúcar, porque disponía de los datos y eran igual de vistosos en un gráfico. Sin embargo, no servían para apoyar su teoría y por ello los despreció.

Esta pseudociencia es la que encumbró a Ancel Keys como el padre de la hipótesis de los lípidos, que son los dos principios que desgraciadamente todavía son aceptados hoy y que escuchamos a los médicos repetirnos como loros con la ayuda de los anuncios de productos alimenticios que torticeramente prometen salvarnos y alargar nuestras vidas:

  1. Las grasas saturadas elevan el colesterol
  2. El colesterol elevado obstruye las arterias

Estas afirmaciones, como veremos a continuación, son tan falsas como el estudio del que provienen inicialmente.

Unas décadas antes de que Ancel Keys publicase su estudio, otro científico llamado Winston A. Price se dedicó a recorrer el mundo analizando las costumbres nutricionales y los efectos en la salud de estas costumbres de cantidad de sociedades alrededor del mundo, y la conclusión a la que llegó fue bien distinta a la de Keys también. Price descubrió que las sociedades que evaluaba no sufrían de incidencias de diabetes o enfermedades coronarias hasta que introducían en su dieta el azúcar y las harinas refinadas. Pero lo que más echa por tierra las absurdas conclusiones de Ancel Keys son los datos acerca del consumo de grasas en países como Estados Unidos. En efecto, desde 1940 hasta la actualidad, el consumo de grasa animal en los Estados Unidos no ha hecho más que bajar de manera espectacular, tocando su mínimo en 1996 mientras que las enfermedades coronarias no han hecho más que aumentar, tocando su máximo en la década de los 90 también. Sospechoso, ¿no?

Portada de Time Magazine
Portada de Time Magazine

Pero lo cierto es que nada de esto fue tenido en cuenta cuando Ancel Keys acabó en la portada de Time Magazine y en el consejo de la Asociación Americana del Corazón, que fue la pionera en recomendar erróneamente la reducción del consumo de grasas. Lo peor del tema es que a la par que la teoría de Keys era abrazada por todos, se llevaron a cabo una serie de estudios, esta vez clínicos y no observacionales, para comprobarla. Uno de esos estudios, de finales de los 50, es el estudio dietario Prudent, consistente en dos grupos aleatorios uniformes, uno de ellos con una dieta baja en grasas basada en aceites vegetales y otro grupo con una dieta normal, basada en grasas animales. El resultado es que el grupo que siguió la dieta baja en grasas redujo su colesterol en 30 puntos de promedio, sin embargo, no redujo sus incidencias cardiovasculares. En 1965, el estudio clínico Lancet en Gran Bretaña mantuvo a un grupo con una dieta baja en grasas animales que permitía como máximo 1 huevo, 85 gramos de carne y 50 ml de leche al día mientras que mantuvo un segundo grupo con su dieta habitual. En este caso, también redujo el colesterol del grupo en 30 puntos de promedio, pero tampoco hubo cambio alguno en la incidencia de enfermedades cardiovasculares.

En 1965, también en Gran Bretaña, se publicó un estudio más ambicioso. Tres grupos compuestos por hombres que ya habían sufrido un infarto con el objetivo de analizar la incidencia de la grasa en los casos de segundos infartos. El primer grupo usó como base nutricional lípida el aceite de maíz, una grasa polinsaturada. El segundo grupo usó el aceite de oliva, una grasa monoinsaturada y el tercer grupo utilizó grasa saturada animal. El resultado fue que al final del estudio, el 52% de las personas con dieta basada en grasas poliinsaturadas (aceite de maíz) seguía viva. El 57% del grupo que basaba su dieta en las grasas monoinsaturadas (aceite de oliva) seguía vivo. Sorprendentemente para algunos, el 75% del grupo de las grasas saturadas animales consiguió sobrevivir.

En 1969 se publicó el estudio Coronario de Minnesota en el que se demostró que el grupo que siguió una dieta baja en grasas con muy pocas grasas saturadas y rica en verduras sufrió más ataques al corazón que el grupo alimentado de manera tradicional.

Pero la madre de todos los estudios, con un presupuesto de 115 millones de dólares, una participación de 12.000 sujetos masculinos y realizado por el Instituto de Salud Nacional de los Estados Unidos, publicado en 1970, arrojó datos aún más sorprendentes. El estudio se basó en un grupo que mantuvo sus costumbres normales y otro grupo que adoptó una dieta baja en grasas, evitando las carnes rojas, restringiendo el consumo de colesterol y recibiendo ayuda para dejar de fumar. El primer resultado que se obtuvo, que sentó la base de otra campaña, fue que las personas que dejaron de fumar sufrieron menos ataques al corazón que aquellos que no lo dejaron, independientemente del grupo en que se encontrasen. Sin embargo, al comparar ambos grupos, fumadores con fumadores y no fumadores con no fumadores, el grupo sometido a la dieta baja en grasas, con la restricción de carnes rojas y colesterol, sufrió más ataques al corazón que el grupo que mantuvo su dieta normal.

Podríamos seguir mencionando estudio tras estudio todos aquellos que no encajaban en la teoría de Ancel Keys, pero creo que es suficientemente ilustrativo mencionar que existían pruebas irrefutables por todos lados de que la teoría no era correcta.

Sen. George McGovern
Sen. George McGovern

Entonces, ¿como es posible que una idea tan disparatada, no corroborada con un solo estudio clínico (recordemos que Ancel Keys se basó en estudios observacionales, no en estudios clínicos), haya llegado con tanta fuerza hasta nuestros días? La respuesta está en los políticos. En la década de 1970 se creó un comité del senado de los Estados Unidos, capitaneado por el senador George McGovern. Su misión era investigar la malnutrición. No resulta sorprendente que un comité de políticos decidiese aumentar sus propios poderes iniciales y, además de investigar, se dotase del poder de crear y promocionar los planes nutricionales de todo un país.

De este modo, el comité creó el Informe McGovern que promovía:

  1. Reducir el consumo de grasas
  2. Cambiar la ingesta de grasas saturadas a grasas vegetales
  3. Reducir el colesterol al equivalente a un huevo al día como máximo
  4. Comer más carbohidratos, especialmente los provenientes de granos

Como todos sabemos, este informe sirvió como base para crear la Pirámide Alimenticia de la USDA, que es la base de la nutrición moderna. Esto, que suena muy técnico y muy moderno, es una aberración en sí porque la pirámide tiene una amplísima base de granos y cereales y, para quien no lo sepa, USDA significa Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (United States Department of Agriculture), y su misión, como cualquiera puede sospechar, es el fomento de la venta y consumo de los productos de la agricultura norteamericanos, tradicionalmente los granos y los cereales. ¿Le sorprende? Pues espere, aún hay más.

También sería lógico pensar que si el informe McGovern incluía estas pautas nutricionales, este informe estaría respaldado por una serie de científicos que habrían testificado a favor en el comité . Sin embargo, el famoso John Yudkin testificó que el verdadero causante de la epidemia de diabetes y enfermedades cardiovasculares era el azúcar. Peter Cleave testificó que el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes eran enfermedades de la era moderna y era absurdo culpar a los alimentos milenarios de los males de la civilización actual. Cleave dijo que si había que mirar la nutrición como fuente del problema, habría que mirar los alimentos modernos como el azúcar y las harinas refinadas. La Asociación Médica Americana (AMA) dijo que la evidencia que proponía el informe no era concluyente y por lo tanto era probable que hubiese potencial para producir efectos negativos en la salud de las personas si se producía un cambio radical a largo plazo en el plan nutricional de la sociedad. Vamos, lo que ha venido a ocurrir. Por último, el director de la Academia Nacional de Científicos en Estados Unidos (NAS), Phillip Handler, testificó ante el comité: “¿Qué derecho tiene el gobierno federal para proponer que la sociedad norteamericana realice un vasto experimento nutricional con sus miembros como sujetos con la base de tan poca evidencia científica?”. Poco sabía el pobre Handler que, en realidad, el experimento se iba a contagiar cual plaga a casi todo el mundo civilizado de la mano de las compañías de alimentos Norteamericanas.

Pero McGovern era un fiel seguidor de la teoría de los lípidos, principalmente porque era lo que su propio médico le había recomendado y no porque la hubiese investigado el mismo, y, en un video que quedará para los anales de la historia, le contestó a Phillip Handler y al resto de científicos que pidieron más tiempo para investigar y obtener resultados consistentes antes de dar las nuevas pautas nutricionales a la sociedad norteamericana que “los senadores no tenemos el lujo del que disponen los investigadores que es esperar el tiempo suficiente hasta que lleguen las pruebas concluyentes que confirmen una teoría”. La típica estupidez de un político imponía su criterio por encima de las pruebas realizadas por los científicos. De modo que los efectos perniciosos de la grasa saturada se convirtieron en política nutricional porque los senadores no tenían tiempo para esperar que llegara la evidencia científica. Esto que parece una decisión banal tuvo unos efectos mucho peores de lo esperado, y no me refiero sólo a los efectos para la salud, sino a efectos científicos.

Logotipo de la AMA
Logotipo de la AMA

Al convertirse la Hipótesis de los Lípidos en política de estado,  tanto el gobierno Norteamericano como la Asociación Americana del Corazón soportaban abiertamente esta teoría, y resulta que entre ambos organismos disponían del 90% de los fondos dedicados a la investigación cardiovascular. No es difícil predecir la dirección que, desde ese momento, iban a tomar todos los estudios que pretendiesen obtener financiación: todos y cada uno de ellos se encaminó a demostrar que la hipótesis de los lípidos era certera.

El científico norteamericano George Mann escribió en el New England Journal of Medicine en 1977 que la hipótesis de los lípidos era el mayor timo científico del siglo y que, disentir de la hipótesis significaba perder los fondos para la investigación. El investigador Gary Taubes escribió mas tarde “Los nutricionistas sabían que si sus estudios fallaban en apoyar la postura gubernamental en la hipótesis de los lípidos, los fondos irían a parar a estudios que si la soportaran”. El Doctor Peter McColley, investigador de Harvard, escribió un artículo titulado “Algo distinto al colesterol tiene que estar causando esta epidemia cardiovascular”. En ese artículo, venía a decir que Harvard, que apoyaba la teoría del gobierno y el propio gobierno, que financiaba los estudios de Harvard, estaban equivocados. Para agradecerle su integridad científica en la búsqueda de la verdad, la universidad de Harvard le quitó sus becas para investigación y le forzó a dimitir de su puesto. Y pese a tener un historial científico inmejorable, le costó más de dos años encontrar otro trabajo de investigación porque, como más tarde descubrió, Harvard le había incluido en una lista negra de científicos no maleables. Esto es lo que le ocurre a los científicos que no bailan al son de los políticos.

Portada Revista Time
Portada Revista Time

Por aquel entonces, la hipótesis de los lípidos ya se daba como buena y la revista time le dedicaba la portada con un artículo titulado “Se prueba que el colesterol es mortífero y nuestra dieta ya nunca será igual”. La prensa pasó de hipótesis a realidad una teoría con una simple portada en una revista. Pero la evidencia científica en que se basaba la revista Time para afirmar que se había comprobado la relación causa-efecto entre el colesterol y las enfermedades cardiovasculares era que en 1984 se había lanzado una droga al mercado que rebajaba el colesterol a los pacientes con colesterol alto genético y se había reducido ligeramente la incidencia de muertes por ataques al corazón en estos pacientes. Al analizar el estudio científico que soportaba esta nueva prueba, podemos comprobar los siguientes datos: El estudio, basado en dos grupos, uno al que se le administraba Cholestyramine y otro al que se le administraba placebo, tuvo un alcance de 3.000 sujetos durante 10 años. En el grupo del medicamento, ocurrieron 30 muertes por ataques al corazón y un total de 68 muertes. En el grupo del placebo, 38 muertes por ataque al corazón y 71 muertes en total. Usando un poco de matemáticas básicas se puede comprobar que la diferencia global en muertes por ataques al corazón es del 0,49%, ¡menos del 1%! entre los que tomaban el medicamento y los que no lo tomaban. Una diferencia despreciable sin duda. Sin embargo, en el artículo de la revista Time se podía leer que el Dr. Basil Rafkind, basándose en este estudio, decía “la evidencia científica contenida en el estudio indica poderosamente que cuanto más bajes el colesterol y las grasas en tu dieta, más se reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular”. Obviamente, este Dr. Rafkind no ha pasado a la historia como ejemplo de independencia científica. En realidad, el Dr. Rafkind acababa de inventar una modalidad científica llamada Teleoanálisis, de muy limitada utilidad en este caso, al asociar un estudio de un medicamento con nula capacidad curativa con una dieta.

Lo que la revista Time no decía en su artículo era que la primera generación de medicamentos para bajar el colesterol nunca vio la luz porque el estudio clínico de la primera droga sintetizada que bajaba el colesterol, el Clofibrate, tuvo que suspenderse a mitad de camino al haber producido la muerte al 47% del grupo que la estaba tomando.

De este modo, tras el artículo de Time, en la mitad de la década de los 80 estallaba el boom por los productos bajos en grasa, desnatados o productos light, que desafortunadamente persiste hasta nuestros días incluso en España.

Pero, si por cualquier motivo que escape a mi conocimiento, la hipótesis de los lípidos fuese correcta, resulta razonable pensar que este patrón lo encontraríamos en cualquier lugar del mundo. Pues no, ni por asomo. Para empezar, tenemos la paradoja francesa: comen el doble de grasas saturadas que los norteamericanos, cuatro veces más mantequilla, tres veces más cerdo y un 60% más de queso. Sin embargo, tienen aproximadamente un tercio de las muertes por accidentes cardiovasculares que los Norteamericanos. Los científicos a favor de la hipótesis de los lípidos se apresuraron a explicar la paradoja francesa asociando el consumo de vino tinto con los beneficios para la salud cardiovascular, dado que los franceses también toman más vino tinto que los norteamericanos. Ahora ya sabe, querido lector, de dónde viene el mito de que tomar vino tinto es bueno para la salud, si bien es cierto que en muy pequeñas dosis, que no son las dosis comparativas francesas/norteamericanas, si que es saludable.

También tenemos la paradoja suiza. El segundo país del mundo civilizado que más grasas saturadas toma y el segundo país con menos muerte por afecciones cardiovasculares. Además, por si fuera poco y para que todo quede en casa, existe la paradoja española. En los últimos 30 años ha crecido aquí mismo el consumo de grasas saturadas y se ha reducido la incidencia de accidentes cardiovasculares.

En cuanto al colesterol, la OMS ha realizado un macro estudio recientemente en multitud de poblaciones alrededor del mundo, tratando de confirmar una correlación entre el nivel de colesterol y los ataques al corazón, pero no han podido probarlo. De hecho, han encontrado que países como Luxemburgo tienen un colesterol medio muy alto y una bajísima tasa de ataques al corazón, mientras que países como Rusia o Venezuela, manteniendo niveles medios y bajos de colesterol, sufren cantidades desorbitadas de ataques al corazón, por hablar sólo del mundo occidental. En el mundo oriental, y en las zonas tropicales en que el Aceite de Coco (saturado en un +/-85%) predomina en las dietas, las tasas de mortalidad por ataques al corazón son, simplemente, inexistentes. En realidad, lo que si se ha demostrado es que el 72,1% de las personas que sufren un ataque al corazón tienen el colesterol por debajo de 130. En Estados Unidos estos datos son alarmantes porque el 67% de la población tiene el LDL por debajo de 130 y, sin embargo, sufre un 72% de los infartos totales, lo que claramente muestra que aquellos que tienen el colesterol bajo sufren más infartos que los que lo tienen alto. Sin embargo, a la vista de estos datos, cuando lo lógico hubiese sido recomendar elevar los niveles de colesterol, el periódico USA Today publicaba que lo lógico era bajar aún más los niveles de colesterol porque, “evidentemente”, 130 era una cifra aún demasiado alta. Junte a un periodista con un político y esto es lo que obtendrá: negación absoluta de la evidencia.

Pero no concluiré sin dar una pincelada sencilla sobre la verdadera causa de las enfermedades cardiovasculares que también he podido estudiar. Según parece, cuando las arterias se dañan y se inflaman, el colesterol de baja densidad (LDL) acude a reparar los daños. El LDL, según sabemos ahora, existe en dos variedades, una más grande y una más pequeña por hacerlo sencillo. Las moléculas más grandes son beneficiosas y tienen una serie de efectos positivos para la salud. El problema viene con las más pequeñas, que acuden a taponar las heridas en el interior de los vasos sanguíneos y, dado su tamaño, se acaban colando en la pared del vaso. Allí quedan atrapadas y se oxidan, dando lugar a la llegada de glóbulos blancos que acaban formando la placa junto con el calcio. Este es el motivo por el que las enfermedades cardiovasculares no tienen nada que ver con la cantidad de colesterol que hay en el cuerpo sino con el tipo de colesterol que hay, y no me refiero a la relación HDL/LDL, sino al tipo de LDL que tenemos. No creo que pase mucho tiempo hasta que veamos análisis con el LDL diferenciado según el tipo.

Pero, ¿qué es lo que causa los daños iniciales en los vasos que hace que sea necesario el LDL para efectuar reparaciones? Lo causantes son tres principalmente:

  1. Fumar
  2. Glucosa alta en sangre
  3. Estrés emocional

El motivo 1 y el 3 son claramente sociales, así que, avanzando un paso más, ¿qué es lo que eleva la glucosa en la sangre? Principalmente, el azúcar y los carbohidratos refinados, justo la base de la pirámide alimenticia.

¿Y qué alimentos producen las partículas pequeñas y densas de colesterol LDL de las que hablábamos hace un momento? Si, lo ha adivinado: el azúcar y los carbohidratos refinados.

En efecto, los científicos que testificaron hace 40 años en el comité McGovern que los culpables de la epidemia de enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2 eran el azúcar y los carbohidratos refinados, estaban en lo cierto. Han tenido que pasar 40 años para que algunos empecemos a hacerles caso y además empezamos a ver estudios clínicos que avalan estas viejas ideas que fueron desechadas. Los políticos, expertos ellos, taparon la verdad en detrimento de nuestra salud.

En el American Journal of Clinical Nutrition, un informe publicado recientemente afirma, por ejemplo, que entre las mujeres post-menopaúsicas, un consumo elevado de grasas saturadas está directamente asociado con una menor progresión de las enfermedades cardiovasculares mientras que la ingesta de carbohidratos está asociada con una mayor progresión de las mismas. En la misma publicación, se dice que “los esfuerzos dietéticos para reducir los riesgos de enfermedades cardiovasculares deben enfatizarse principalmente en la limitación de los carbohidratos refinados”.

En un estudio clínico publicado en “Annals of Internal Medicine” se concluye que el grupo que siguió una dieta alta en grasas y baja en carbohidratos mostró mayor reducción en la presión sanguínea, triglicéridos y colesterol pequeño y denso del tipo LDL, mientras que su colesterol HDL aumentó de media un 23%. Estudios en la universidad de Stanford apuntan en la misma dirección al comparar la dieta Atkins (rica en grasas) con la dieta Ornish (muy baja en grasa). Lo sorprendente de este estudio de Stanford es que el científico a cargo del mismo, John Emmerish, es vegetariano convencido desde hace años y, según dijo el mismo, le dolía inmensamente admitir estos resultados contrarios a sus propias creencias. Otro ejemplo de verdadera integridad científica que merece todos mis respetos contraria a las prácticas de Ancel Keys. En otras palabras, parece que la dieta que decían que nos estaba matando, en realidad es la que nos mantiene sanos.

Pirámide Nutricional
Pirámide Nutricional

Lo que el comité McGovern hizo en los Estados Unidos y replicó en buena parte del mundo al exportar la pirámide alimenticia fue reducir el consumo de proteínas, reducir considerablemente el consumo de grasas y aumentar disparatadamente el consumo de carbohidratos y esto, en definitiva, es lo que ha disparado los casos de obesidad y de diabetes en los países que siguen ese modelo nutricional, España entre ellos.

Y si la grasa no es el causante de esta epidemia de obesidad y diabetes, ¿Cuál es la causa? La respuesta médica oficial es que nos hemos vuelto una sociedad vaga, que come mucho y hace poco ejercicio. Vamos, que según parece, nuestro carácter ha cambiado en los últimos 40 años. De modo que según los médicos que promulgan este dogma engordamos porque somos vagos, comemos mucho y hacemos poco ejercicio. Pero esto es tan estúpido como decir que los alcohólicos son alcohólicos porque beben mucho. Lo correcto sería investigar la raíz del problema, por qué beben tanto o, en el caso de la obesidad, por qué comemos tanto.

En realidad, hay procesos bioquímicos, y no sociales, detrás de esta epidemia. Durante años nos han convencido de las teorías de las calorías y de que todo tiene que ver con las calorías que entran y las que salen del cuerpo. Nos han dicho que 3.500 calorías equivalen, someramente, a medio kilo de grasa, por lo que al producir un déficit de 3.500 calorías mediante ingestas limitadas de alimentos y ejercicio en exceso, perderíamos medio kilo. Esto es, simplemente, ridículo. Esta teoría no se sostiene en el papel y tampoco se ha sostenido en estudios clínicos. Por ejemplo, la Women’s Health Initiative, involucrando a miles de mujeres, redujo la ingesta diaria de calorías en 360 Kcal/día, principalmente provenientes de la grasa, durante 8 años, con una pérdida de peso media de 1 Kg en el período. ¡Ridículo para un esfuerzo de 8 años!

En el otro extremo de los estudios, James Levine creó en una cárcel norteamericana un grupo con prisioneros que estaban en forma y les sobrealimentó durante cerca de un año con miles y miles de calorías, y no se consiguió que ganasen el peso que la ecuación preveía. De hecho, uno de los prisioneros consumió 10.000 calorías al día durante 200 días y tan sólo pudo coger cuatro kilos en el período.

En estudios que limitan la ingesta de calorías en ratones, al restringirles un 5% las calorías durante 4 semanas, los ratones crearon más tejido adiposo y perdieron masa muscular. Obviamente, existe algo más complejo en la obesidad y el metabolismo del cuerpo que la suma y resta de calorías.

Sabemos desde 1930, por los estudios Alemanes y Austriacos, que la grasa corporal es una parte esencial del metabolismo y que su cantidad viene determinada por hormonas, la más importante de ellas la insulina. ¿Porqué? Porque la insulina controla la cantidad de azúcar en sangre y las altas concentraciones de azúcar en sangre son tóxicas para el organismo. Por otro lado, el cerebro necesita azúcar en sangre para funcionar y una cantidad muy baja de azúcar puede causar el coma e incluso la muerte. Por ello, el metabolismo está diseñado para mantener el nivel de azúcar en sangre dentro de un margen muy estrecho, y lo hace de manera eficiente con la insulina. Es importante entender que el organismo puede convertir el azúcar en energía, pero también puede convertir la grasa en energía e incluso en condiciones muy extremas, las proteínas en energía. De hecho, cuando nos levantamos por las mañanas después del ayuno prolongado de la noche de 8, 9 o incluso 10 horas, nuestro cuerpo está usando en muchos casos grasa como energía a través de un proceso llamado Cetosis.

Cuando comemos, aumenta el nivel de azúcar en sangre y el organismo segrega insulina. Se produce un cambio y pasamos de utilizar grasa a usar azúcar como combustible principal. En efecto, la insulina produce que las células utilicen el azúcar como combustible al tiempo que hace que el tejido adiposo capture la grasa del torrente sanguíneo para que esta no esté disponible para el resto de las células del cuerpo y asegurarse que las células usan azúcar como combustible. Pero si la cantidad de azúcar en sangre es demasiado alta para las necesidades energéticas del cuerpo, el azúcar pasa al hígado donde se convierte en grasa para almacenarse en el tejido adiposo como reserva de combustible. Esto es debido a que podemos almacenar grasa en el tejido adiposo pero no podemos almacenar azúcar.

Cuando el nivel de azúcar en sangre baja porque se ha utilizado como combustible, baja también el nivel de insulina y por tanto la grasa vuelve al torrente sanguíneo para ser usada como combustible hasta que vuelva a subir el nivel de azúcar en sangre, con otra comida. Por lo tanto, el tejido adiposo es el tanque de combustible donde se almacenan las reservas de energía del cuerpo. Como se puede apreciar, es un sistema magnífico y muy avanzado para asegurar un aporte energético constante a todas las células del cuerpo.

¿Cómo hemos llegado a romper un sistema tan avanzado y creado una epidemia de obesidad? Para entenderlo hay que empezar por entender que los carbohidratos no son más que moléculas de azúcar enlazadas entre ellas y que en cuanto entran en el cuerpo son literalmente separadas en moléculas de azúcar de una manera muy eficiente en algunos casos. El índice glucémico mide la velocidad a la que el cuerpo humano convierte alimentos en azúcar. Durante la mayor parte de nuestra evolución, el ser humano ha consumido alimentos con índices glucémicos entre 0 y 40, alimentos que tardábamos en convertir en azúcar. Veamos algunos ejemplos de lo que comemos hoy, mucho de lo cual forma parte de la maldita pirámide alimenticia:

  1. Azúcar de mesa: I.G. 64
  2. Coca Cola: I.G. 63 (viene a ser como beber azúcar)
  3. Cereales: I.G. 61
  4. Copos de trigo: I.G. 67
  5. Pan: I.G. 70
  6. Patata Asada: I.G. 80

Salvo que sea usted diabético, su nivel de azúcar en sangre en cualquier momento del día es equivalente a una cucharadita y media en total. Si sigue usted la pirámide alimenticia y toma 400 gramos de carbohidratos, estos se metabolizan en el equivalente a unas 2 tazas de azúcar. ¿Tiene sentido? Claro que no. Al ingerir esta cantidad de azúcar el cuerpo tiene que generar una cantidad inmensa de insulina porque, recordemos, los niveles elevados de azúcar en sangre son tóxicos.

Cuanta más azúcar ponemos en el flujo sanguíneo, más forzamos la secreción de insulina, comida tras comida, y, eventualmente, las células del cuerpo y los órganos empiezan a acostumbrarse a la presencia continua de grandes cantidades de insulina y acaban desarrollando una resistencia a la misma. Al mismo tiempo que la insulina está forzando a las células a tomar azúcar como alimento, está forzando la grasa dentro del tejido adiposo, por lo que a más insulina, más azúcar que se metaboliza en grasa y más grasa que se almacena en el tejido adiposo. Y, cuanta más insulina haya en la sangre, más difícil es que la grasa vuelva a abandonar el tejido adiposo para volver al torrente sanguíneo y ser usada como combustible, por lo que incluso cuando no comemos, la grasa se mantiene donde está debido a la constante presencia de insulina en sangre.

Como colofón a este pastel metabólico, cuando la cantidad de azúcar en sangre disminuye y la cantidad de insulina no permite que la grasa abandone el tejido adiposo, las células del cuerpo tienen un déficit energético, lo que nuestro cerebro interpreta como “necesito comer” y, voilá, otra vez tenemos hambre aunque tengamos reservas suficientes de grasa almacenada. Por lo tanto, volvemos a comer, volvemos a disparar el azúcar en sangre, a segregar más insulina y, en definitiva, a almacenar más grasa. De modo que no sepa usted que no engorda porque comas más, sino que come más porque engorda, que no es lo mismo. Desde un punto de vista meramente bioquímico, los obesos no comen mucho, comen lo que necesitan como energía porque la grasa de su tejido adiposo no se libera de vuelta al torrente sanguíneo. Y como el cuerpo es sabio, incluso cuando algo no funciona, al comprobar que la grasa no fluye al riego desde las células adiposas, estas se hacen más grandes para favorecer que la grasa salga de ellas cuando se produce la resistencia a la insulina en el metabolismo. Por lo tanto, acaban almacenando aún más grasa en las mismas células.

Ratón Engordado con Insulina
Ratón Engordado con Insulina

La siguiente pregunta que cabría hacerse es ¿Cómo de potente es este síndrome de resistencia a la insulina? Pues este síndrome metabólico, antesala de la diabetes tipo 2, es tan potente que en ensayos en laboratorio se han obtenido resultados asombrosos. Por ejemplo, al inyectar insulina a ratones de laboratorio de manera continua se ha conseguido que engorden hasta proporciones comparables a la obesidad mórbida humana. Se ha seguido inyectándoles insulina al tiempo que se ha ido reduciendo la comida que se ponía a su disposición y, pese a tener grasa acumulada en cantidad, los ratones han acabado muertos, literalmente, de hambre sin quemar nada de grasa.

Por eso, cuando los obesos, que habitualmente ya tienen una resistencia severa a la insulina, se embarcan en dietas bajas en grasas y ricas en hidratos de carbono, no logran perder peso y, al contrario, incluso lo ganan, a lo que sus dietistas replican que la culpa es suya por ser vagos y hacer poco ejercicio. Si fuera por estos dietistas, los obesos morirían del mismo modo que los ratones, de inanición.

La diabetes tipo 2 que se produce como continuación al desarrollo de la resistencia a la insulina, solía ser llamada la diabetes de la edad, porque se daba en personas mayores que habían agotado sus células pancreáticas de tanto producir insulina. Sin embargo, hemos pasado a denominarla diabetes tipo 2 porque ahora afecta también a jóvenes e incluso adolescentes. Esto, como cualquiera puede deducir, no es fruto de que sean vagos, no hagan ejercicio o coman demasiado. Tiene que ver con la pirámide alimenticia y la descomunal ingesta de carbohidratos, en particular de azúcar y harinas refinadas.

Veamos algunos datos clarificadores. En los Estados Unidos, en la última década, los casos de diabetes tipo 2 se han duplicado y aproximadamente el 25% de la población mayor de 60 años la sufre. Se cree que más del 40% de la población Norteamericana sufre o sufrirá diabetes. Esto le ocurre a una población que consume aproximadamente el 55% de sus calorías de los carbohidratos, el 33% de la grasa y el 12% proveniente de las proteínas. ¿Alguien sigue teniendo alguna duda de la causa de esta epidemia? Lo que es paradójico es el mensaje que lanzamos a la población. Por ejemplo, la Asociación Americana de la Diabetes tiene publicados estos «consejos» nutricionales:

  • El sistema digestivo convierte los carbohidratos en azúcar de manera rápida y sencilla.
  • Los carbohidratos son la comida que más influencia el nivel de glucosa en sangre.
  • Cuantos más carbohidratos comas, mayor será tu nivel de glucosa en sangre.
  • Cuanto mayor sea tu nivel de glucosa, más insulina necesitarás para que el azúcar llegue a las células.
  • La pirámide nutricional es la manera más sencilla para recordar las comidas más sanas.
  • En la base de la pirámide, están el pan, los cereales, el arroz y la pasta. Todos estos alimentos están compuestos por carbohidratos mayoritariamente.
  • Necesitas de 6 a 8 raciones de esos alimentos cada día.

¿Quién es responsable de formular semejante disparate? Francamente, no puedo entenderlo. Pero, lo que de ningún modo me entra en la cabeza es que los médicos, personas de ciencia todos ellos, sigan recomendando la pirámide alimenticia y culpando a las grasas de la epidemia de obesidad y diabetes que padecemos incluso después de demostrarse que el estudio de Ancel Keys es un caso de grotesca manipulación de los datos y el comité McGovern emitió unas conclusiones basadas principalmente en este estudio.  No alcanzo a comprender como, sabiendo todo lo que saben, no son capaces de ver con claridad donde está el problema y, al contrario, prefieren seguir predicando los dogmas a sabiendas de que no están basados en ciencia alguna… salvo que la burda manipulación matemática de los datos sea considerada ciencia.

SI LE HA GUSTADO ESTE ARTÍCULO SEGURAMENTE LE GUSTARÁ MI LIBRO ADELGAZAR SIN MILAGROS EN EL QUE EXPLICO COMO ES POSIBLE PERDER PESO DE MANERA SANA, RÁPIDA Y PERMANENTE MODIFICANDO LAS PAUTAS NUTRICIONALES QUE HASTA AHORA HEMOS CREIDO QUE ERAN CORRECTAS.

Portada del Libro Adelgazar sin Milagros
Portada del Libro Adelgazar sin Milagros

43 Comments

  1. muchisimas grácias por compartir esta información,el final de tu disertación ha sido muy practico y didactico;es lo que se defiende desde hace mucho en la paleoesfera….

  2. Pues creo que estaría bien saber que farmacéuticas tiene las patentes de todos los medicamentos que prescriben para curar todo eso… Quizás ahí se despejaría alguna duda.
    Gran artículo.

  3. Me gustaría mucho tener acceso al estudio completo de Ancel Keys de donde se han sacado esos gráficos. O por lo menos, si esa información la has obtenido a través de otra fuente, conocer esa fuente.

  4. Luciano,
    El estudio de Ancel Keys está disponible en varios formatos en Internet y de diversas fuentes. Las que yo he consultado (de las que he sacado los gráficos) están en inglés. Si te interesa, avísame y te mando un link.

  5. Si, por supuesto, me refería a links. He estado buscando pero me parece que el original no está disponible online. Se llama «Seven Countries: A multivariate analysis of death and coronary heart disease.»

  6. Perfectamente explicado, ahora por favor… DIFUSIÓN.
    Quizás dentro de 30 o 40 años empiecen a cambiar los hábitos alimenticios hacía algo más parecido a esto.

  7. Brutal, me ha encantado de verdad. Trabajo en un gimnasio y me gustaria que me dieras permiso para colgar tu articulo con tu nombre por supuesto para que lo pudiera ver todo el mundo.

    Muchas gracias por la aportación.

  8. en referencia al video que enlaza al link del ultimo comentario,donde participa en el debate el endocrino Cidon Madrigal,resaltaria que en una sociedad donde la imagen es imprescidible para vender cualquier producto este señor si que presenta en si mismo una osadia y un atrevimiento defender la piramide nutricional con semejante sobrepeso,no me inmagino comprar un libro para adelgazar y retomar la salud con la imagen de este señor

  9. El artículo es muy riguroso, pero hay algo que no me cuadra. Se da a entender que la pirámide nutricional, basada en carbohidratos, es un invento de la sociedad occidental del siglo XX. Pero esto no es cierto: la enorme mayoría de grupos humanos del planeta a lo largo de la Historia ha basado su dieta en cereales o granos, con escasos aportes de proteínas y grasas de vez en cuando. El máiz en la América precolombina, la cebada y el trigo en Europa y Medio Oriente, el arroz en Asia, el mijo en África…
    Las únicas excepciones son los pueblos insulares o de zonas desérticas donde la agricultura es inviable, que subsisten gracias a la pesca o la caza y la recolección.

  10. Luciano, si bien es cierto que la agricultura está presente en muchas civilizaciones a lo largo de la historia, no es menos cierto que lo está desde hace relativamente poco tiempo (unos pocos miles de años).

    La cantidad de hidratos de carbono, en su inmensa mayoría refinados, que tomamos como sociedad no tiene parangón en ninguna sociedad precedente de ninguna parte del planeta. Esto no es fruto de la casualidad. Dos de los alimentos más baratos de producir, el azúcar y la patata, se encuentran presentes en casi todo lo que se puede comprar en un supermercado, incluyendo cosas sorprendentes como pechugas de pavo, hamburguesas de ternera, ensalada de pimientos, etc. El problema no es comerse un trozo de pan de vez en cuando, sino pasarse el día comiendo productos derivados de los granos y cereales.

    En culturas asiáticas mencionas el arroz, pero no mencionas otros alimentos ricos en grasas saturadas como el aceite de coco, que es la base de muchas civilizaciones orientales. En África mencionas el mijo, pero olvidas la carne predominante en muchas de sus sociedades. En áfrica en concreto, en muchas zonas, la escasez de agua hace inviable la agricultura. En América, la dieta de los distintos grupos que han poblado el continente siempre ha tenido un importante aporte de carne y pescado, incluso algunas civilizaciones se han alimentado casi exclusivamente de pescado. Sin embago, lo más importante no es si en los últimos miles de años se ha adoptado la agricultura como base para la alimentación del ser humano, sino los efectos que este modelo tiene en la salud. Además, sin defender a los granos y cereales, hay que diferenciar entre los hidratos de carbono refinados y el resto porque su efecto en el organismo es distinto. Según creo (lo estoy investigando ahora), al eliminar la cáscara del grano en el proceso de fabricación de harinas y demás hacemos que el organismo asimile más hidratos de carbono y los convierta en azúcar que cuando se realizaban las harinas, panes y demás con todo el grano dado que la cáscara tiene propiedades que evitan que el cuerpo asimile todo el núcleo.

    Por último, para mi lo más importante es el resultado real de un modelo u otro. Uno (yo mismo) mira la pirámide nutricional y se aventura a colocar por delante a sus hijos un bowl de cereales para desayunar porque es «teóricamente» más sano que un par de huevos con jamón o atún. Mis propios hijos añadían leche semidesnatada y azúcar a sus cereales. Pero al ver la composición de los distintos cereales comercializados para niños, es fácil comprobar que algunos están compuestos, en más del 50%, de azúcar. De modos que el desayuno de mis hijos consistía en un tazón de azúcar, con leche semidesnatada y más azúcar. Yo no se tú Luciano, pero yo me siento mejor dando a mis hijos un par de huevos y un trozo de carne o pescado. Además, desde que cambié mis hábitos «sanos» y los de mi familia, los resultados han sido notables, incluso algunos sorprendentes, en todos nosotros. Mándame un correo electrónico y te mando una foto de hace un año y medio, cuando seguía la pirámide nutricional tradicional, y otra de ahora mismo, con la pirámide invertida. De analíticas ni te cuento, porque son de guasa y te costará creértelas…

  11. Luciano, no encuentro el original. Bueno, si lo encuentro, pero cuesta $499. Lo que si encuentro y seguro que has encontrado tú también son cantidad de resúmenes, comparativas y análisis del original, algunas incluso en PubMed.

  12. Me refería a un detalle que no me cuadraba, lo que no quiere decir que TODO el artículo es falso. Puedo aceptar lo de que las harinas y el azúcar refinada sean perjudiciales, y es evidente que son una introducción muy reciente (un siglo como mucho) en la dieta occidental.
    Pero sigo sosteniendo que la dieta basada en su gran mayoría en carbohidratos es por lejos la más común en la Historia. Las excepciones que mencionas (aceite de coco, carne en África, pescado y carne en América) constituyen una parte mínima de la dieta de cualquiera de esos grupos, excepto en tribus de cazadores-recolectores. Y no me consta la existencia de civilizaciones que se hayan alimentado casi exclusivamente de pescado (polinesios y esquimales no califican como civilizaciones).
    Repito que no cuestiono el resto de afirmaciones del artículo, y no hace falta que nos metamos en terreno personal para intercambiar opiniones (que si prefiero darle a mis hijos esto o aquello) 😉

  13. Perdona, vuelvo a leer el primer párrafo de tu contestación y me parece importante centrarme en eso, porque es el meollo de la cuestión.

    «Luciano, si bien es cierto que la agricultura está presente en muchas civilizaciones a lo largo de la historia, no es menos cierto que lo está desde hace relativamente poco tiempo (unos pocos miles de años).»

    La agricultura no está presente en muchas civilizaciones a lo largo de la Historia: está presente en TODAS las civilizaciones. Mesopotámicas, del valle del Indo, egipcia, azteca e inca, china… Las primeras civilizaciones en todo el mundo aparecieron allí donde un grupo humano se asentó en un valle fértil junto a un río o un lago y adoptó la agricultura basada en algún tipo de cereal. La domesticación de animales vino después.
    Y «relativamente poco»… ¿comparado con qué, si el origen de la Historia (invención de la escritura) coincide justamente con el inicio de la agricultura?
    De ningún modo se debe subestimar la importancia que tuvo esto para la especie humana. Antes, los hombres se dedicaban casi exclusivamente a buscar alimento para subsistir, apenas quedaba tiempo para otra cosa. Sólo con la aparición de la agricultura hubo suficiente alimento como para poder darse el lujo de dividir el trabajo y dedicar recursos a la ingeniería, las leyes, la política, la estrategia militar, la medicina… en fin, todo lo que diferencia una tribu de una civilización.

  14. «La cantidad de hidratos de carbono, en su inmensa mayoría refinados, que tomamos como sociedad no tiene parangón en ninguna sociedad precedente de ninguna parte del planeta.»

    Esto no es cierto en absoluto. Quitando lo de «en su inmensa mayoría refinados», que sí, pero lo demás… ¡más bien es lo contrario! En las sociedades occidentales modernas comemos mucha más carne que en la mayoría de sociedades tradicionales de otras regiones, donde el porcentaje de carbohidratos en su dieta es mucho mayor.
    Me imagino que habrás visto estas famosas fotos, algunas de las cuales aparecieron en la revista de El País: http://foodmatters.tv/articles-1/what-the-world-eats-shocking-photos
    Pasa de largo por casi todas las primeras, que no se alejan mucho de la dieta occidental, y fíjate en las más tradicionales de Chad, Mali, Bután, Ecuador y Guatemala. Verás que la base en todas ellas son los granos y los tubérculos (patatas). También algunas frutas y verduras, pero aunque estas últimas ocupen mucho sitio en la foto hay que tener en cuenta que nutricionalmente aportan muy poco, siendo en su mayor parte fibra y agua.

  15. Demasiadas cosas de una vez. El origen del hombre, de las especies «Homo», de la que aún subsiste el Homo Sapiens, de donde venimos nosotros vamos, data de hace alrededor de un millón y medio de años. La agricultura tiene ¿cuanto? ¿cinco? ¿Siete mil años si me apuras? Además, ¿porqué suponemos que la agricultura es el consumo excesivo de cereales y granos? Además del trigo, digo yo, las antiguas civilizaciones cultivarían hortalizas y verduras más ricas en fibra y agua y menos en hidratos de carbono, ¿no? Si la agricultura fuese necesaria para nuestra subsistencia, el ser humano no habría subsistido hasta nuestros días. Si los granos y los cereales, en especial los refinados, son tan beneficiosos, ¿qué otro producto de la alimentación moderna ha desencadenado el problema que vivimos? A la vista de los resultados del cambio nutricional con la reducción de las grasas, te garantizo que las grasas no.

  16. (Vaya, no se pueden anidar más los comentarios)

    Voy a intentar aclarar los tantos.

    Lo que yo estoy diciendo:
    . La pirámide nutricional basada en carbohidratos NO ES un invento occidental del siglo XX. Por el contrario, representa a grandes rasgos la dieta de prácticamente todas las civilizaciones a lo largo de la Historia.
    . Es más, no podría haber habido civilización sin agricultura basada en cereales.

    Lo que yo NO estoy diciendo:
    . El ser humano tiene que alimentarse mayormente carbohidratos para sobrevivir.
    . Las harinas y los azúcares refinados son beneficiosos para la salud.

    Quiero que quede bien claro para que no sigas intentando rebatirme cosas que no estoy defendiendo, y nos centremos en las que sí.

    Sí, la agricultura también incluye legumbres, hortalizas, nueces… pero desde un punto de vista económico, si miramos la relación entre calorías aportadas y esfuerzo requerido para cultivarlos, los granos y los tubérculos ganan por goleada. Y por eso no encontrarás ninguna civilización que destine la mayor parte de sus tierras fértiles al cultivo de frutas o verduras, y sí a los cereales o las patatas, porque si lo hicieran, no podrían superar un límite de población sin pasar hambre.

    En cuanto a lo de Mali y Chad, con esas fotos quería demostrarte que la dieta básica en otras culturas también se compone mayormente de cereales. Que algunas de ellas tengan una expectativa de vida muy baja se debe a varios motivos, principalmente la alta mortalidad debida a enfermedades infecciosas (causada a su vez por falta de acceso a medicamentos, agua contaminada, etc.) No entiendo qué quieres probarme tú a mí dándome esas cifras ¿Que comen casi exclusivamente cereales porque la USDA les lavó el cerebro y que si comieran más carne y grasas vivirían más? ¿No será que lo hacen porque no tienen otra cosa?

    En resumen: los carbohidratos no son indispensables para la supervivencia pero sí para la civilización, ya que no es sostenible (palabrita de moda) alimentar a una gran población de otra manera. Las sociedades que basaron su alimentación en la caza, la pesca o la recolección nunca pasaron del estadio tribal.
    Me he resistido hasta ahora a recomendarte un libro porque me da la sensación de que hacer eso siempre suena un poco antipático, pero como mi argumentación se fundamenta claramente en él, un poco por sinceridad intelectual me siento obligado a mencionarlo: se trata de «Armas, gérmenes y acero», de Jared Diamond, y es apasionante.

  17. Estoy con abehsera, 5.000 años de cultivo de cereales, comparados con los 5,5 millones de años de evolución del ser humano, son MUY POCOS AÑOS.

  18. Se puede alimentar a la población con otro tipo de carbohidratos, no tienen porque ser cereales. En Sudamérica está más extendida la Yuca que la Patata, donde la primera es mucho mejor HC que la segunda. En Asia (donde hablo en base a mi experiencia personal) comen muchísimos vegetales, ya sean hervidos, al vapor o en caldos, y comen muchísima carne de todo tipo (además de soja a patadas y semillas). En Filipinas y China mismo no son mundialmente conocidos por su producción de carne, pero la comen y a patadas. Cuando había más pobreza su base alimenticia era (y es) el arroz. Eso si, el arroz que comen no está refinado (o casi), de ahí que tiene todo ese almidón.

  19. Bien, lo leeré. Pero no estoy de acuerdo, al menos antes de leer el libro, en que una sociedad que no se base en los cereales no pueda ser una civilización. Veremos que ocurre cuando lo lea. Digamos, para no seguir polemizando, que casi me has convencido de que la piramide nutricional no es un invento del siglo XX. Sin embargo, sigo manteniendo que si la USDA y el gobierno norteamericano hubiesen recomendado otro plan nutricional más adecuado a nuestras necesidades actuales otro gallo nos cantaría. La aportación masiva de los cereales y el grano, los carbohidratos que se convierten en azúcar para ser usada como combustible, tendrían mucha más razón de ser la base de una dieta de una sociedad en la que primaba el esfuerzo físico y por tanto las necesidades energéticas fuesen mayores, pero hoy en día, por más que me guste, un plato de pasta antes de sentarse unas cuantas horas en el ordenador no tiene mucho sentido. Además, sospecho que los dos estamos obviando una realidad, que es que la pirámide nutricional y las dietas milenarias tienen en común una amplia base de cereales y granos, pero no creo que compartiesen la poca aportación de grasa que lamentablemente se recomienda desde hace ya varias décadas. De hecho, los cereales vienen a contener en torno al 15% de proteinas, pero su aportación de grasa es mínima. En fin, creo que con esto cerramos un poco la polémica y acercamos posturas a la espera de la lectura del libro que te agradezco que me recomiendes.

  20. Vamos a ver señor Luciano,la evolución de nuestro codigo genetico no se remonta a tan sólo 8.000 años esto tan sólo sería más bien al origen de las primeras civilizaciones (tal como usted afirma)abandonando nuestra condicion de nomadas para asentarnos en territorios cercanos al agua para primero domesticar a la tierra y luego a los animales,con todo el progreso que ello conllevó PERO nuestro genoma no fue configurado en esta epoca NI en estas condiciones alimentarias a base de cereales FUE CONFIGURADO 250.000 y 40.000 años atras y sabes por qué? porque en este periodo APENAS hubo cambios en el territorio donde se encontraban y ¿SABES que eramos?,eramos cazadores recolectores y la única fuente de hidratos estaba en las frutas,plantas,tuberculos y en los propios alimentos animales NUNCA ANTES hasta la aparicion de la agricultura los cereales formaban parte de nuestra dieta.

    En estos 8000 años de introduccion de los cereales nuestro genoma NO SE HA MODIFICADO,tan sólo en algunos grupos europeos del norte como Dinamarca han sufrido una pequeñq mutación en el gen q controla la produccion de lactasa para ser tolerante a la lactosa de la leche.

    Actualmente tenemos una discordancia genetica brutal,si vivimos más PERO en que condiciones ?

    Es por ello que el autor de este blog ha experimentado este cambio espectacular,no sólo en lo fisico sino en lo animico,como dice en su libro Rob Wolf estate un mes sin tomar carbos de cerales o procesados y experimentalo por ti mismo.

    Yo llevo tambien 2 años con restriccion de carbos ,te paso enlink de mi blog donde puedes ver las fotos del antes y del despues y ya de paso mira(si quieres) el experimento que hicieron los de Discovery.

    http://yomismoamimanera.blogspot.com.es/2012/07/blog-post_17.html

  21. Y luego me toman por ignorante por seguir una vida Paleo…. Muchas gracias ! En la alimentación y deportes estå la clave.

  22. señor administrador seria usted tan amable de decirme en que puntos está en desacuerdo con la paleodieta,estaria encantado en debatir tales puntos,si tiene tiempo y le interesa,probablemente pueda llevarse una grata sorpresa…………

  23. Carles,
    Ya te dejé hace unos días en tu blog mi opinión sobre lo que era mejorable de la Paleodieta y una reflexión que creo que no compartimos. Principalmente, la base de la controversia es la regeneración celular que como sabes ocurre continuamente en el organismo. Para que la regeneración celular sea óptima, deben existir una serie de elementos en sangre de manera continua, especialmente aminoacidos esenciales. Con los ayunos de más de 3 horas, los niveles de estos y otros componentes necesarios para la correcta regeneración celular caen por debajo de los niveles óptimos, lo que produce que la regeneración celular no se dé en condiciones óptimas y, en consecuencia, se acelere el envejecimiento. Yo pienso que realizar muchas ingestas diarias de pocas cantidades es la mejor forma de mantener esos niveles de manera óptima en sangre. En cuanto a las cantidades, como sabes el cuerpo sólo puede asimilar una cantidad concreta de nutrientes por ingesta, por lo que el resto son desechados o almacenados, dependiendo de su tipo. Por lo tanto, aunque me encanta comerme un chuletón de 400grs, soy consciente de que mi cuerpo utiliza 100 gramos y desecha de un modo u otro los otros 300, en ocasiones haciendo trabajar en exceso a órganos como los riñones. Aunque es mucho más aburrido, es mejor partir el chuletón en 4 raciones de 100 gramos y comérselo durante el día a razón de una ración cada 3 horitas, con lo que conseguimos que todo se asimile y la regeneración celular sea óptima. De ahí el peligro de las dietas hiperproteicas en casos de extremas ingestas continuadas (pueden provocar insuficiencia renal). Si tienes dudas al respecto, te recomiendo que observes tu orina antes y después de calzarte un buen chuletón y te preguntes que ha cambiado en tu organismo después de la ingesta para que los productos de desecho crezcan de esa manera. Lo dicho, en la base estamos de acuerdo, en las formas no tanto… Para mí, el gurú en nutrición es Jaime Brugos, creador de la Isodieta, que a sus 74 años anda compitiendo en competiciones de culturismo luciendo como un «chaval» dentro de la lógica de la edad. Echa un vistazo a sus fotos recientes y entenderás lo que me importa acerca de la correcta regeneración celular. (www.isodieta.com)

  24. Yo estuve jugando con la cetosis, haciendo una dieta muy baja en hidratos durante años y creyendo que había encontrado la piedra filosofal. Un buen día me detectaron en la tiroides un tumor del tamaño de un huevo, me rajaron el cuello de lado a lado y me quitaron media glándula. Ahora tengo que tomar suplementos de levotiroxina de por vida, lo cual es un precio muy bajo a pagar porque el bulto resultó ser benigno. Desde entonces se me han quitado todas las tonterías y como de todo con cabeza, pero desde luego ya no sigo la dieta de hombres primitivos que entre otras cosas morían a los 40 años… Aunque conozco el tipo de fanatismo «rebelde» que impulsa a los visionarios seguidores de las dietas, supongo que les tendrá que ocurrir a ellos para mentalizarse.

  25. Gracias Mike por tu comentario. La pregunta obligada es ¿cómo se relacionó en tu caso el tumor en el tiroides con la cetosis? No creo que exista a nivel clínico tal correlación. Ten en cuenta que actualmente se utilizan dietas cetogénicas en el tratamiento de bastantes enfermedades crónicas. Sin ir mas lejos, están siendo utilizadas con resultados esperanzadores en tratamientos de cáncer, de epilepsia infantil y de Alzheimer entre otros.

  26. Tienes razón, de hecho la endocrina, a pesar de mi insistencia, me decía que no hay una causa clara para explicar las afecciones del tiroides. Pero es incuestionable que éstas han aumentado drásticamente en los últimos años, te sorprenderías de cuánta gente, si le preguntas, conoce a alguien que ha tenido algo del tiroides, cuando no lo padecen ellos mismos. E igualmente han aumentado las dietas milagro, lo cual da que pensar. En mi caso concreto, si quiero buscar una causa más allá del azar o mi posible predisposición genética (aunque en mi familia no hay precedentes), tenemos dos factores: la mencionada dieta, que yo descubrí a través de Atkins (se ha reinventado muchas veces) y, lo confieso, mi abuso de bebidas energéricas tipo Red Bull, ya que tranquilamente podía consumir de una a tres latas diarias, amén de dos litros de Coca-Cola Light. Pero como ya te digo son suposiciones, puede que no tenga nada que ver. Sin embargo, a mi eso de la famosa «súper energía», eso de comer muchas calorías y no sólo no engordar, sino incluso adelgazar… no sé, pero suena bastante a estimulación de la tiroides y aceleración del metabolismo. Si la glándula no puede generar suficiente tiroxina, o está en perpetuo estado de excitación, los niveles de TSH se disparan, lo cual puede inducir a la aparición de nódulos. Como curiosidad, te diré que durante una buena tamporada combiné la dieta baja en hidratos con ejercicio regular de pesas (no aeróbico), cosa que había leído en una revista. Puede que eso me diera el golpe de gracia, o fuera lo que estimulara mi tiroides. Yo sólo cuento mi experiencia.

  27. Interesante… La dieta Atkins original y en menor medida la actual, no son desde mi punto de vista nutricionalmente equilibradas. Efectivamente, consumir calorías sin cesar y no engordar rechina un poco, pero no es lo que más me preocupa en general. La ingesta desproporcionada de proteínas en una dieta pobre en grasas si me da peor espina. Lo de las bebidas energéticas me gusta menos todavía. Yo ni siquiera tomo café. 😉 Ahora si, cuando vengo de practicar motociclismo -literalmente machacado- paro siempre en una gasolinera para comprarme un Monster y no quedarme dormido conduciendo con el remolque. Ese es mi aporte de energía «extra» una vez cada mes y medio más o menos. En mi caso, la dieta que yo sigo y con la que perdí 35 Kg en 4 meses hace un par de años está basada en la Isodieta, de Jaime Brugos (www.isodieta.com). Básicamente, consiste en ingerir pequeñas porciones de proteína y grasa muchas veces al día para garantizar un flujo continuo de nutrientes esenciales (aminoácidos y ácidos grasos) en sangre de manera continuada, estimulando la regeneración celular y evitando crear picos de insulina. En esta web detallo un poco mejor como lo hice, como me mantengo, y publico los resultados de mis analíticas antes y después: http://www.adelgazarsinmilagros.com

  28. Muy buen informe . Develador
    Siempre se persiguen fines económicos, en todo.

    Pregunta. Según esto ,¿cómo sería una buena media tarde (merienda)?
    Teniendo en cuenta que pan y galletas son muy corrientes en este.

  29. Nunca he comido eso en la tarde , pero siempre es bienvenido ¡!
    ¿Panificados tratar de evitarlos a menos que luego se haga ejercicios ?

    Muchas gracias por responder

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